Pero Yahvé en su mensaje le invita a la reflexión. Está en contra de los intereses personales. También Yahvé tiene llagado el corazón, ya que tiene que destruir, por imperativos de su justicia y santidad, lo que con tanto amor ha formado: He aquí que lo que yo había edificado lo destruyo, lo que había plantado lo arranco. Muy contra sus sentimientos de amor, se ha visto obligado a castigar con la ruina general a su pueblo Israel, que con tanto amor había edificado y plantado al formarlo como pueblo, sacándolo de Egipto. Todos sus desvelos han resultado inútiles. Pero su justicia es inexorable, y tiene que intervenir. Si, pues, Yahvé mismo tiene que sacrificar los íntimos sentimientos de su amor en aras de la justicia, ¿por qué se va a exceptuar el propio Baruc?: Y tú pides para ti grandes cosas. Esto es pedir demasiado, ya que tiene que compartir un mínimum de penalidades. No debe poner en primer plano sus sentimientos personales y sus intereses particulares, sino pensar en las exigencias de la justicia y santidad divina. Debe contentarse ahora con salvar su vida, y por eso todavía es un privilegiado, ya que Dios le anuncia que no perecerá en la ruina general: Te dejo a ti salva la vida dondequiera que vas. Efectivamente, su vida fue milagrosamente salvada en muchas circunstancias críticas: cuando tuvo que esconderse de los esbirros del rey Joaquim después de la lectura del “volumen” de las profecías de Jeremías, cuando se salvó del asedio y del complot urdido contra Godolías, etc. [/private]
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