¿Cómo pudo Dios permitir, en silencio, lo que ocurrió con Jerusalén y el templo? El versículo 19 expresa el asombro ante la pasividad de Dios, oculto en su santa morada, como si su silencio negara que alguna vez fue real algún pacto de amor entre Jehová y una familia del planeta: Israel.
Por eso, el profeta expresa en 64:1 su profundo anhelo de que por fin Dios desgarrara los cielos que impiden que sea visto por los seres humanos, y se hiciera visible descendiendo. Entonces su teofanía o manifestación visual sería tan imponente y conmocionaría el cosmos haciendo cosas que jamás se han visto ni escuchado, a favor de los que esperan en él.
El versículo 5, según una opinión muy aceptada en la crítica textual, también expresaría el deseo vehemente por que Dios saliera por fin al encuentro de aquellos de su pueblo que aún le toman en cuenta. El profeta expresa tal anhelo, aunque consciente de la indignidad del pueblo en general como para tener tal manifestación de Dios. Sin embargo, en los versículos 9 y 10 de nuevo apela al carácter paternal de Dios en su relación con su pueblo Israel.
Finalmente, en los versículos 10-12 el profeta apela a la dignidad de Dios y a la manifestación de su gloria a los demás pueblos. Termina con dos preguntas retóricas que resumen su intercesión: Con todo lo ocurrido, ¿vas a contenerte, oh Jehová? ¿Vas a callar y a afligirnos sin medida?. [/private]
