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Jeremías 26: Al comienzo del reinado de Joacim

Jeremías 26:1  Al comienzo del reinado de Joacim, hijo de Josías, rey de Judá, vino esta palabra del Señor, diciendo:

Este sermón del templo y sus consecuencias deben relacionarse con los acontecimientos que se mencionan en los caps. 7-10.  En el principio del reinado de Joacim : Quizás el 609 a.C.

Los hechos descritos en este capítulo ocurrieron en 609-608 a.C., antes que los narrados en el capítulo 25. Joacim era un rey materialista y egocéntrico que persiguió y asesinó a gente inocente. El capítulo 26 describe cómo y por qué iban a juzgar a Jeremías y corría peligro su vida.

Jeremías 26:2  Así dice el Señor: «Ponte en el atrio de la casa del Señor, y habla a todas las ciudades de Judá que vienen a adorar en la casa del Señor todas las palabras que te he mandado decirles. No omitas ni una palabra.

Dios le recordó a Jeremías que quería que se diera su mensaje completo: «No retengas palabra». Jeremías puedo haberse visto tentado a dejar fuera las partes del mensaje que hubieran puesto a la audiencia en su contra, que sonaran demasiado duras o lo hubieran hecho parecer como un traidor. Pero por orden de Dios, no debía borrar ninguna parte del mensaje para acomodarse a él, a su audiencia ni a las circunstancias en las que se encontraba. Al igual que Jeremías, nunca debemos pasar por alto las partes importantes de la Palabra de Dios para complacer a alguien.

Jeremías 26:3  «Tal vez escuchen y cada uno se vuelva de su mal camino, y yo me arrepienta del mal que pienso hacerles a causa de la maldad de sus obras.»

Jeremías 26:4  Les dirás: «Así dice el Señor: ‹Si no me escucháis, para andar en mi ley que he puesto delante de vosotros,

Jeremías 26:5  escuchando las palabras de mis siervos los profetas que os he enviado repetidas veces, pero no los habéis escuchado,

Jeremías 26:6  entonces pondré esta casa como Silo, y esta ciudad la pondré por maldición para todas las naciones de la tierra.›»

Jeremías 26:7  Y los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo oyeron a Jeremías decir estas palabras en la casa del Señor.

El arresto de Jeremías es una consecuencia de su controversia con los falsos profetas y sacerdotes corruptos, porque profetizó que el templo sería destruido y la ciudad asolada. Los príncipes de Judá , quienes tenían la responsabilidad de las decisiones legales, se sentaron en la entrada de la puerta nueva para escuchar las acusaciones (v. 10). Tras oír la defensa de Jeremías, los príncipes decidieron a su favor.

Jeremías 26:8  Cuando Jeremías terminó de decir todo lo que el Señor le había mandado que hablara a todo el pueblo, lo apresaron los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo, diciendo: De cierto, morirás.

Jeremías 26:9  ¿Por qué has profetizado en nombre del Señor, diciendo: «Esta casa será como Silo y esta ciudad quedará desolada sin habitante alguno?» Y todo el pueblo se congregó contra Jeremías en la casa del Señor.

Silo era el lugar donde se levantó el tabernáculo después de la conquista de Canaán. Los filisteos lo destruyeron en 1050. «Yo pondré esta casa como Silo» significa que Jerusalén y su templo serían destruidos. Cuando Jeremías dijo que Jerusalén, la ciudad de Dios, sería puesta por maldición y el templo sería destruido (26.6), los sacerdotes y los falsos profetas se enfurecieron. El templo era importante para ellos porque la reverencia que el pueblo le rendía le confería poder. Al decir que el templo sería destruido, Jeremías socavó su autoridad. Jesús también se enfureció con los líderes religiosos de su tiempo, al anticipar la destrucción de Jerusalén y el templo

Jeremías 26:10  Y cuando los jefes de Judá oyeron estas cosas, subieron de la casa del rey a la casa del Señor, y se sentaron a la entrada de la puerta Nueva de la casa del Señor.

Jeremías 26:11  Y los sacerdotes y los profetas hablaron a los jefes y a todo el pueblo, diciendo: ¡Sentencia de muerte para este hombre!, porque ha profetizado contra esta ciudad, como habéis oído con vuestros propios oídos.

A Jeremías lo señalaron como traidor porque profetizó la destrucción de la ciudad y del templo. Pero el «valiente» pueblo abogaba por una alianza para pelear contra Babilonia y mantener su independencia.

Jeremías 26:12  Entonces Jeremías habló a todos los jefes y a todo el pueblo, diciendo: El Señor me ha enviado a profetizar contra esta casa y contra esta ciudad todas las palabras que habéis oído.

Jeremías 26:13  Ahora bien, enmendad vuestros caminos y vuestras obras, y oíd la voz del Señor vuestro Dios, y el Señor se arrepentirá del mal que ha pronunciado contra vosotros.

Jeremías 26:14  En cuanto a mí, he aquí estoy en vuestras manos; haced de mí como mejor y más recto sea a vuestros ojos.

Jeremías 26:15  Pero sabed bien que si me matáis, sangre inocente echaréis sobre vosotros y sobre esta ciudad y sobre sus habitantes; porque en verdad el Señor me ha enviado a vosotros para hablar en vuestros oídos todas estas palabras.

Jeremías 26:16  Dijeron los jefes y todo el pueblo a los sacerdotes y a los profetas: Que no haya sentencia de muerte para este hombre, porque en nombre del Señor nuestro Dios nos ha hablado.

Jeremías 26:17  Y se levantaron algunos de los ancianos del país y hablaron a toda la asamblea del pueblo, diciendo:

Jeremías 26:18  Miqueas de Moréset profetizó en días de Ezequías, rey de Judá, y habló a todo el pueblo de Judá, diciendo: «Así ha dicho el Señor de los ejércitos: ‹Sion será arada como un campo, Jerusalén se convertirá en un montón de ruinas, y el monte del santuario será como los lugares altos de un bosque.›»

Miqueas de Moreset : Este pasaje cita literalmente a Miqueas 3:12; la única ocasión en que un profeta cita a otro dando la fuente.

Jeremías 26:19  ¿Acaso le dieron muerte Ezequías, rey de Judá, y todo Judá? ¿No temió él al Señor y suplicó el favor del Señor, y el Señor se arrepintió del mal que había pronunciado contra ellos? Nosotros, pues, estamos cometiendo un gran mal contra nosotros mismos.

Como Ezequías se arrepintió y oró, el Señor liberó la ciudad de Jerusalén en el 701 a.C.

Los ancianos recordaron las palabras del profeta Miqueas, muy similares a las que dijo Jeremías. Cuando Miqueas hizo un llamado para que el pueblo se arrepintiera, no lo mataron sino que echaron a un lado su maldad. Si bien el pueblo no mató a Jeremías debido a esta historia, perdieron de vista el punto principal: la aplicación de la historia era para ellos. Le perdonaron la vida, pero no salvaron las suyas por no arrepentirse de sus pecados. Cuando recuerde una gran historia de la Biblia, pregúntese cómo puede aplicarla a su vida.

Jeremías 26:20  Y hubo también un hombre que profetizó en el nombre del Señor, Urías, hijo de Semaías de Quiriat-jearim, el cual profetizó contra esta ciudad y contra esta tierra palabras semejantes a todas las de Jeremías.

Jeremías 26:21  Cuando el rey Joacim y todos sus valientes y todos los jefes oyeron sus palabras, el rey procuró matarlo; pero Urías se enteró, tuvo miedo, huyó y se fue a Egipto.

Jeremías 26:22  Entonces el rey Joacim envió hombres a Egipto: a Elnatán, hijo de Acbor, y a otros hombres con él, a Egipto.

Elnatán: Un alto funcionario al servicio de Joaquín.

Jeremías 26:23  Y trajeron a Urías de Egipto y lo llevaron al rey Joacim, quien lo mató a espada y echó su cadáver a la fosa común.

El ejemplo de Urías , un contemporáneo de Jeremías, se cita para ilustrar el riesgo personal que este último enfrentaba. Urías fue extraditado desde Egipto y ejecutado por Joacim , algo que contrasta vívidamente con la actitud asumida hacia Miqueas por el buen rey Ezequías. Sin embargo, su ejecución no constituye el único caso dentro de la tradición profética.

Urías era más bien un profeta desconocido que lo ejecutaron por proclamar fielmente la Palabra de Dios. Esto nos muestra que Dios ha tenido otros profetas cuyas palabras no se han incluido en la Biblia.

Jeremías 26:24  Pero la mano de Ahicam, hijo de Safán, estaba con Jeremías, de manera que no fue entregado en manos del pueblo para que le dieran muerte.

Ahicam hijo de Safán : Funcionario de la corte de Josías (2Ki_22:12) y padre de Gedalías, gobernador de Judá tras la destrucción de Jerusalén en el 586 a.C. (véase 40.5), y quien también ayudó a Jeremías (39.14).

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