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Jeremías 20: Profecía contra Pasur

Jeremías 20:1  Profecía contra Pasur  El sacerdote Pasur hijo de Imer,[a] que presidía como principal en la casa de Jehová, oyó a Jeremías profetizar estas palabras.

La reacción de Pasur frente a la acción simbólica de Jeremías fue inmediata, pero su oposición al propósito de Dios le ganó un nuevo nombre, representativo de lo que el futuro le deparaba. Pasur hijo de Imer : Debe ser distinguido de otros individuos de igual nombre. Presidía como príncipe : Encargado de mantener el orden en el templo, su tarea era ocuparse de los revoltosos

Este suceso ocurrió durante el reinado de Joacim de Judá. Jeremías predicó en el valle del hijo de Hinom, centro de idolatría en la ciudad. También predicó en el templo, que debió haber sido el centro de la verdadera adoración. Ambos lugares atraían mucha gente, ambos eran de falsa adoración.

Jeremías 20:2  Entonces Pasur hizo azotar al profeta Jeremías y lo puso en el cepo que estaba en la puerta superior de Benjamín,[b] la cual conducía a la casa de Jehová.

La primera vez que el título profeta se usa en Jeremías, aunque aparece de nuevo en 25.2 y frecuentemente después de 28.5. Este es también el primer acto de violencia física contra Jeremías que se menciona.

Jeremías 20:3  Al día siguiente, Pasur sacó a Jeremías del cepo. Le dijo entonces Jeremías: «Jehová no ha llamado tu nombre Pasur, sino Magor-misabib.[c]

Magor – misabib : «temor de todas partes» es el nuevo nombre de Pasur, y esta es la suerte que correrá Judá, cuyos hijos serán llevados cautivos a Babilonia o caerán por la espada.

Pasur príncipe a cargo de mantener el orden en el templo. También era sacerdote y pretendió ser profeta. Después de escuchar las palabras de Jeremías, Pasur lo mandó a castigar y lo puso en el cepo (con llave) en vez de aceptar su mensaje en su corazón y actuar de acuerdo a él. A veces la verdad incomoda, pero nuestra reacción hacia ella muestra el material del que estamos hechos. Podemos negar los cambios y destruir la evidencia de nuestras acciones erróneas o podemos llevar la verdad al corazón con humildad y permitir que nos cambie. A lo mejor Pasur pensaba que era un líder fuerte, sin embargo, era realmente un cobarde.

Jeremías 20:4  Y así ha dicho Jehová: “He aquí, yo haré que seas un terror para ti mismo y para todos los que bien te quieren. Caerán por la espada de sus enemigos, y tus ojos lo verán. A todo Judá entregaré en manos del rey de Babilonia, que los llevará cautivos a Babilonia y los matará a espada.

Esta profecía de destrucción se cumplió en tres invasiones babilónicas. La primera ocurrió en un año (605 a.C). Tal vez a Pasur lo llevaron cautivo a Babilonia durante la segunda invasión en 597 a.C., cuando llevaron cautivo al rey Joaquín. La tercera invasión ocurrió en 586 a.C.

Jeremías 20:5  Entregaré asimismo toda la riqueza de esta ciudad, todo su trabajo y todas sus cosas preciosas. Entregaré todos los tesoros de los reyes de Judá en manos de sus enemigos, que los saquearán, los tomarán y los llevarán a Babilonia.

Se cumple con la captura de Jerusalén por Nabucodonosor en el 597 a.C y en el 586 a.C..

Jeremías 20:6  Y tú, Pasur, y todos los que habitan en tu casa iréis cautivos. Entrarás en Babilonia y allí morirás. Allí serás enterrado, tú y todos los que bien te quieren, a los cuales has profetizado con mentira”».

Se cumple probablemente con la primera cautividad en 597 a.C.

Jeremías 20:7  Lamento de Jeremías[d] ¡Me sedujiste,[e] Jehová, y me dejé seducir![f] ¡Más fuerte fuiste que yo, y me venciste! ¡Cada día he sido escarnecido, cada cual se burla de mí!

En este sexto y último lamento, Jeremías expresa profunda angustia en medio de la persecución y casi llega a blasfemar debido al lenguaje que usa para dirigirse a Dios. El oficio de profeta no le ha ganado a Jeremías nada sino abusos y burlas, y a pesar de su deseo de dejar de proclamar el mensaje de Dios, no puede detenerse. El lamento termina con una nota positiva de confianza y alabanza. Pero de las alturas de la alabanza, Jeremías cae a las profundidades de la desesperación (vv. 14-18). Atrapado entre el llamado divino del cual no puede desprenderse, y el rechazo y la persecución de su pueblo, y la traición de sus amigos, maldice el día en que nació. La agonía de su espíritu no tiene límites y las palabras que utiliza son sublimes.

Me sedujiste : Me indujiste o engañaste, una frase muy fuerte que linda casi con la blasfemia (véase v. 10). Fui seducido : Jeremías siente que Dios utilizó indebidamente la fuerza.

Jeremías 20:8  Cuantas veces hablo, doy voces, grito: «¡Violencia y destrucción!»,[g] porque la palabra de Jehová me ha sido para afrenta y escarnio cada día.

Jeremías 20:9  Por eso dije: «¡No me acordaré más de él ni hablaré más en su nombre!». No obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos. Traté de resistirlo, pero no pude.[h]

Jeremías 20:10  He oído lo que muchos murmuran: «¡Terror por todas partes![i] ¡Denunciadlo, denunciémoslo!». Todos mis amigos esperaban que claudicara. Decían: «¡Quizá se engañe, y prevaleceremos contra él y tomaremos de él nuestra venganza!».

Temor de todas partes

Jeremías 20:11  Mas Jehová está conmigo como un poderoso gigante; por tanto, los que me persiguen tropezarán y no prevalecerán; serán avergonzados en gran manera, porque no prosperarán; tendrán perpetua confusión, que jamás será olvidada.

Jeremías 20:12  Jehová de los ejércitos, que pruebas a los justos, que ves los pensamientos y el corazón,[j] ¡vea yo tu venganza de ellos, porque a ti he encomendado mi causa![k]

Jeremías 20:13  ¡Cantad a Jehová, alabad a Jehová, porque ha librado la vida del pobre de mano de los malignos!

Desde los tiempos de Amós, pobre y «justo» eran sinónimos.

Jeremías 20:14  ¡Maldito el día en que nací![l] ¡Que no sea bendecido el día en que mi madre me dio a luz!

Jeremías 20:15  ¡Maldito el hombre que dio la noticia a mi padre, diciendo: «Un hijo varón te ha nacido», causándole gran alegría!

Jeremías 20:16  Sea tal hombre como las ciudades que asoló Jehová sin volverse atrás de ello;[m] que oiga gritos por la mañana y voces a mediodía,

Las ciudades que asoló Jehová : Sodoma y Gomorra.

Jeremías 20:17  porque no me mató en el vientre. Mi madre entonces hubiera sido mi sepulcro, pues su vientre habría quedado embarazado para siempre.

Jeremías 20:18  ¿Para qué salí del vientre? ¿Para ver trabajo y dolor, y que mis días se gastaran en afrenta?

Jeremías clamó al Señor en su desesperación, pero no dejó de alabar abriendo su corazón a Dios. Proclamó con fidelidad su Palabra y no recibió nada a cambio más que persecución y dolor. Aun cuando se abstuvo de proclamar la Palabra de Dios por un tiempo, esta se volvió como fuego en sus huesos hasta que ya no pudo contenerla más. Cuando la Palabra viviente de Dios se vuelve fuego en sus huesos, también se sentirá impulsado a anunciarla a otros, cualquiera sea el resultado.

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