Los versículos 10 y 11 parecen ser una profecía de la ruina de Nínive, la capital del imperio asirio. Esta ciudad fortificada, a la cual no podían acercarse los guerreros más valientes, será, por así decirlo, invadida por mujeres que recogerán entre sus ruinas ramas secas de entre la maleza que habrá brotado entre ellas. Esto habrá sucedido porque este es un pueblo sin entendimiento. Por tanto, su Hacedor no tendrá de él misericordia; el que lo formó no se compadecerá. Parecería que todo el libro de Jonás está basado en estas palabras de Isaías: Nínive, aquella gran ciudad, donde hay 120.000 personas que no distinguen su mano derecha de su mano izquierda. Pero otros comentaristas opinan que la referencia es a la ciudad de Samaria, que ya había sido destruida.
Los versículos 12 y 13 describen la restauración y el retorno del pueblo de Dios después que los imperios mundiales (Asiria y Egipto) hayan sido golpeados por la mano de Jehová y sea tocado el shofar, la gran corneta que anuncia la liberación. Entonces los desterrados y perdidos volverán a su tierra y adorarán a Jehová en Jerusalén.
Verdades prácticas Crisis de valores; es el signo de nuestros tiempos. Desde las personas que tienen posiciones de gobierno, hasta el ciudadano más modesto de un país, sufren los efectos de este mal. En los altos puestos de dirección se necesitan personas que sean modelos de honestidad y transparencia en los actos que se realizan. El soborno, el fraude, el engaño, la falsedad, son actos reprochables. Hay un refrán que dice: «De tal palo, tal astilla» y otro que dice: «No se puede pedir peras al olmo». Para la crisis de valores de nuestro tiempo, Jesucristo es el modelo del hombre nuevo. Para una sociedad en decadencia, Jesucristo es la respuesta.
