Con la canción de la “viña hermosa” (kérem jémed), termina la sección del juicio divino que se compone de tres partes:
(1) El juicio de cada una de las naciones
(2) El juicio de las naciones de manera global, que constituye otro enfoque del mismo tema
(3) las alabanzas por la victoria de Dios tras la ejecución de su juicio universal
Jehová vigila a su pueblo
El versículo 6 constituye un comentario de la canción de la viña que aparece en 27:1-5, pero también es el paso a la sección que estudiaremos a continuación. Jacob, es decir, Israel, es la viña hermosa de Jehová, y vendrá el día en que echará raíces en su propia tierra, y desde allí se extenderán sus ramas a todo el mundo: Israel echará botones y dará flores. Y llenarán la superficie del mundo con su fruto.
Algunos comentaristas han interpretado estas palabras como una referencia a un increíble crecimiento demográfico del pueblo de Israel. Pero es más seguro que el profeta tiene en mente la contribución espiritual y cultural de Israel en el mundo. Esta contribución será categórica y cabal, sólo cuando Israel esté afincado en su propio territorio.
¿En qué sentido el versículo 6 puede ser la introducción a una nueva sección? En que indica que al restaurar Jehová a su pueblo, a su viña, y hacer que eche raíces en su tierra y llene la superficie del mundo con su fruto, no ha procedido con su pueblo como ha procedido con las demás naciones e imperios. Estos han ido a su turno desapareciendo de la escena política mundial, mientras que Israel permanece en el foco de la historia. Este pensamiento sustenta el profeta mediante las preguntas retóricas del versículo 7: ¿Acaso le ha herido a la manera del que lo hirió? Es decir, ¿acaso Dios ha procedido con su pueblo de la manera que lo hicieron los asirios? La respuesta es “no”; porque Dios ha herido a su pueblo con el propósito de hacerle bien al final. Y si hay motivo de duda, otra pregunta retórica la plantea de una manera más explícita: ¿Acaso ha sido muerto a la manera de los que lo mataron? La respuesta es un “no” contundente, porque Israel aún existe, mientras que los pueblos que lo mataron (o creyeron haberlo eliminado) ya han sido eliminados.
Dios ha castigado a su pueblo mediante el recurso de la “expulsión”, es decir, desterrándolo de su territorio. Dios lo ha dispersado en medio de las naciones mediante el vendaval de la política mundial. Pero el vendaval pasará y la expulsión llegará a su fin, e Israel será perdonado y recogido de entre las naciones. El versículo 8 dice: … tú contendiste contra ella, porque el profeta tiene en mente a Israel como nación, y en hebreo los nombres de las naciones concuerdan con género femenino.
El celo de Jehová exige que sea eliminado de la tierra de Israel todo vestigio de culto a otro dios. Esta es la condición para que sea perdonada la iniquidad de Jacob. Israel deberá convertir en polvo las piedras de los altares paganos y dejar de levantar árboles rituales de Asera y altares de incienso.
