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Jeremías 46: Profecías para Egipto

El cuarto año de Joaquim, rey de Judá, es el 605, fecha que puede mantenerse, como vemos, para la supuesta batalla de Carquemis.

El oráculo de Jeremías está expuesto en forma dramática, que se va desarrollando en escenas, con estrofas paralelas. En la primera se refleja la preparación de la batalla, haciendo oír las órdenes de ataque y de avance de los jefes: preparad escudo y broquel., aparejad los caballos., a montar, formad, ceñid la loriga. El estilo es nervioso e incisivo, como corresponde a las exigencias militares del momento: las órdenes de los jefes militares se entrecruzan despóticas. El profeta presenta a las tropas egipcias remisas para el ataque, que necesitan ser espoleadas reiteradamente para entrar en fuego. Primero se da orden a la infantería: preparad escudo. Después se ordena uncir los caballos a los carros de guerra: aparejad los caballos. El ejército egipcio y el asirio estaban bien pertrechados de carros de combate. Los caballeros no son jinetes, sino gentes que iban en los carros tirados por los caballos. Iban sobre todo armados de arco, sin excluir totalmente la lanza. Todo lo contrario de la infantería.

El profeta describe la segunda escena: el choque de los ejércitos; en el momento crítico, las tropas egipcias no responden a las órdenes: ¿qué es lo que veo?. El profeta no cree a sus propios ojos: tanta preparación bélica no ha servido para nada. Los soldados, en un primer momento, están consternados, no esperaban tanta resistencia en el enemigo, y empiezan a ceder las líneas atacantes: vuelven la espalda, para emprender la huida, vergonzosamente batidos los más valientes. La frase es irónica. Y la consecuencia es el pánico general: Terror por doquier. La huida es inútil, porque no escapará el más veloz. Y el profeta resume enfáticamente a sus oyentes: a orillas del Eufrates resbalaron y cayeron. De nada ha servido todo el orgullo militar egipcio. Han sido capaces de derrotar al minúsculo ejército de Josías en Megiddo (609), pero han sucumbido ante otro ejército superior. Yahvé ha castigado al vencedor del reino de Judá.

En la segunda estrofa entran en escena los actores principales del drama: de un lado, Egipto, personificado en el faraón, incitando las tropas al asalto, y del otro, Yahvé, que los espera para destruirlos. El ejército egipcio es comparado al Nilo, que inunda todo el país, sembrando la desolación y la ruina. El ejército egipcio avanza con arrogancia, creyendo que todo está a su disposición y que nada va a resistir su embate. Y de repente se oye la voz del jefe o faraón: ¡Adelante la caballería! ¡Etíopes, libios.!. En el ejército egipcio había muchos mercenarios nubios o etíopes y libios, que eran excelentes soldados, el terror de los asiáticos. Los líalos no son los de Lidia del Asia Menor, sino de una región africana llamada Lud. Desde el siglo vi formaban parte en el ejército del faraón tropas griegas como mercenarias, además de las tradicionales africanas.

Pero esa arrogancia se estrellará contra la omnipotencia divina. Es el día del Señor, Yahvé de los ejércitos, es decir, de su manifestación vengadora. Detrás del ejército de Nabucodonosor está la mano omnipotente de Yahvé, que dirige el curso de la historia, y ahora ha escogido al rey caldeo para castigar a Egipto por sus truculencias políticas al incitar a los pequeños estados palestinos a una resistencia suicida. Sobre el ejército egipcio se cebará la espada, y se embriagara en sangre. El estrago será total, y no habrá remedio para la derrota. El profeta invita irónicamente a la virgen hija de Egipto, es decir, a Egipto, a buscar remedios excepcionales en los bálsamos de Galaad, famosos por sus virtudes curativas. Pero la derrota de Egipto en Garquemis no tiene remedio: No hay cura para ti. En efecto, después de esta batalla, Egipto perdió su hegemonía sobre el Medio Oriente, quedando expuesto a las invasiones posteriores de Nabucodonosor y de los persas. Con su derrota quedó humillado ante todos los pueblos: oyeron las gentes tu ignominia. De nada sirvieron sus héroes, pues juntamente resbalaron y cayeron.

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