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2 de Crónicas 20: Derrota de Moab y Amón

2 de Crónicas 20:1  Derrota de Moab y Amón[a] Pasadas estas cosas, aconteció que los hijos de Moab y de Amón, y con ellos otros de los amonitas, marcharon contra Josafat para atacarlo.

Este es probablemente el más familiar y conocido capítulo de 2 Crónicas, porque explica cómo el Señor le concede la victoria a todos aquellos que en él confían. Josafat enfrentaba el más grande peligro exterior que amenazó su reino. Una gran multitud de moabitas, amonitas y sirios se había confabulado para aplastar a Judá. Frente a este enorme peligro, Josafat se humilló ante el Señor; como resultado, conquistó la mayor de las victorias de su vida. La promesa del Señor a través del profeta Jahaziel consuela a los creyentes que desde entonces han enfrentado situaciones desesperadas: No temáis ni os amedrentéis . . . porque no es vuestra la guerra , sino de Dios. Sin embargo, el relato revela tres elementos clave que contribuyen a que el pueblo de Dios reciba el auxilio divino:

1) el ayuno;
2) la oración; y
3) la alabanza.

2 de Crónicas 20:2  Y fueron algunos a darle aviso a Josafat, diciendo: «Contra ti viene una gran multitud del otro lado del mar y de Siria;[b] ya están en Hazezon-tamar, que es En-gadi».

2 de Crónicas 20:3  Josafat tuvo miedo y humilló su rostro para consultar a Jehová, e hizo pregonar ayuno a todo Judá.

El ayuno era una de las claves para alcanzar la salvación experimentada por Judá. Este fue un ayuno que se hizo pregonar . . . a todo Judá y en el cual toda la nación participó. El ayuno no es un medio para manipular la voluntad de Dios, sino simplemente la expresión de una necesidad interior, una evidencia de la urgencia con que oramos en circunstancias especiales.

Cuando la nación enfrentó el desastre, Josafat hizo un llamado al pueblo para que tomara en serio a Dios y que ayunara por un tiempo determinado. Al separarse de la rutina diaria de la preparación y del consumo de la comida, pudieron dedicar ese tiempo extra a considerar su pecado y a orar para pedir ayuda a Dios. El dolor agudo del hambre reforzaría sus sentimientos de penitencia y les recordaría su debilidad y su dependencia de Dios. El ayuno todavía es útil en la actualidad cuando buscamos la voluntad de Dios en situaciones especiales.

2 de Crónicas 20:4  Se congregaron los de Judá para pedir socorro a Jehová; y también de todas las ciudades de Judá vinieron a pedir ayuda a Jehová.

Una segunda clave de la victoria obtenida por Judá fue la oración. La oración de Josafat aquí trae a la memoria la oración de Salomón en el capítulo 6 y en 1 Reyes 8. Quizás se apoyó en la promesa de 7.14. El versículo 12 descubre la esencia desconsolada de esta oración: Porque en nosotros no hay fuerza . . . no sabemos qué hacer , y a ti volvemos nuestros ojos . El clamor de los cristianos en medio de las peores dificultades es: «Señor, no sabemos qué hacer, pero esperamos en ti».

2 de Crónicas 20:5  Entonces Josafat, puesto en pie en medio de la asamblea de Judá y de Jerusalén, en la casa de Jehová, delante del atrio nuevo,

2 de Crónicas 20:6  dijo: «Jehová, Dios de nuestros padres, ¿no eres tú Dios en los cielos, y dominas sobre todos los reinos de las naciones? ¿No está en tu mano tal fuerza y poder que no hay quien te resista?[c]

La oración de Josafat tenía varios ingredientes esenciales:

(1) Entregó la situación a Dios, reconociendo que sólo Dios podía salvar a la nación.
(2) Buscó el favor de Dios ya que su pueblo era el pueblo de Dios.
(3) Reconoció la soberanía de Dios en la situación actual.
(4) Alabó la gloria de Dios y se consoló en sus promesas.
(5) Profesó una dependencia completa de Dios, no de sí mismo, para la liberación. Para ser la clase de líder que Dios quiere en la actualidad, siga el ejemplo de Josafat: concéntrese totalmente en el poder de Dios y no en usted mismo.

2 de Crónicas 20:7  Dios nuestro, ¿no expulsaste tú a los habitantes de esta tierra delante de tu pueblo Israel, y la diste a la descendencia de tu amigo Abraham para siempre?[d]

2 de Crónicas 20:8  Ellos la han habitado, y han edificado en ella santuario a tu nombre, diciendo:

2 de Crónicas 20:9  “Si mal viene sobre nosotros, o espada de castigo, o pestilencia, o hambre, nos presentaremos delante de esta Casa, y delante de ti (porque tu nombre está en esta Casa); clamaremos a ti a causa de nuestras tribulaciones, y tú nos oirás y salvarás”.

2 de Crónicas 20:10  Ahora, pues, aquí están los hijos de Amón y de Moab, y los de los montes de Seir, a cuya tierra no quisiste que pasara Israel cuando venía de la tierra de Egipto,[e] sino que se apartara de ellos y no los destruyera.

2 de Crónicas 20:11  Ahora ellos nos pagan viniendo a arrojarnos de la heredad que tú nos diste en posesión.
2 de Crónicas 20:12  ¡Dios nuestro!, ¿no los juzgarás tú? Pues nosotros no tenemos fuerza con que enfrentar a la multitud tan grande que viene contra nosotros; no sabemos qué hacer, y a ti volvemos nuestros ojos».

2 de Crónicas 20:13  Todo Judá estaba en pie delante de Jehová, con sus niños, sus mujeres y sus hijos.

2 de Crónicas 20:14  Y estaba allí Jahaziel hijo de Zacarías hijo de Benaía, hijo de Jeiel, hijo de Matanías, levita de los hijos de Asaf, sobre el cual vino el espíritu de Jehová en medio de la reunión;

El Espíritu de Jehová

2 de Crónicas 20:15  y dijo: «Oíd, todo Judá, y vosotros habitantes de Jerusalén, y tú, rey Josafat. Jehová os dice así: “No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande, porque no es vuestra la guerra, sino de Dios.

La alabanza poderosa engendra victoria. La senda de la alabanza. He aquí una gran lección sobre el poder de la alabanza. Judá estaba siendo confrontada por sus enemigos mortales, Moab y Amón. El pueblo buscó a Dios en oración y con fe en su palabra. Entonces vino la palabra del profeta: «No temáis… porque no es vuestra la guerra, sino de Dios». La victoria vino de una manera extraña y poderosa. Los levitas se levantaron y alabaron «a Jehová el Dios de Israel con fuerte y alta voz» . Entonces algunos fueron designados para que cantaran al Señor y le adoraran en la belleza de su santidad. Estos marcharon ante el ejército, diciendo: «Glorificad a Jehová, porque su misericordia es para siempre». ¡ El resultado de esta poderosa alabanza fue una victoria total!

Cuando el enemigo avanzó en Judá, Dios habló por medio de Jahaziel: “No temáis ni os amedrentéis[…] porque no es vuestra la guerra, sino de Dios”. Quizá no estemos luchando con un ejército, pero todos los días luchamos con la tentación, la presión y “huestes espirituales de maldad” que quieren que nos rebelemos contra Dios. Debemos recordar que, como creyentes, tenemos el Espíritu de Dios en nosotros. Si pedimos la ayuda de Dios cuando enfrentamos luchas, Dios peleará por nosotros. Y Dios siempre triunfa.

¿Cómo dejamos que Dios pelee por nosotros?

(1) Al darnos cuenta que la lucha no es nuestra sino de Dios.
(2) Al reconocer las limitaciones humanas y al permitir que la fortaleza trabaje a través de nuestros temores y debilidades.
(3) Al asegurarnos que buscamos los intereses de Dios y no nuestros deseos egoístas.
(4) Al pedir la ayuda de Dios en nuestras batallas diarias.

2 de Crónicas 20:16  Mañana descenderéis contra ellos; mirad, ellos subirán por la cuesta de Sis y los hallaréis junto al arroyo, antes del desierto de Jeruel.

2 de Crónicas 20:17  No tendréis que pelear vosotros[f] en esta ocasión; apostaos y quedaos quietos; veréis como la salvación de Jehová vendrá sobre vosotros. Judá y Jerusalén, no temáis ni desmayéis; salid mañana contra ellos, porque Jehová estará con vosotros”».

2 de Crónicas 20:18  Entonces Josafat se inclinó rostro a tierra, y también todo Judá y los habitantes de Jerusalén se postraron ante Jehová para adorar a Jehová.
2 de Crónicas 20:19  Y se levantaron los levitas de los hijos de Coat y de los hijos de Coré para alabar con gran clamor a Jehová, el Dios de Israel.

2 de Crónicas 20:20  Cuando se levantaron por la mañana, salieron al desierto de Tecoa. Mientras ellos salían, Josafat, puesto en pie, dijo: «Oídme, Judá y habitantes de Jerusalén. Creed en Jehová, vuestro Dios y estaréis seguros; creed a sus profetas y seréis prosperados».[g]

creed, aman: Estar firme, estable, establecido; también, estar firmemente persuadido; creer sólidamente. En su forma causativa aman significa «creer», es decir, «considerar algo digno de confianza». Esta es la palabra utilizada en Genesis 15:6, cuando Abraham «creyó» en el Señor. Aquí, aman aparece tres veces en un versículo y podría traducirse: «Cree en el Señor… y estarás seguro». De aman viene emunah  «fe». Su derivado más conocido es «amén», que encierra la idea de algo «sólido, firme, ciertamente seguro, verificado, establecido».

2 de Crónicas 20:21  Después de consultar con el pueblo, puso a algunos que, vestidos de ornamentos sagrados, cantaran y alabaran a Jehová mientras salía la gente armada, y que dijeran: «Glorificad a Jehová, porque su misericordia es para siempre».[h]

2 de Crónicas 20:22  Cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza, Jehová puso emboscadas contra los hijos de Amón, de Moab y de los montes de Seir que venían contra Judá, y se mataron los unos a los otros.[i]

Estos versículos revelan la tercera de las claves de la milagrosa salvación de Judá y ella es la alabanza (el nombre Judá significa «alabanza»). Y cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza a Dios con la esperanza de que él pelearía por ellos la batalla, sus enemigos se mataron los unos a los otros. Experiencias como esta se narran en otros pasajes del AT. . El Salmo 22:3 dice que Dios es glorificado en las alabanzas de su pueblo. Dondequiera y como quiera que el pueblo de Dios alabe al Señor, él reina entre ellos y hace cosas milagrosas por ellos.

2 de Crónicas 20:23  Porque los hijos de Amón y Moab se levantaron contra los de los montes de Seir para matarlos y destruirlos; y cuando acabaron con los del monte Seir, cada cual ayudó a la destrucción de su compañero.[j]

2 de Crónicas 20:24  Luego que vino Judá a la torre del desierto, miraron hacia la multitud, pero solo vieron cadáveres tendidos en la tierra, pues ninguno había escapado.

2 de Crónicas 20:25  Josafat y su pueblo fueron a despojarlos, y hallaron entre los cadáveres muchas riquezas, así vestidos como alhajas preciosas que tomaron para sí; tantos, que no los podían llevar. Estuvieron tres días recogiendo el botín, porque era abundante.

2 de Crónicas 20:26  Al cuarto día se juntaron en el valle de Beraca, y allí bendijeron a Jehová; por esto llamaron el nombre de aquel paraje el valle de Beraca,[k] hasta el día de hoy.

2 de Crónicas 20:27  Después todos los hombres de Judá y de Jerusalén, con Josafat a la cabeza, regresaron a Jerusalén gozosos, porque Jehová les había colmado de gozo librándolos de sus enemigos.

2 de Crónicas 20:28  Y entraron en Jerusalén, en la casa de Jehová, con salterios, arpas y trompetas.

2 de Crónicas 20:29  Cuando supieron que Jehová había peleado contra los enemigos de Israel, el terror de Dios cayó sobre todos los reinos de aquella tierra.

2 de Crónicas 20:30  Y el reino de Josafat tuvo paz, porque su Dios le dio paz por todas partes.

2 de Crónicas 20:31  Reinado de Josafat  Así reinó Josafat sobre Judá; de treinta y cinco años era cuando comenzó a reinar, y reinó veinticinco años en Jerusalén. El nombre de su madre fue Azuba, hija de Silhi.

2 de Crónicas 20:32  Y anduvo en el camino de Asa, su padre, sin apartarse de él, haciendo lo recto ante los ojos de Jehová.

2 de Crónicas 20:33  Con todo, los lugares altos no fueron quitados; pues el pueblo aún no había enderezado su corazón al Dios de sus padres.

Este versículo dice que Josafat no quitó los lugares altos corruptos (altares idólatras) mientras que en el 17.6 y el 19.3 dice que sí los destruyó. Josafat destruyó la mayoría de los ídolos de Baal y Asera, pero no tuvo éxito al tratar de erradicar las religiones corruptas practicadas en los lugares altos.

2 de Crónicas 20:34  Los demás hechos de Josafat, los primeros y los últimos, están escritos en las palabras de Jehú hijo de Hanani, del cual se hace mención en el libro de los reyes de Israel.

2 de Crónicas 20:35  Pasadas estas cosas, Josafat, rey de Judá, trabó amistad con Ocozías, rey de Israel, el cual era dado a la impiedad,

2 de Crónicas 20:36  y se asoció a él para construir naves que fueran a Tarsis; y construyeron las naves en Ezión-geber.

2 de Crónicas 20:37  Entonces Eliezer hijo de Dodava, el de Maresa, profetizó contra Josafat diciendo: «Por cuanto te has aliado con Ocozías, Jehová destruirá tus obras». Y las naves se rompieron, y no pudieron ir a Tarsis.

Josafat se enfrentó al desastre cuando unió fuerzas con el malvado rey Ocozías. No aprendió de su alianza desastrosa con Acab o de la alianza que su padre hizo con Siria. La sociedad estuvo fundamentada en raíces desiguales ya que un hombre servía a Dios y el otro adoraba ídolos. Provocamos el desastre cuando entramos en sociedad con no creyentes debido a que diferimos en los principales fundamentos de nuestra vida. Mientras que uno sirve al Señor, el otro no reconoce su autoridad. Inevitablemente, el que sirve a Dios se ve tentado a comprometer sus valores. Cuando esto sucede, surge el desastre espiritual.

Antes de entrar en una alianza pregunte:

(1) ¿Cuáles son mis motivos?
(2) ¿Qué problemas estoy tratando de evitar al buscar esta sociedad?
(3) ¿Es esta sociedad la mejor solución, o es sólo una solución rápida para mi problema?
(4) ¿He orado o he pedido a otros que oren buscando la dirección de Dios?
(5) ¿Trabajamos mi futuro socio y yo para conseguir las mismas metas?
(6) ¿Estoy dispuesto a conformarme con menos ganancias económicas a fin

Persecuciones biblicas

Isaac y Los filisteos: Dios estaba bendiciendo a Isaac y ellos tenían envidia
Resultado  : Los filisteos no pudieron someter a Isaac, e hicieron las paces con él

Moisés y  los Israelitas: Los israelitas querían agua
Resultado  : Dios proporcionó agua, gracias a la oración de Moisés

David contra Saúl y otros: David se estaba convirtiendo en un líder poderoso, amenazando así la posición de Saúl como rey
Resultado  : David sobrevivió a la persecución y ocupó el trono

Sacerdotes de Nob y Saúl y Doeg: Saúl y Doeg pensaron que los sacerdotes ayudaron a escapar a David
Resultado  : Mataron a ochenta y cinco sacerdotes

Profetas y Jezabel: Jezabel no quería que le señalaran sus malos caminos
Resultado  : Mataron a muchos profetas

Elías y Acab y Jezabel: Eliseo expuso sus pecados
Resultado  : Elías tuvo que huir

Micaías y Acab: Acab pensó que Micaías estaba causando problemas en vez de profetizar por Dios
Resultado  : Enviaron a Micaías a la cárcel

Eliseo y Un rey de Israel (probablemente Joram): El rey pensó que Eliseo había causado la hambruna
Resultado  : Eliseo no hizo caso de las amenazas y profetizó el final de la hambruna

Hanani y Asa: Hanani criticó a Asa por confiar en la ayuda de Siria más que en la de Dios
Resultado  : Enviaron a Hanani a la cárcel

Zacarías y Joás: Zacarías confrontó al pueblo de Judá por no hacer caso a la Palabra de Dios
Resultado  : Mataron a Zacarías

Urías y  Joacim: Urías confrontó a Joacim acerca de sus malos caminos
Resultado  : Mataron a espada a Urías

Jeremías y Sedequías: Sedequías pensó que Jeremías era un traidor al profetizar la caída de Jerusalén
Resultado  : Pusieron preso a Jeremías y después lo echaron en una cisterna con cieno

Sadrac, Mesac y Abed-nego y Nabucodonosor: Los tres hombres se negaron a inclinarse ante alguien que no fuera Dios
Resultado  : Los lanzaron a un horno encendido, pero Dios los salvó milagrosamente

Daniel y los Líderes nacionales: Daniel estaba orando
Resultado  : Echaron a Daniel a los leones, pero Dios lo salvó milagrosamente

Job y Satanás: Satanás quería demostrar que el dolor y el sufrimiento haría que una persona abandonara a Dios
Resultado  : Job permaneció fiel a Dios y recibió restauración

Juan el Bautista y Herodes y Herodías: Juan confrontó el adulterio del rey Herodes
Resultado  : Decapitaron a Juan

Jesús y los Líderes religiosos: Jesús expuso sus motivos pecaminosos
Resultado  : Crucificaron a Jesús, pero resucitó para demostrar su poder sobre el mal

Pedro y Juan y Líderes religiosos: Pedro y Juan predicaron que Jesús era el Hijo de Dios y el único camino para la salvación
Resultado  : Los pusieron en prisión, pero después los soltaron

Esteban y los Líderes religiosos: Esteban expuso la culpabilidad de ellos al crucificar a Jesús
Resultado  : Mataron a pedradas a Esteban

La iglesia y  Pablo y otros: Los cristianos predicaron que Jesús era el Mesías
Resultado  : Los creyentes sufren muerte, cárcel, tortura, destierro

Jacobo y Herodes Agripa I: Para complacer a los líderes judíos
Resultado  : Mataron a Jacobo

Pedro y Herodes Agripa I: Para complacer a los líderes judíos
Resultado  : Pusieron a Pedro en la cárcel

Pablo y los Judíos, funcionarios de la ciudad: Pablo predicó acerca de Jesús y confrontó a aquellos que hacían dinero manipulando a otros
Resultado  : Apedrearon a Pedro; lo pusieron en la cárcel

Timoteo:
Resultado  : Pusieron a Timoteo en la cárcel

Juan  y  los romanos: Juan habló a otros acerca de Jesús
Resultado  : Desterraron a Juan a una isla remota

Micaías, al igual que miles de creyentes antes y después de él, fue perseguido por su fe. El cuadro muestra que la persecución proviene de una variedad de personas y se da en diversas formas. Algunas veces Dios nos protege de ella, otras no. Pero mientras permanezcamos fieles únicamente a Dios, debemos esperar la persecución. Además parece que Dios tiene una recompensa especial para los que resisten dicha persecución

En el capítulo 20:, el cronista vuelve a encontrar un paralelo con la narrativa tocante al padre de Josafat. Su intención es presentar principios que gobiernen las buenas actitudes de los hombres en cualquier circunstancia de la vida. Tal como Asa, Josafat se enfrentó a una invasión inesperada del este. Era una alianza de moabitas, amonitas y meunitas o también amonitas. Los meunitas eran gente proveniente del monte Seír en Edom. Este relato difiere de la guerra con Moab descrita en 1 de Reyes 3:4-27. Esa guerra fue un ataque a Moab por Joram, hijo de Acab, con el fin de conquistar a Moab para Israel. Para esta campaña, Joram buscó ayuda de Josafat. En este capítulo, el cronista se refiere a un ataque por la alianza de estas naciones al sur de Judá, por el lado del mar Muerto.

El cronista pasa a describir la reacción de Josafat ante el ataque. En lugar de confiar en su ejército que según el 17:14-19 sobrepasaba el millón, Josafat reaccionó de otras maneras: Primera, tuvo temor; segunda, se propuso buscar al Señor; tercera, pregonó ayuno en todo Judá. El ayuno no era algo oficial en la religión del pueblo hebreo antes del exilio; pero, desde los días de Samuel, se practicaba para indicar la sinceridad de las oraciones dirigidas a Dios en tiempos de necesidad. Las oraciones se hacían en el templo, según la promesa de Dios a Salomón, desde el cual Dios estaría listo a escuchar al corazón del arrepentido y penitente.

El rey se puso en pie delante del atrio nuevo para hablar a Judá y a Jerusalén. El atrio nuevo era una de las modificaciones en la estructura del templo de Salomón, quien lo separó del atrio de los sacerdotes. En su clamor, Josafat deja notar su percepción histórica de lo que Dios había hecho en favor de su pueblo. Confesó su creencia en un Dios que era capaz de ayudar, porque ya lo había demostrado con anterioridad desalojando de la tierra a los cananeos para dársela a Israel.

Al ver que el enemigo contaba con más soldados que Judá, el rey se esmera en depositar toda su confianza en Jehová, cuando dice: No sabemos qué hacer, pero en ti ponemos nuestros ojos. ¡Qué hermoso ejemplo para el espíritu, cuando el creyente se vea asaltado por la confusión! El apóstol Pablo supo lo que esta verdad significa para el que confía en Dios: “Porque andamos por fe, no por vista”. Es más, Josafat había aprendido esta lección de su padre.

La respuesta de Dios no se hizo esperar. El profeta Yajaziel fue el portador de las buenas nuevas: Así ha dicho Jehová: No temáis ni desmayéis delante de esta multitud tan grande, porque la batalla no será vuestra, sino de Dios. Estas palabras reflejan el tenor del mensaje de Moisés frente al mar Rojo, cuando Israel era perseguido por faraón. El mensaje profético para su pueblo es: “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu” . Todo lo que el pueblo de Dios tenía que hacer era ubicarse sobre los fundamentos de la fe para observar la gran victoria de Dios.

En respuesta al anuncio, Josafat y el pueblo inclinaron el rostro y adoraron a Jehová. Los levitas se pusieron a alabar a Dios. Al siguiente día, el rey y el pueblo se ubicaron en sus lugares señalados, animados por el rey, quien los instaba a continuar creyendo en Dios y a aceptar el mensaje de sus profetas. La serenidad que se desprende de esta actitud mantiene a los creyentes firmes en medio de las crisis, y el espíritu se fortalece.

En consenso con sus consejeros y estrategas, el rey asignó a los que irían delante del ejército cantando alabanzas al Señor. Mientras el pueblo cantaba, el Señor tendió una trampa al enemigo y lo destruyó, haciendo que cada uno se volviera contra su compañero en el campo de batalla. El rey y el pueblo fueron testigos de la gran mortandad en las filas del enemigo, tal como se dio en el glorioso capítulo del triunfo de Gedeón. Además, pasaron tres días recogiendo el botín de la victoria.

El valle de Beraja se hallaba al oeste de Tecoa. En este valle, cuyo significado es bendición, Josafat y el pueblo bendijeron a Jehová en un espíritu festivo sin paralelo en mucho tiempo. Una vez más, todos los reinos de aquellas tierras temieron al Dios de Judá, como resultado de esta hazaña, mientras Josafat gozaba de tranquilidad en su reino.

La conclusión, que cubre el resto del capítulo, tiene su paralelo con 1 de Reyes 22:41-49, salvo en la intervención del profeta Eliezer al condenar la asociación de Josafat con Ocozías, rey de Israel.

Ocozías era un hombre dado a la impiedad. Su reinado sobre Israel fue breve, del 853 al 852 a. de J.C. Esta alianza de carácter comercial fue tan breve como la misma empresa que formaron para construir barcos mercantes. En la ReinaValera Actualizada barcos que fueran a Tarsis debe leerse como “barcos que podrían viajar a Tarsis”, indicando el tipo y no la ruta. El verdadero puerto mercante sería Ofir.

La función del profeta Eliezer es desconocida en otros registros del Antiguo Testamento. Su mensaje era muy claro para la conciencia de Josafat y su pueblo. Dios jamás honrará o aprobará alianzas con gente impía, porque estas siempre tienden a desviar al creyente de los caminos del Señor. Con el capítulo 20 termina su período de luchas intensas por la consolidación del reino de Judá como pueblo escogido de Dios.

En Gadi (Fuente de los cabritos)  El lugar donde la “gran multitud” se ha concentrado para invadir Judá se encuentra localizada en la costa occidental del mar Muerto, casi a una distancia equidistante de su punta norte y la del sur. Originalmente fue llamada HazazónTamar. Hoy la fuente AinDyide es un verdadero manantial de agua caliente que ha creado un oasis célebre por las palmeras, por sus viñedos y por sus bálsamos.

El poder de la alabanza  “Al comenzar a alabar a Dios por el mal, tomamos nuestra situación desfavorable y la arrojamos en el líquido del fotógrafo, que es la presencia de Dios. Así como el fotógrafo tiene que esperar mientras los productos químicos de la solución realizan el trabajo de revelado, nosotros también tenemos que esperar, mientras tanto seguimos alabando, mientras el Espíritu hace el trabajo”.

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