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Hechos 12: encarcelado y libertado

Se ha dicho a veces que a lo mejor no fue un milagro sobrenatural. Tal vez se tratara de una emocionante operación de rescate. Ya vimos la posibilidad de que no fuera un ángel, sino otro mensajero del Señor, en el capítulo 5, versículos 17 y siguientes; en ese caso, aún más milagrosa sería esta liberación, para impedir la cual se habían tomado tales precauciones; no cabe duda de que la mano del Señor intervino definitivamente en ella.

Cuando Pedro se encontró en la calle, se fue derecho a la casa de María, la madre de Juan Marcos, que aquí se nos presenta como el cuartel general de la Iglesia Cristiana. Es muy probable que fuera en esta casa donde se celebró la última Cena, y que luego fue el lugar de reunión de los cristianos de Jerusalén. Fijémonos en lo que se estaba haciendo allí: se estaba orando.

Cuando tenían problemas, se los presentaban a Dios.

En este pasaje se menciona al que era el verdadero líder de la Iglesia Cristiana en Jerusalén: Pedro les dice que le lleven la noticia a Santiago -la versión Reina-Valera le llama Jacobo-. Era el hermano del Señor -no el de Juan, del que se nos dice en este mismo capítulo que fue el primer mártir de los apóstoles (versículo 2)-. Hay un cierto misterio en cuanto a este Santiago.

En Oriente habría sido lo más natural el que el siguiente hermano hubiera asumido el puesto de su hermano muerto; pero en los evangelios se nos dice que los hermanos de Jesús no creían en Él (Juan 7:5), y hasta que, por lo menos en cierta ocasión, pensaban que estaba loco (Marcos 3:21). Durante el ministerio público de Jesús, Santiago no estaba de su parte. Pero se nos dice que el Cristo Resucitado se apareció especialmente a Santiago (1 Corintios 15:7). El evangelio apócrifo de los Hebreos cuenta que, después de la muerte de Jesús, Santiago hizo el voto de que no comería ni bebería hasta que hubiera visto a Jesús; y Jesús se le apareció. Es bien probable que lo que no hizo la vida de Jesús lo hizo su muerte; y que, cuando Santiago vio morir a su hermano, descubrió por fin Quién era, y dedicó su vida a servirle. El cambio de Santiago puede muy bien ser otro gran ejemplo del poder de la Cruz para cambiar la vida de los hombres.

Un terrible final

Herodes estaba furioso con los habitantes de Tiro y de Sidón. Pero ellos acudieron a él de consuno y, una vez que se ganaron el apoyo de Blasto, que era el chambelán del rey, solicitaron la paz, porque su país dependía del rey para su provisión de alimentos. En el día señalado, apareció Herodes con su atuendo real, y se sentó en la tribuna y les echó un discurso. La gente le aclamaba a gritos diciendo: – ¡Habla como un dios, no como un hombre! Pero allí mismo y en aquel momento le hirió un ángel del Señor por apropiarse la gloria que sólo a Dios es debida, y murió comido de gusanos. A todo esto, el Evangelio crecía en extensión y en influencia. Y en cuanto a Bernabé y Saulo, una vez cumplida su comisión, volvieron de Jerusalén, trayéndose consigo a Juan, también llamado Marcos.

Había por entonces ciertas desavenencias entre Herodes y los habitantes de Tiro y de Sidón, cosa que revestía inconvenientes para estos últimos. Su país estaba al Norte de Palestina, y Herodes les podía poner las cosas difíciles en dos sentidos. Si desviaba de sus puertos todo el comercio de Palestina, perderían buena parte de sus ingresos. Y, peor aún: Tiro y Sidón dependían de Palestina para su provisión de alimentos y, si se les cortaba la provisión, se verían en una situación bien grave. Así es que, en primer lugar, consiguieron ganarse a Blastos, el chambelán del rey, y luego se hicieron los preparativos para una audiencia pública.

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