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Jeremías 46: Profecías para Egipto

Jeremías 46:1  Palabra del Señor que vino al profeta Jeremías acerca de las naciones.

Profecías en contra de los países vecinos. Las profecías comienzan con Egipto y terminan con Babilonia , siguiendo una dirección general de oeste a este. Estas mostraron que Dios ejercía soberanía sobre todas las naciones. Describe la derrota de los egipcios en la batalla de Carquemis.

En este capítulo obtenemos algunos puntos acerca de Dios y su plan para este mundo:

(1) Aunque Dios eligió a Israel para un propósito especial, ama a todas las personas y quiere que vayan a El.
(2) Dios es santo y no tolerará el pecado.
(3) Los juicios de Dios no se basan en el prejuicio ni en el deseo de venganza, sino en la rectitud y la justicia.
(4) Dios no se deleita en el juicio, sino en la salvación.
(5) Dios es imparcial: juzga a todos con el mismo patrón. [private]

Jeremías 46:2  A Egipto, acerca del ejército de Faraón Necao, rey de Egipto, que estaba junto al río Eufrates en Carquemis, al cual derrotó Nabucodonosor, rey de Babilonia, en el año cuarto de Joacim, hijo de Josías, rey de Judá:

Faraón Necao gobernó a Egipto 610-595 a.C. Una de las más importantes batallas del mundo antiguo se libró en Carquemis, debido a que allí Egipto fue derrotado por  Nabucodonosor y perdió su influencia sobre la región sirio-palestina. El año cuarto era el 605 a.C.

En la batalla de Carquemis en 605 a.C., Babilonia y Egipto, dos de las mayores potencias mundiales después de la caída de Asiria, entraron en conflicto. Los babilonios entraron por sorpresa en la ciudad y derrotaron a Egipto. Esta batalla, que dio a Babilonia el liderazgo mundial, fue la primera victoria de Nabucodonosor, estableciéndolo en su nueva posición como rey del Imperio Babilónico. Que Judá formara una alianza con Egipto, cuando el poder egipcio se debilitaba, fue tanto una estrategia pobre como una desobediencia a Dios.

Jeremías 46:3  Preparad escudo y broquel, y avanzad hacia la batalla.

Jeremías 46:4  Aparejad los caballos, montad los corceles y presentaos con los yelmos puestos. Bruñid las lanzas, vestíos las corazas.

Jeremías 46:5  ¿Pero qué es lo que veo? Están aterrados, retroceden, y sus valientes están deshechos; en la huida buscan refugio sin mirar atrás. Hay terror por todas partes –declara el Señor.

Jeremías 46:6  Que no huya el ligero, ni escape el poderoso; en el norte, junto al río Eufrates, han tropezado y caído.

Jeremías 46:7  ¿Quién es éste que sube como el Nilo, cuyas aguas se agitan como ríos?

Jeremías 46:8  Egipto sube como el Nilo, cuyas aguas se agitan como ríos, pero El ha dicho: Subiré y cubriré esa tierra; ciertamente destruiré la ciudad y sus habitantes.

Jeremías 46:9  Subid, caballos, y corred furiosos, carros, para que avancen los poderosos: Etiopía y Put, que manejan escudo, y los de Lud, que manejan y entesan el arco.

Los soldados de Etiopía y de Put eran de Africa del norte y del este. Los hombres de Lud pudieron haber sido de Grecia.

Jeremías 46:10  Porque aquel día es para el Señor, Dios de los ejércitos, día de venganza, para vengarse de sus enemigos; la espada devorará y se saciará y se empapará con su sangre; pues habrá una matanza para el Señor, Dios de los ejércitos, en la tierra del norte, junto al río Eufrates.

Como el río Nilo, Egipto parecía inundar las tierras del norte. El Día de Jehová Dios de los ejércitos , sin embargo, será para los egipcios día de retribución y derrota.

Jeremías 46:11  Sube a Galaad y consigue bálsamo, virgen, hija de Egipto. En vano has multiplicado los remedios; no hay curación para ti.

Galaad era conocido por su bálsamo medicinal, pero las heridas de Egipto eran incurables.

Jeremías 46:12  Han oído las naciones de tu afrenta, y tu clamor llena la tierra; porque guerrero con guerrero ha tropezado, y a una han caído ambos.

Jeremías 46:13  Palabra que el Señor habló al profeta Jeremías acerca de la venida de Nabucodonosor, rey de Babilonia, para herir la tierra de Egipto:

Jeremías 46:14  Anunciad en Egipto y hacedlo oír en Migdol, hacedlo oír también en Menfis y en Tafnes; decid: «Ponte en pie y prepárate, porque la espada ha devorado a los que te rodean.»

Jeremías 46:15  ¿Por qué han quedado postrados tus valientes? No se mantienen en pie porque el Señor los ha derribado.

Jeremías 46:16  Han tropezado muchas veces; en verdad, han caído uno sobre otro. Entonces dijeron: «Levántate y volvamos a nuestro pueblo y a nuestra tierra natal, ante la espada opresora.»

Jeremías 46:17  Allí gritaron: «Faraón, rey de Egipto, es sólo un gran ruido; ha dejado pasar el tiempo señalado.»

Es destruido : En Isaias 30:7 se dice que Egipto no debía intervenir. Jeremías expresa la misma opinión cuando indica que Faraón perdió la oportunidad de hacer algo cuando Nabucodonosor fue llamado a regresar a Babilonia debido a la muerte de su padre.

En 589 a.C., cuando Nabucodonosor sitió Jerusalén, el Faraón Hofra marchó en contra de él por invitación del rey Sedequías. Pero cuando los babilonios enfrentaron a los egipcios, Hofra y sus tropas se retiraron. Jeremías profetizó que Hofra moriría a manos de sus enemigos. Esto se cumplió casi veinte años más tarde cuando Amosis, corregente de Hofra, encabezó una revuelta.

Jeremías 46:18  Vivo yo–declara el Rey cuyo nombre es el Señor de los ejércitos– que ciertamente como se destaca el Tabor entre los montes, o el Carmelo junto al mar, uno ha de venir.

Tabor y Carmelo : Prominentes montañas al norte de Israel, las cuales dan una impresión de majestuosidad por lo insignificante del entorno. De la misma manera dominará Nabucodonosor a los egipcios.

Jeremías 46:19  Prepara tu equipaje para el destierro, hija que moras en Egipto, porque Menfis será convertida en desolación, incendiada y despoblada.

Jeremías 46:20  Novilla hermosa es Egipto, mas un tábano del norte viene; ya viene.

Se describe a Egipto como una becerra hermosa , pero la destrucción viene del norte (Babilonia).

Jeremías 46:21  Sus mercenarios también son en medio de ella como becerros engordados; porque también ellos se han vuelto atrás, y a una han huido, no resistieron; porque el día de su ruina ha venido sobre ellos, la hora de su castigo.

Jeremías 46:22  Se oye su sonido como el de una serpiente, pues el enemigo avanza como un ejército; con hachas, como leñadores, vienen contra ella.

Los faraones usaban la serpiente como símbolo de autoridad.

Jeremías 46:23  Talan su bosque–declara el Señor– aunque sea impenetrable, aunque sean más numerosos que las langostas, innumerables.

Jeremías 46:24  Es avergonzada la hija de Egipto, es entregada al poder del pueblo del norte.

Jeremías 46:25  Dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: He aquí, castigaré a Amón de Tebas, a Faraón y a Egipto junto con sus dioses y sus reyes; a Faraón y a los que en él confían.

Jeremías 46:26  Y los entregaré en manos de los que buscan su vida, en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y en manos de su siervo. Mas después será habitado como en los días de antaño–declara el Señor.

Jeremías 46:27  Pero tú no temas, siervo mío Jacob, ni te atemorices, Israel; porque he aquí, te salvaré de lugar remoto, y a tu descendencia de la tierra de su cautiverio. Y volverá Jacob, y estará tranquilo y seguro, y nadie lo atemorizará.

Jeremías 46:28  Tú no temas, siervo mío Jacob–declara el Señor– porque yo estoy contigo; pues acabaré con todas las naciones adonde te he expulsado, pero no acabaré contigo, sino que te castigaré con justicia; de ninguna manera te dejaré sin castigo.

Dios castigó a su pueblo para llevarlo de nuevo hacia El y nos castiga a nosotros para disciplinarnos y purificarnos. Nadie recibe con agrado el castigo, pero todos debemos acoger sus resultados: corrección y pureza.

Oráculo contra Egipto.

Ha terminado la sección biográfica del libro de Jeremías y se abre la última sección de oráculos contra las naciones paganas. Ha cumplido la labor de amonestar a su pueblo, pero continúa ahora su misión oracular, anunciando los tristes destinos de las naciones, culpables también de grandes pecados contra Dios y su pueblo. En su visión inaugural se le dijo que estaba destinado a “arrancar y desenraizar” pueblos, es decir, anunciar el castigo y la destrucción de muchos pueblos. Por eso, su misión no se limitaba al pueblo de Israel. En el capítulo 25 presenta Jeremías la copa de la cólera divina que ha de ser apurada por todas las naciones. Porque, si bien es verdad que Yahvé es el Dios propio de Israel, es también el Dios de todos los pueblos, cuyos destinos rige. Y las naciones paganas son consideradas no sólo en sus relaciones con el pueblo elegido, Israel, en cuanto que son ocasión de que éste caiga en la idolatría o en cuanto que son instrumentos de la justicia divina para castigar los pecados de su pueblo, sino que también son considerados como miembros de la humanidad con sus transgresiones y desvarios contra la moral natural. Dios les pide cuenta del cumplimiento de estas leyes naturales, base de la sociabilidad de los pueblos. Yahvé, pues, castiga los desmanes de los pueblos en sus diversas manifestaciones, y para ello toma a algún pueblo como instrumento de su justicia; pero este mismo es castigado si se enorgullece o se desmanda en sus atribuciones de instrumento justiciero de Dios.

El profeta pasa revista aquí a diez pueblos sobre los que se va a manifestar la ira divina: egipcios, filisteos, moabitas, amonitas, edomitas, árameos, árabes y elamitas. Contra todos ellos se alzará la espada de Nabucodonosor, que circunstancialmente es el instrumento de su justicia vengadora: Yo entregaré a estos pueblos en manos de Nabucodonosor.
Los críticos más radicales reconocen en esta serie de oráculos un núcleo oracular sustancial jeremiano. En todo caso, se reconoce una estrecha dependencia de algunos de estos oráculos contra las naciones de otros fragmentos profetices anteriores. Es necesario admitir retoques y ampliaciones en algunos oráculos por mano de autores piadosos que concretaban y ampliaban el núcleo primitivo jeremiano para consolar a los exilados, esperando el castigo de las naciones paganas.
Se suele suponer como fecha de la composición de estos oráculos en su núcleo primitivo la del 605 a.C.

El texto griego coloca estos oráculos a continuación Deuteronomio 25:13. El orden de los mismos en el TM es diferente del de los LXX.

El capítulo 46 incluye dos oráculos sobre Egipto, precedidos de una nota histórica y seguido de palabras de consolación:

a) 3-12, escrito con ocasión de la derrota de Necao II en Carquemis por Nabucodonosor;
b) 13-26: la expedición del rey de Babilonia contra Egipto.

La derrota de los egipcios

¡Bellísima descripción del choque de los ejércitos egipcio y babilonio en Carquemis, a orillas del Eufrates! El estilo es entrecortado e incisivo. Las escenas se suceden en oleadas: la preparación del combate, el choque violento, la derrota de Egipto, sus inútiles remedios y su ignominia entre los pueblos.
El versículo 1 es un título general a toda la sección de oráculos contra las gentes o pueblos paganos de los capítulos 46-52. Falta en el texto griego y resulta superfluo. Es, pues, probablemente una adición erudita de algún escriba.

El capítulo 46 se refiere todo a Egipto, la gran culpable de la catástrofe de Judá, ya que constantemente le instigó a levantarse contra el coloso babilónico. La primera profecía se refiere a la derrota de Necao II en el 605 en Carquemis, la actual Djerablus, en la orilla derecha del Eufrates, al oeste de Jarran, en la Alta Siria. Muchos autores creen que este fragmento épico es más un canto de victoria que una profecía propiamente tal. Sería el desbordamiento lírico del profeta al conocer la derrota de Necao en Carquemis. Pero todos los oráculos de los capítulos 46-51 se presentan como “profecías,” y no tenemos ningún motivo especial para negar este carácter al del capítulo 46.

Necao es el famoso Necao II, sucesor de Psamético I, muerto en el 610, quien depuso en el 609 a Joacaz, hijo de Josías, después de haber muerto éste en la batalla de Megiddo luchando contra él.

La batalla de Carquemis aparece testificada en dos textos bíblicos y en Flavio Josefo. Según estos datos, se suponía por los autores en general que tuvo lugar esta batalla en el 605 a.C. Muchos autores modernos, en cambio, creen que la famosa batalla tuvo lugar en el 609, cuando Necao II, después de vencer a Josías en Megiddo, marchó hacia el norte al encuentro de Nabucodo-nosor. De hecho no encontramos ninguna mención de esta batalla de Carquemis en documentos extrabíblicos de la época. No obstante, por la crónica de Gadd 13 sabemos que Necao II subió al encuentro de las tropas de Nabucodonosor, llegando hasta Jarran después de pasar el Eufrates, sitiando esta ciudad, teniendo que hacer frente a los refuerzos babilónicos. Nada se dice del éxito de los babilonios, pues la crónica está mutilada en esta sección, pero se supone. Los babilonios continuaron sus operaciones contra Armenia antes de caer definitivamente sobre los egipcios, ya en retirada hacia el sur.

El cuarto año de Joaquim, rey de Judá, es el 605, fecha que puede mantenerse, como vemos, para la supuesta batalla de Carquemis.

El oráculo de Jeremías está expuesto en forma dramática, que se va desarrollando en escenas, con estrofas paralelas. En la primera se refleja la preparación de la batalla, haciendo oír las órdenes de ataque y de avance de los jefes: preparad escudo y broquel., aparejad los caballos., a montar, formad, ceñid la loriga. El estilo es nervioso e incisivo, como corresponde a las exigencias militares del momento: las órdenes de los jefes militares se entrecruzan despóticas. El profeta presenta a las tropas egipcias remisas para el ataque, que necesitan ser espoleadas reiteradamente para entrar en fuego. Primero se da orden a la infantería: preparad escudo. Después se ordena uncir los caballos a los carros de guerra: aparejad los caballos. El ejército egipcio y el asirio estaban bien pertrechados de carros de combate. Los caballeros no son jinetes, sino gentes que iban en los carros tirados por los caballos. Iban sobre todo armados de arco, sin excluir totalmente la lanza. Todo lo contrario de la infantería.

El profeta describe la segunda escena: el choque de los ejércitos; en el momento crítico, las tropas egipcias no responden a las órdenes: ¿qué es lo que veo?. El profeta no cree a sus propios ojos: tanta preparación bélica no ha servido para nada. Los soldados, en un primer momento, están consternados, no esperaban tanta resistencia en el enemigo, y empiezan a ceder las líneas atacantes: vuelven la espalda, para emprender la huida, vergonzosamente batidos los más valientes. La frase es irónica. Y la consecuencia es el pánico general: Terror por doquier. La huida es inútil, porque no escapará el más veloz. Y el profeta resume enfáticamente a sus oyentes: a orillas del Eufrates resbalaron y cayeron. De nada ha servido todo el orgullo militar egipcio. Han sido capaces de derrotar al minúsculo ejército de Josías en Megiddo (609), pero han sucumbido ante otro ejército superior. Yahvé ha castigado al vencedor del reino de Judá.

En la segunda estrofa entran en escena los actores principales del drama: de un lado, Egipto, personificado en el faraón, incitando las tropas al asalto, y del otro, Yahvé, que los espera para destruirlos. El ejército egipcio es comparado al Nilo, que inunda todo el país, sembrando la desolación y la ruina. El ejército egipcio avanza con arrogancia, creyendo que todo está a su disposición y que nada va a resistir su embate. Y de repente se oye la voz del jefe o faraón: ¡Adelante la caballería! ¡Etíopes, libios.!. En el ejército egipcio había muchos mercenarios nubios o etíopes y libios, que eran excelentes soldados, el terror de los asiáticos. Los líalos no son los de Lidia del Asia Menor, sino de una región africana llamada Lud. Desde el siglo vi formaban parte en el ejército del faraón tropas griegas como mercenarias, además de las tradicionales africanas.

Pero esa arrogancia se estrellará contra la omnipotencia divina. Es el día del Señor, Yahvé de los ejércitos, es decir, de su manifestación vengadora. Detrás del ejército de Nabucodonosor está la mano omnipotente de Yahvé, que dirige el curso de la historia, y ahora ha escogido al rey caldeo para castigar a Egipto por sus truculencias políticas al incitar a los pequeños estados palestinos a una resistencia suicida. Sobre el ejército egipcio se cebará la espada, y se embriagara en sangre. El estrago será total, y no habrá remedio para la derrota. El profeta invita irónicamente a la virgen hija de Egipto, es decir, a Egipto, a buscar remedios excepcionales en los bálsamos de Galaad, famosos por sus virtudes curativas. Pero la derrota de Egipto en Garquemis no tiene remedio: No hay cura para ti. En efecto, después de esta batalla, Egipto perdió su hegemonía sobre el Medio Oriente, quedando expuesto a las invasiones posteriores de Nabucodonosor y de los persas. Con su derrota quedó humillado ante todos los pueblos: oyeron las gentes tu ignominia. De nada sirvieron sus héroes, pues juntamente resbalaron y cayeron.

Conquista de Egipto por Nabucodonosor

Este oráculo de Jeremías sobre la incursión de Nabucodonosor en Egipto es paralelo al vaticinio Deuteronomio 43:8-13, y parece que ha sido compuesto estando el profeta ya en Egipto, poco antes de la expedición del coloso babilónico a la tierra de los faraones en 569-568 a.C. Sin embargo, muchos autores creen que es de la época del anterior, es decir, poco después de la batalla de Carquemis (605). Por el hecho de que Nabucodonosor no penetrara en Egipto inmediatamente después de la victoria sobre Necao II, surgió en los egipcios un respiro de esperanza. Pero el profeta dice claramente que la invasión de Egipto llegará con todas sus trágicas consecuencias, porque así lo ha decidido Yahvé.

También en este vaticinio hay un desenvolvimiento dramático de escenas, si bien no tan marcado y bello como en el anterior. Pero el lenguaje es también vigoroso e incisivo: primero un anuncio solemne y enfático de lo que va a pasar: anunciadlo en Egipto, pregonadlo en Migdol. Es un grito de alerta, ha llegado la hora de la guerra: la espada va a devorar en tu alrededor. De nada sirven en ese momento las divinidades protectoras: ¿Cómo ha huido Apis, tu toro?. El toro Apis, dedicado al Dios Ptah, protector de Menfis, capital del Bajo Egipto, es aquí símbolo de la divinidad protectora de Egipto. Ha quedado derribado ante la omnipotencia de Yahvé.

El profeta invita a los mercenarios a llamar al faraón Ruido a destiempo, porque sus planes ambiciosos no han sido sino ruido extemporáneo; “mucho ruido y pocas nueces.” Tal es el juicio irónico del profeta.

Yahvé jura por su nombre, como Señor de los ejércitos, que el invasor vendrá del norte indefectiblemente, y se asemejará, en su magnitud imponente, al Tabor, que se levanta solo en la llanura de Esdrelón, o al Carmelo, sobre la superficie del mar. Nadie puede medirse con él. Tal es la fuerza del ejército de Nabucodonosor; el ejército egipcio será ante él como la desnuda llanura o superficie del mar.

Por eso, la derrota total de Egipto no se dejará esperar. Sus habitantes (moradora hija de Egipto) deben hacer los preparativos para el destierro: lía el hato del cautiverio. El profeta presenta a Egipto como una doncella o viuda que ha quedado sin amparo, dispuesta a ir a donde la lleven. La capital Menfis será convertida en desierto al paso del invasor.
Con una nueva imagen, el profeta describe a Egipto, acostumbrado a ser tratado bien: es una hermosa novilla, que en su abundancia estaba libre pastando por doquier. Egipto era famoso por su prosperidad. Cuando a los países vecinos les llegaba la carestía por las sequías intermitentes, Egipto proseguía su vida normal con los grandes recursos procurados por la feracidad de las riberas del Nilo. Pero de nada le servirá su proverbial autosuficiencia, pues aunque ahora Egipto está gruesa como una novilla hermosa y cebada, por ello resulta más apetitosa para el tábano babilónico, que viene sobre ella: del norte ha venido el tábano a picarla. ? los mercenarios del ejército, bien tratados, como novillos cebados, abandonarán Egipto, asustados por la fuerza del ejército invasor.

Los babilonios avanzan cautelosamente como serpiente que anda. El símil cambia de repente: los babilonios son comparados a leñadores que entran en la selva de Egipto para abatir sistemáticamente sus árboles, pues ante la imposibilidad de abrirse camino por la maraña de los árboles, los talan, porque la selva es impenetrable. Quizá la frase son innumerables, más numerosos que la langosta, se refiera a los babilonios, que avanzan como un ejército de leñadores innumerables, arrasando todo lo que encuentran en la “selva” de Egipto: templos y palacios. Egipto es como una dama presumida, que ha sido deshonrada y humillada hasta el extremo por el invasor caldeo.

Los versículos 25-26, en prosa, parecen ser un comentario amplificado de lo expresado en el verso anterior. El texto griego tiene sólo el versículo 25, Y en forma abreviada, como es costumbre. Parece, pues, una amplificación de un redactor posterior. Tebas es el nombre griego dado a la ciudad de No-Amón (hoy Luxor-Karnak), capital del Alto Egipto. Con la dinastía XVIII (1550-1350), que inaugura el nuevo imperio, se convirtió en la capital de todo Egipto, siendo Amón Dios titular también de todo el valle del Nilo. Fue unido al de Ra, llamándose Amón-Ra, creador del mundo y de los hombres. El faraón era una representación humana del Dios nacional. Por eso, la expresión voy a castigar a Amón y al faraón equivale a castigar a Egipto. De nada le servirá su supuesta fuerza ante el instrumento de Yahvé, Nabucodonosor, el gran enemigo del norte.

Pero también hay una esperanza de rehabilitación para el país de los faraones a pesar de su culpabilidad: Después de esto volverá a ser habitado. Esta promesa de restauración nacional para Egipto aparece ya en Isaías, quien anuncia, además, su incorporación a la paz mesiánica con todas sus prerrogativas de nación adherida a la teocracia judía. Ezequiel habla también de un resurgimiento del país de los faraones después de cuarenta años. Jeremías aquí no dice nada de su reincorporación al horizonte mesiánico, como Isaías, sino que más bien se insinúa una resurrección como nación rehabilitada socialmente: volverá a ser habitado. La desolación causada por el ejército invasor será sólo pasajera.

Liberación y repatriación de Israel

Estos dos versos reproducen sustancialmente 30:10-11, y aquí están fuera de contexto. El texto griego, sin embargo, los pone aquí. Muchos autores los consideran auténticos, aunque insertados posteriormente. Sería un bloque errático relativo a la consolación de Israel, añadido por el redactor, pero que puede ser eco de la predicación de Jeremías.

La expresión siervo mío, Jacob, es deuteroisaiana. Yahvé castigará hasta el exterminio a las naciones paganas, pero se apiadará de su pueblo: te castigaré conforme ajuicio, es decir, moderadamente. No quedará impune, porque el juicio exige el castigo, pero siempre hay un margen para la piedad y misericordia en virtud de las promesas mesiánicas. [/private]

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