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Jeremías 27: La señal de los yugos

Una Publicación escrita por uno de esos ángeles que se encuentran por doquier que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar. Conviértete en uno de ellos y compártela. Será de Bendición para ti y para el que la reciba.

Es voluntad del Dios de Israel que se sometan todas las naciones al invasor babilónico durante un breve lapso de tiempo, es decir, durante la vida de Nabucodonosor, de su hijo y del hijo de su hijo. Efectivamente, sabemos que el poderío del imperio caldeo duró, poco más o menos, la vida de un hombre, siendo suplantado en el 538 por el imperio persa, con Ciro el Grande al frente. La palabra hijo aquí tiene el sentido amplio de sucesor. La duración otorgada por el profeta al imperio babilónico coincide, más o menos, con el número redondo de setenta años.

El rehusar someterse a este destino inevitable no hará sino aumentar las proporciones de la catástrofe, ya que la rebelión no hará sino traer la destrucción, las matanzas, las deportaciones: la espada, el hambre y la peste, los tres terribles flagelos enviados por Yahvé para castigar la obstinación de los que no le quieren reconocer como Dios.
Esta es la única perspectiva segura: la invasión y el triunfo de Nabucodonosor será inevitable; por tanto, es inútil guiarse por promesas vanas humanas lanzadas por profetas desaprensivos, que no transmiten mensajes auténticos de Yahvé, sino lo que les dicta su imaginación y sus intereses materiales. Son soñadores y agoreros, que no merecen crédito alguno.

El profeta, después de haber hablado a los embajadores extranjeros, habla directamente al rey Sedecías, comunicándole el mismo mensaje. Es inútil querer sustraerse al yugo de Babilonia, pues es cosa decidida de Yahvé. Le habla en plural porque en él ve representada toda la nación en peligro. De la decisión real depende la suerte de todo el pueblo. Las vanas promesas de los falsos profetas no tienen el respaldo de la palabra divina, ya que sólo quieren halagar las aspiraciones del ambiente popular y de la misma corte: No los he enviado yo; de ahí que sean meros impostores aunque profeticen en nombre de Yahvé. La característica de los verdaderos profetas es promover el retorno de los corazones a Yahvé y su Ley. Toda otra predicación que aparte del Dios nacional es espúrea.

El profeta sale al paso de una ilusión, efecto de la falsa predicación de los falsos profetas. Se creía que se acercaba el tiempo del retorno de los cautivos llevados en el 598, y con ellos los vasos de la casa de Yahvé, llevados como botín por las tropas babilónicas. Pero Jeremías conoce por revelación divina la suerte que espera al resto de los utensilios del templo salvados en la primera expoliación. También éstos serán llevados a Babilonia. Era anunciar la total depredación del templo, la ruina total de la Ciudad Santa. Las columnas eran las famosas de bronce fundidas por Salomón, que estaban ante el vestíbulo del templo. El mar de bronce era el gran recipiente que contenía el agua para los sacrificios y las lustraciones; los basamentos eran los diez carritos de bronce que servían para llevar el agua a los diversos servicios del templo. Después de la toma de Jerusalén del 586, los babilonios deshicieron estos utensilios, llevándose el material precioso de ellos. Es el cumplimiento de la promesa de Jeremías. La frase allí estarán hasta que los visite es considerada generalmente como glosa posterior. En Esdras 1:7-11 se habla del retorno de estos utensilios, como aquí se anuncia.

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Pastor Lionel

Evangelista. Autor de Vida de Jesús un Evangelio Armonizado; Sancocho Cristiano Vols.: I-IV y Bendiciones Cristianas Vols.: I y II. Libre entre los hombres, esclavo y siervo de Nuestro Señor Jesucristo

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