Este trágico episodio revela el alma criminal del asesino de Godolías. No sólo no se contentó con matar al que consideraba rival y colaboracionista de los caldeos, sino que se ensañó con un grupo de inocentes peregrinos que llevaban sus ofrendas a Jerusalén para implorar misericordia a Yahvé sobre las ruinas del templo. Ismael, el príncipe davídico asesino, no quería que se reanudase la vida normal de la nación colaborando con los babilonios. Quería sembrar el caos y el descontento para que no se aceptase pacíficamente como situación de hecho la ocupación babilónica, y por eso extermina a gentes sin culpabilidad alguna, representantes del pueblo fiel y sano. ¡A tanto puede llevar la histeria del supernacionalismo y de la intriga política!
Los peregrinos son de Siquem, Silo y Samaría, las ciudades más importantes del antiguo reino del Norte, desaparecido en tiempos de Sargón II (721). En tiempos de Josías (640-609) se había incorporado prácticamente a Judá el teritorio del reino del Norte, que había quedado sin sus fuerzas vivas después de la deportación asiría. Con ello, su profunda reforma religiosa había penetrado en la región de Samaría, y se reanudaron las peregrinaciones al templo de Jerusalén. Como la matanza de estos peregrinos tuvo lugar en el mes séptimo (septiembre-octubre), podemos suponer que iban a Jerusalén a celebrar la fiesta de los Tabernáculos. Sobre todo, querían mostrar su duelo público por la destrucción de la Ciudad Santa. Por eso se dice de ellos que iban con la barba rasurada, rasgadas las vestiduras e incisas las carnes, signos habituales de duelo y de penitencia. Traían en sus manos oblaciones e incienso para ofrecerlos en el templo de Yahvé. Puesto que el altar de los holocaustos había sido destruido, no había posibilidad de celebrar sacrificios cruentos; por eso traían oblaciones (de harina, aceite) e incienso, sin duda para derramarlas sobre las ruinas del templo. El templo de Yahvé había sido destruido, pero allí estaban sus ruinas humeantes, señalando el lugar donde se debía adorar al Dios nacional de los israelitas. Aquellas ruinas, pues, eran sagradas, y estaban aún santificadas por la presencia, en otro tiempo, de Yahvé.
Los peregrinos pasan por la ruta que sube de Samaría a Jerusalén junto a la colina donde estaba Misfa (actual tell en-Nasbe). Ismael los ve de lejos y los invita a subir a la ciudad para que se presenten al nuevo gobernador Godolías. Después los asesinó en la ciudad, arrojando sus cuerpos a una cisterna, famosa por haber sido construida por el rey de Judá Asa (914-874) cuando fortificó Misfa contra la incursión del rey de Israel Baasa*. Un grupo de peregrinos se salvó diciendo que tenían escondidas grandes cantidades de trigo y cebada. Esto parece suponer que notaron que Ismael y los suyos estaban ávidos de provisiones, y por eso le recuerdan que, si les perdona la vida, le entregarán grandes cantidades de víveres que tienen escondidos en cisternas y grutas secretas para que no se apoderaran de ellos las tropas caldeas. Ismael, viendo que no podía continuar en Misfa, huyó llevando en rehenes a las hijas del rey, o mujeres de la familia real en sentido amplio, que no habían sido deportadas por los babilonios. Sin duda que quería poder utilizarlas para intercambios políticos en sus futuras alianzas con el rey de Amón u otros reyes.
Los jefes de tropas, que estaban por el campo, según indicación del mismo Godolías, al saber el asesinato de éste a manos de Ismael, como se temían, decidieron vengarle, y por eso le persiguieron sin tregua. Las consecuencias del asesinato tenían que ser muy graves, pues eran de temer las represalias de los caldeos al ver que habían matado a su gobernador. No quedaba más que llevarles la cabeza, del asesino para que vieran que sólo éste era el responsable del acto. Si no conseguían dar muerte a Ismael, no les quedaba sino huir a Egipto, como único medio de salvarse de las terribles iras de los babilonios. Ismael, en lugar de marchar directamente hacia la depresión del Jordán, camino de TransJordania, hizo un rodeo hacia el oeste, pues fue alcanzado junto al gran estanque de Gabaón, que parece ser el mismo en que combatieron las huestes de Joab contra Abner. Gabaón es el actual el-Gib, a 10 kilómetros al noroeste de Jerusalén, donde se ve aún un antiguo depósito de agua, resto, sin duda, del gran estanque de que se habla en el texto.
Los que acompañaban a Ismael forzados, al ver a Yojanán, se fueron con él, dejando solo a Ismael, que logró escapar a Transjordania entre los hijos de Amón, reino al norte de Moab.
Al no poder dar alcance al asesino, los perseguidores no tenían opción a volver a Misfa, ya que no podrían demostrar a los caldeos que no habían tomado parte en el asesinato del gobernador Godolías. Por eso decidieron encaminarse hacia Egipto, lugar tradicional de refugio para los asiáticos, que ahora los recibiría como antiguos aliados contra Nabucodonosor. Se detuvieron en los apriscos de Kimham, cerca de Belén. No sabemos a punto fijo el lugar de este nombre, pero bien puede ser cualquiera de los refugios para animales y hombres que se ven en las grutas que rodean a Belén. Allí, pues, hicieron alto para organizar la marcha. Estaban ya cerca de las fronteras egipcias y podían esperar llegar a territorio amigo antes de que les alcanzaran los caldeos.
