Isaías 50:10 ¿Quién hay entre vosotros que tema al Señor, que oiga la voz de su siervo, que ande en tinieblas y no tenga luz? Confíe en el nombre del Señor y apóyese en su Dios.
Confíe en el nombre de Jehová : Una exhortación para confiar en el Siervo de Jehová; la otra opción es ignorarle, en cuyo caso uno mismo terminará siendo sepultado en dolor
Isaías 50:11 He aquí, todos vosotros que encendéis fuego, que os rodeáis de teas, andad a la lumbre de vuestro fuego y entre las teas que habéis encendido. Esto os vendrá de mi mano: en tormento yaceréis.
Si andamos con nuestra luz y rechazamos la de Dios, nos volvemos autosuficientes y el resultado es tormento. Cuando depositamos nuestra confianza en la inteligencia, apariencia o los logros en lugar de Dios, nos arriesgamos a sufrir en gran manera cuando estos puntos fuertes desaparezcan.
Exhortación a ser fiel a Jehová
En esta sección el profeta trae palabras de exhortación, basadas en su propio ejemplo de fidelidad a Jehová, pero también tiene fuertes palabras contra los enemigos de la enseñanza profética.
Esta sección, más que ninguna otra de la segunda parte de Isaías, revela los conflictos que él tenía en su ministerio profético. Antes traslucía la oposición y el escarnio de quienes no concebían que Ciro pudiera ser instrumento de liberación para Israel. Después, él enfrentaba también la desilusión y la situación deprimente del pueblo ante la tragedia de la ruina del templo, de Jerusalén y de las ciudades de Judá. Pero evidentemente también él confrontaba, como su antecesor Isaías hijo de Amoz, el abierto rechazo de la palabra de Dios y de la misma majestad de Dios. Este parece ser el trasfondo humano del versículo 1. Estos ateos antiguos habrían difundido en el pueblo palabras temerarias como éstas: “Ya nada tenemos que ver con Jehová. El no nos amó y nos ha repudiado; por lo tanto, somos libres para escoger otro señor, y nunca más volver al causante de nuestra ruina.” Otras palabras, dichas con una actitud semejante habrían sido: “Jehová no pudo retenernos como sus hijos. Nos vendió como esclavos a sus acreedores, siendo nosotros sus propios hijos. Por tanto, ahora pertenecemos a otro señor y nada tiene que reclamar el profeta ni Jehová.”
Ante tales palabras la respuesta de Jehová es: “He aquí que por vuestras maldades fuisteis vendidos, y por vuestras rebeliones vuestra madre fue repudiada.“ No era por la falta de poder o capacidad de parte del Dios de Israel, sino por razones de ética y de justicia.
Pero ahora ha pasado la ira y el castigo, y Jehová ha vuelto a su pueblo con un mensaje de consolación, y Jehová ha demostrado su poder para salvar y hacer volver a sí a los hijos de Israel. ¿Por qué ha sido tan fría la respuesta de parte de los que persisten en quedarse en Babilonia como de los que han vuelto a Sion pero no han vuelto a Jehová en sus corazones?. Y quizá los que han vuelto son tan egoístas, arrogantes y explotadores como los babilonios que los llevaron cautivos. Las cosas no iban bien en las primeras fases del retorno a Sion, como lo revelan los profetas Hageo y Malaquías. Jehová no podía tolerar a los que habían vuelto para hollar su propia tierra, y amenaza: “Yo vestiré de oscuridad los cielos, y les pondré cilicio como cobertura“. Toda la bóveda del cielo proyectará duelo sobre los moradores de Sion.
Habría, pues, en Sion amargura y abierta hostilidad contra Jehová y su profeta. Estaban los que temerariamente se referían a él como un Dios más corto que otros dioses. Por eso dice Jehová: “¿Acaso es demasiado corto mi brazo que no pueda rescatar? ¿Acaso no hay en mí fuerzas para librar?“.
Por otro lado están aquellos que sí eran fieles a Jehová y que como el profeta estaban sujetos a muchos abusos y vejámenes. Ellos podían decir como el profeta: El Señor Jehová me abrió el oído, y no fui rebelde ni me volví atrás. Es a ellos a quienes exhorta el profeta, y ante ellos se expone como un ejemplo de fidelidad.
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