Jeremías pide el concurso a su fiel discípulo, escriba de profesión, Baruc, que nos es ya conocido l. Fue tan fiel al profeta, que le siguió en el exilio a Egipto. Debe escribirlo en un volumen o meghillah, es decir, un rollo de cuero o de papiro que se enrollaba (de ahí la palabra volumen, de volvo) en un pequeño eje de madera. Para leerlo se desenrollaba de derecha a izquierda, y la parte descubierta se dejaba caer o se enrollaba en otro pequeño eje de madera. Baruc escribió todas las palabras de Jeremías al dictado. Parece ser un resumen de los oráculos del profeta, ya que no es posible que sea todo el libro actual, pues Baruc lo leyó varias veces en el mismo día. La finalidad de consignarlos por escrito era primeramente para darlos a conocer al pueblo de Judá en una última llamada al arrepentimiento, para que se convirtiera cada uno de sus malos caminos. Pero, además, Dios quería que permanecieran escritos para la posteridad, pues, una vez que han sido quemados por el rey, le manda escribirlos de nuevo, sin ordenar que los leyera públicamente.
Jeremías, probablemente, tenía notas personales sobre sus oráculos anteriores, pero quiere que un escriba de profesión las consigne, sin duda porque así eran más legibles. Jeremías era sacerdote, y es de suponer que sabía escribir. Además, cuando compró el famoso campo de Anatot no se dice que utilizara secretario. El profeta envía a Baruc a leer sus profecías al templo, pues no puede personalmente, probablemente por razones de prudencia, pues sabía la hostilidad de que era objeto por parte de las clases dirigentes. No estaba en prisión, pues se dice que los dignatarios le invitan a esconderse. Por otra parte, el secretario Baruc, de familia de buena posición, era un buen sustituto de Jeremías. La ocasión de la lectura fue la concentración del pueblo en un día de ayuno. Debe de ser un día de ayuno excepcional, como los que se tenían en momentos de calamidades públicas. En el Levítico se prescribían actos de “humillación del alma” como expiación ante Dios. Entre ellos estaba el ayuno. Zacarías, en el siglo VI a C., habla de ayunos públicos en el quinto, séptimo y décimo mes 6. Jeremías espera que, con la lectura de sus oráculos conminatorios, el pueblo se convierta a Yahvé.
En efecto, en el año quinto de Joaquim, en el mes noveno, se promulgó un ayuno a todo el pueblo de Jerusalén. Teniendo en cuenta que el año religioso comenzaba en el mes de Nisán (marzo-abril), tenemos que el mes noveno es el de noviembre-diciembre. Por otra parte, sabemos que el rey estaba en el departamento de invierno de su palacio, calentándose al fuego, cuando leyó y quemó el volumen de los oráculos de Jeremías. Así, pues, hacia diciembre del 604 tuvo lugar la lectura de los oráculos de Jeremías en el templo.
Baruc da detalles exactos del lugar en que leyó los oráculos de su maestro: en la cámara de Gamarías, sin duda uno de los amigos de Jeremías. El vestíbulo superior parece ser el atrio interno, al que podían entrar sólo los varones israelitas. La Puerta Nueva debe de ser la que daba acceso del atrio exterior al interior.
Parece que la lectura de los oráculos ante el pueblo sembró la consternación en unos y la ironía en otros. Miqueas, que no parece ser hostil al profeta, impresionado, cree verse obligado a comunicar lo ocurrido a los dirigentes. La cámara del escriba, o secretario real, debía de ser una cancillería del Estado en la que se reunían los magnates de Judá. Parece que éstos no eran hostiles del todo al profeta de Anatot. Entre ellos habría muchos del tiempo de Josías, que habían amparado a Jeremías, su fiel colaborador en la reforma religiosa 10. Enterados de lo que les dijo Miqueas, quisieron cerciorarse personalmente del contenido del volumen leído por Baruc al pueblo. Reciben con deferencia a Baruc, invitándole a sentarse y a leerles los oráculos. Les impresionó la lectura de tantas profecías conminatorias contra la ciudad, el templo y la casa real, y, sobre todo, les aterró la impresión derrotista que pudieran haber causado la lectura de éstos ante el pueblo, cuya moral había que preparar para la resistencia ante el eventual asedio de los babilonios. Decidieron comunicar el asunto al rey, pero antes querían saber ciertamente quién era el autor de estos oráculos: indícanos cómo has escrito esto. Baruc dice que sólo ha sido un simple copista, ya que escribió al dictado de Jeremías. Con ello quiere decir que considera las profecías como expresión de la voluntad de Yahvé, pues conceptuaba a su maestro Jeremías como su mensajero. Los magnates, conocedores del carácter tiránico y susceptible del rey, invitan a Baruc a que se esconda con su maestro Jeremías.
