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Isaías 47: Pero un mal vendrá sobre ti

Isaías 47:10 Te sentiste segura en tu maldad y dijiste: «Nadie me ve.» Tu sabiduría y tu conocimiento te han engañado, y dijiste en tu corazón: «Yo, y nadie más.»

Isaías 47:11 Pero un mal vendrá sobre ti que no sabrás conjurar; caerá sobre ti un desastre que no podrás remediar; vendrá de repente sobre ti una destrucción que no conoces.

Isaías 47:12 Permanece ahora en tus encantamientos y en tus muchas hechicerías en las cuales te has ocupado desde tu juventud; tal vez podrás sacar provecho, tal vez causarás temor.

El pueblo babilonio buscó el consejo y la ayuda de astrólogos y astrónomos. Pero al igual que los ídolos de madera y oro, ni siquiera se pudieron salvar ellos mismos de lo que vendría de la mano de Dios. ¿Por qué depender de quienes no tienen poder? Los incapaces no pueden ayudarnos. Si usted desea ayuda, búsquela en Dios, quien ha probado su poder en la creación y en la historia.

Isaías 47:13 Estás fatigada por los muchos consejos; que se levanten ahora los que contemplan los cielos, los que profetizan por medio de las estrellas, los que pronostican cada luna nueva, y te salven de lo que vendrá sobre ti.

Los que cuentan los meses : Gente que hacía pronósticos dividiendo los cielos en segmentos para estudiar el movimiento de los astros y así predecir los acontecimientos terrestres. De ahí se derivan los actuales mapas del zodíaco

Isaías 47:14 He aquí, ellos se han vuelto como rastrojo, el fuego los quema; no librarán sus vidas del poder de la llama. No habrá brasas para calentarse, ni lumbre ante la cual sentarse.

Isaías 47:15 Así han venido a ser para ti aquellos con quienes has trabajado, que han negociado contigo desde tu juventud; cada cual vaga por su camino, no hay nadie que te salve.

La caída inevitable de Babilonia

El capítulo 46 empezó con un corto lamento por los dioses de Babilonia, que van en cautiverio. El presente capítulo empieza con un lamento por la caída de la ciudad misma, Babilonia, después que sus dioses y sus habitantes han sido llevados en cautiverio.

Como ocurre a menudo en la poesía semítica, una ciudad es personificada en una mujer; y en este caso, la capital imperial es personificada por una reina, o como se la llama en el versículo 5: soberana de reinos.

La caída de Babilonia es resultado del juicio divino, por su extrema crueldad para con los hijos de Israel, los cautivos de Judá (v. 6), y por su arrogancia que la llevó a creer que fuera invencible y eterna. La tragedia que se avecina a Babilonia no podrá ser evitada ni por su estrategia política o militar, ni por los febriles esfuerzos de sus sabios, magos y astrólogos, ni mediante el pago de rescate.

En cuanto a la formulación literaria del lamento, la invencible y encumbrada Babilonia es simbolizada por una joven reina, virgen y gloriosa, que llega a ser despojada de su trono de gloria y humillada hasta el polvo. De haber sido una reina tierna y delicada, ha sido convertida en una cenicienta, en la sierva más baja: a la cual suelen poner para que muela el grano en el mortero. Ella es despojada de su larga y lujosa vestidura, y viste el vestido corto de una sierva. Por último, tiene que descubrir sus piernas y vadear los ríos al ser conducida a pie, cautiva, por el conquistador que no hace acepción de personas. Todo esto le vendrá a Babilonia como sentencia y venganza de parte de Jehová, y no podrá haber quien interceda por ella.

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