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Isaías 33: Oración en tiempos de angustia

Isaías 33:18  Tu corazón meditará en el terror, y dirá: ¿Dónde está el que cuenta? ¿Dónde está el que pesa? ¿Dónde está el que cuenta las torres?

Isaías 33:19  No verás más al pueblo feroz, pueblo de habla incomprensible, que nadie entiende, de lengua tartamuda, que nadie comprende.

Isaías 33:20  Contempla a Sion, ciudad de nuestras fiestas señaladas; tus ojos verán a Jerusalén, morada de quietud, tienda que no será plegada, cuyas estacas no serán arrancadas nunca, ni rotas ninguna de sus cuerdas.

Isaías 33:21  Porque allí, el Majestuoso, el Señor, será para nosotros lugar de ríos y de anchos canales, por donde no andará embarcación de remos, ni nave potente por él pasará.

Galera de remos : Ningún navío de guerra se abrirá paso contra Judá.

Isaías 33:22  Porque el Señor es nuestro juez, el Señor es nuestro legislador, el Señor es nuestro rey; El nos salvará.

Isaías 33:23  Se han aflojado tus cuerdas; no pueden sostener firme el mástil ni entesar la vela. Entonces será repartida la presa de un abundante botín; los cojos se llevarán los despojos.

Isaías 33:24  Ningún habitante dirá: Estoy enfermo; al pueblo que allí habita, le será perdonada su iniquidad.

Oración en tiempos de angustia

En la secuencia escalonada del desarrollo de los acontecimientos, desde los inútiles esfuerzos del profeta por impedir que Judá se aliara con Egipto hasta los momentos angustiosos del sitio de Jerusalén por los asirios, esta oración marca la etapa final. Pero el profeta no se sume en la derrota y el fracaso, sino que apunta también hacia la alborada de la victoria de  Dios.

En el versículo  2 se presenta el momento histórico que vive el profeta. Este es un momento de angustia, y los creyentes juntos con el profeta claman a Jehová: … ten misericordia de nosotros, porque en ti hemos confiado.

En los versículos 7-9 se describe la realidad de este tiempo de angustia: Los héroes de la nación (arielim, plural de ariel;) y los embajadores de paz, que fueron enviados inútilmente llevando el tributo para el rey de Asiria, claman y lloran de frustración. El rey aceptó el tributo, pero no desistió de marchar prepotentemente contra Jerusalén para tomarla y destruirla. La penetración de los ejércitos de Asiria en Judá dejó la tierra convertida en una desolación.

Los versículos 10-13 constituyen la respuesta de  Dios a la oración del profeta.  Dios se dispone a intervenir. Todos los esfuerzos políticos de Judá, tanto sus planes como la ejecución de los mismos han probado ser basura. La palabra pueblos en el versículo 12 es una palabra muy usada por Isaías para referirse a los asirios.

Ahora volvamos a los versículos 3 y 4. Ellos muestran cómo el profeta en su oración se apresura a ver el final de los asirios. Ellos (lit. los pueblos y las naciones) huyen ante el estruendo de la intervención divina, y el botín de los asirios es amontonado. Luego, los versículos 5 y 6 expresan la alabanza vehemente del profeta porque ahora sí ha comenzado un nuevo orden de cosas. El derecho y la justicia han llenado a Sion, y ha sido instaurada una nueva era de prosperidad nacional.

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