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Isaías 13: Profecía contra Babilonia

El hecho de que la profecía sea una reformulación de una antigua profecía de Isaías hijo de Amoz explicaría el por qué de su ubicación en esta parte del libro.

En 13:2, la expresión agitad la mano para que entren por las puertas de los nobles parece ser un irónico juego de ideas basado en el nombre de la ciudad de Babilonia, el cual en acadio se compone de Bab, “puerta” e ilu, “dios” (“dios” también puede referirse a nobles o personas muy poderosas).

En 13:3 se alude a los medopersas con las palabras mis consagrados, que constituyen un término técnico de la guerra santa: Ellos son los que van a ejecutar la ira de Dios contra Babilonia. En 13:5 los llama los instrumentos de su ira. Y en 14:1-3 se refiere a un fenómeno histórico religioso, en cierto sentido nuevo, que tiene que ver con una considerable cantidad de babilonios que se convirtieron al judaísmo mientras los judíos permanecieron cautivos en Babilonia. Ellos optaron por compartir el destino de Israel, aunque el profeta todavía no logra esconder su rencor contra ellos. A este fenómeno también se refiere la segunda parte de Isaías, aunque en términos más positivos y cariñosos.

El juicio contra Babilonia se vislumbra como un día sombrío, como el mismo día de Jehová. Ante la cercanía de ese día se contempla un éxodo masivo de Babilonia, hasta el punto de que la gente que quede en ella sea tan poca como el oro, considerado caro por su rareza.

Se vislumbra la total destrucción de Babilonia por mano de los medos. En 13:19 y 20 se dice: Y Babilonia, el más hermoso de los reinos, la gloria y el orgullo de los caldeos, será como cuando Dios trastornó a Sodoma y a Gomorra. Nunca más será habitada, ni será poblada de generación en generación. Aunque las cosas no sucedieron así inmediatamente después de la caída de Babilonia, porque a la verdad la ciudad no fue destruida como esperaba el profeta, esta profecía expresa el fuerte sentimiento de amargura contra Babilonia que se cobijaba en el fondo del corazón de los judíos del cautiverio. Con el paso de los siglos Babilonia sí tuvo el final profetizado, tras ser destruida por Seleuco Nicator, rey de Siria, en el año 312 a. de J.C. Habían transcurrido en el intervalo el apogeo y la decadencia del imperio persa y del imperio macedónico.

En 14:3-8 se vislumbran los días de sosiego y de regocijo que experimentarían todos los países de la tierra tras la caída del imperio babilónico. Sobre todo en el v. 8 se personifica a los cipreses y a los cedros del Líbano, diciendo: “Desde que tú pereciste, no ha subido contra nosotros el talador.“ La región del Líbano fue indiscriminadamente arruinada por los babilonios para aprovechar la madera de sus bosques; de ello hay muchas evidencias en las fuentes acádicas.

En 14:9-20 se describe el descenso del rey de Babilonia al Seol, sin gloria ni funerales. El recibe la bienvenida satírica de todos los reyes que él mismo había hecho descender al Seol. Ellos se levantan de sus tronos, estremecidos por el gran acontecimiento de la caída del rey de Babilonia. Las sombras de dichos reyes se dirigen hacia él, y le dicen con asombro: “¿También tú te has debilitado contra nosotros y has llegado a ser como nosotros?.

En 14:12-17 hay una referencia al encumbramiento del rey de Babilonia al mismo cielo, la morada de los dioses, para luego caer hasta el mismo Seol. En 14:12 se le llama “lucero, hijo de la mañana“. La palabra “lucero, así como la palabra “estrella”, se refiere a un rey en toda su gloria. La expresión viene del trasfondo de la mitología babilónica, heredada luego por los griegos, que atribuía a Venus, la estrella de la mañana (o de la aurora) el ser hija del dios Sol y de la diosa Aurora (Shájar, griego, Eos). En los documentos bíblicos estas referencias literarias al rey de Babilonia no aparecen aun en los términos del midrash intertestamentario que describen la rebelión del príncipe de los ángeles y su expulsión del cielo. En Ezequiel 28:1-10 se dicen palabras semejantes para el rey de Tiro.

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