Isaías 59:20 Y vendrá un Redentor a Sion y a los que en Jacob se aparten de la transgresión–declara el Señor.
Redentor : Los términos que se utilizan aluden a una redención obtenida gracias a un sacrificio vicario.
Isaías 59:21 En cuanto a mí–dice el Señor–, este es mi pacto con ellos: Mi Espíritu que está sobre ti, y mis palabras que he puesto en tu boca, no se apartarán de tu boca, ni de la boca de tu descendencia, ni de la boca de la descendencia de tu descendencia–dice el Señor–desde ahora y para siempre.
El Espíritu mío : Una promesa de que el poder del Espíritu descansará sobre los verdaderos profetas y voceros de Dios en Israel. Joe_2:28-29 predice que se derramará el Espíritu en los últimos tiempos sobre toda carne, lo cual Pedro dice que se cumple en la Iglesia (Joe_2:16-21).
Cuando el Espíritu Santo habita en su pueblo, este cambia. Sus deseos anteriores ya no los seducen, ahora su meta principal es agradar a Dios. Los cristianos de hoy somos herederos de esta profecía. Somos capaces de responder a la voluntad de Dios y distinguir entre el bien y el mal. Se nos ha dado el discernimiento entre el bien y el mal debido a que el Espíritu Santo mora dentro de nosotros.
Lo que separa al pueblo de su Dios
En esta sección se continúa el mensaje de la sección anterior destinada a hacerle entender al pueblo de Judá por qué su religión, por espiritual que pareciera le resultaba inefectiva: ¿Por qué… no hiciste
caso? ¿Por qué… no te diste por aludido? Así como a partir Deuteronomiuo 58:3b el Señor responde a estas preguntas, también a partir Deuteronomio 59:1 el profeta expone la respuesta de Dios: Vuestras iniquidades son las que hacen separación entre vosotros y vuestro Dios.
Después de las declaraciones de los versículos 1 y 2, que retoman la respuesta del profeta a las preguntas planteadas por el pueblo de Judá en 58:3, el profeta expone los pecados del pueblo. Luego, en los versículos 9-11, se amplía la exposición de las consecuencias de las iniquidades del pueblo que, en resumen, han alejado la realización de la plena redención y han sumido al pueblo en la tiranía de la oscuridad espiritual. Y en los versículos 12-15 el profeta confiesa los pecados de su pueblo, llegando a la antesala de la intercesión por su pueblo, pero se calla al alcanzar este punto. Entonces Jehová, viendo que no había quién pudiese interceder, interviene directamente para redimir a Sion tras un acto de juicio. Este es el tema de la próxima sección.
El profeta se dirige primero al pueblo con el pronombre vosotros. Luego se refiere a ellos en tercera persona singular o plural. Finalmente, identificado con su pueblo habla de nosotros (vv. 9-13). En medio de estas palabras su pensamiento se dirige a Dios en confesión, pero no alcanza la intercesión.
