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Jeremías 29: Carta a los exiliados

Jeremías 29:8  Porque así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: «No os engañen vuestros profetas que están en medio de vosotros, ni vuestros adivinos, ni escuchéis los sueños que sueñan.

Jeremías 29:9  «Porque os profetizan falsamente en mi nombre; no los he enviado»–declara el Señor.

Jeremías 29:10  Pues así dice el Señor: «Cuando se le hayan cumplido a Babilonia setenta años, yo os visitaré y cumpliré mi buena palabra de haceros volver a este lugar.

Los eruditos difieren en las fechas exactas de estos setenta años en Babilonia. Algunos dicen que se refiere a los años 605-535 a.C., desde la primera deportación a Babilonia hasta el regreso de los primeros cautivos a Jerusalén después del decreto de libertad de Ciro. Otros señalan los años 586-516 a.C., desde la última deportación a Babilonia y la destrucción del templo hasta su reconstrucción. Una tercera posibilidad es que los setenta años son un número aproximado que significan una vida entera. Todos están de acuerdo en que Dios mandó a su pueblo a Babilonia por un tiempo largo y no un cautiverio corto como lo que predijeron los falsos profetas.

Jeremías 29:11  «Porque yo sé los planes que tengo para vosotros»–declara el Señor–»planes de bienestar y no de calamidad, para daros un futuro y una esperanza.

La búsqueda de Dios y la guerra espiritual , La guerra de la fe. A través de la Escritura encontramos numerosas referencias a la búsqueda de Dios por su pueblo. En estos pasajes está implícita la búsqueda de Dios que supone un nivel de intensidad superior a lo que podría llamarse oración ordinaria. La palabra «buscar», junto con la frase «de todo corazón», sugiere un fervor casi vehemente. «Buscar», del hebreo darash, sugiere la persecución de un objetivo deseado. También implica diligencia en el proceso mismo. En 2 de Crónicas 15:2, donde Azarías promete que el Señor estará con su pueblo si ellos le «buscan» (darash), tenemos otro ejemplo del énfasis divino sobre la intensidad y la diligencia en la oración.

A todos nos alienta un líder que nos motiva a seguir adelante, alguien que cree que podemos llevar a cabo la tarea que nos ha encomendado y que estará con nosotros a lo largo del camino. Dios es esa clase de líder. Conoce el futuro y sus planes para nosotros son buenos y están llenos de esperanza. Mientras el Dios que conoce el futuro nos proporcione nuestra agenda y vaya con nosotros cuando realizamos su misión, tendremos esperanza ilimitada. Esto no significa que no tendremos dolor, problemas ni sufrimiento, sino que Dios nos ayudará a llegar a un final glorioso.

Jeremías 29:12  «Me invocaréis, y vendréis a rogarme, y yo os escucharé.

Dios no olvidó a su pueblo, aun cuando estaba cautivo en Babilonia. Planeó darles un nuevo comienzo con un nuevo propósito: convertirlos en nuevas personas. En momentos de profundos problemas, tal vez parezca que Dios se ha olvidado de usted. Pero quizás lo prepara, como lo hizo con el pueblo de Judá, para un nuevo comienzo con El en el centro de su vida.

Jeremías 29:13  «Me buscaréis y me encontraréis, cuando me busquéis de todo corazón.

De acuerdo al plan sabio de Dios, su pueblo iba a tener esperanza y futuro. Por consiguiente, podrían clamar a El en confianza. A pesar de que los cautivos se encontraban en un lugar y tiempos difíciles, no debían desesperarse porque tenían la presencia de Dios, el privilegio de la nación y la gracia de Dios. Podemos buscar y encontrar a Dios cuando lo buscamos de todo corazón. Tierras extrañas, tristezas, frustración o problemas físicos, no pueden romper esa comunión.

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