Los versículos 25-26, en prosa, parecen ser un comentario amplificado de lo expresado en el verso anterior. El texto griego tiene sólo el versículo 25, Y en forma abreviada, como es costumbre. Parece, pues, una amplificación de un redactor posterior. Tebas es el nombre griego dado a la ciudad de No-Amón (hoy Luxor-Karnak), capital del Alto Egipto. Con la dinastía XVIII (1550-1350), que inaugura el nuevo imperio, se convirtió en la capital de todo Egipto, siendo Amón Dios titular también de todo el valle del Nilo. Fue unido al de Ra, llamándose Amón-Ra, creador del mundo y de los hombres. El faraón era una representación humana del Dios nacional. Por eso, la expresión voy a castigar a Amón y al faraón equivale a castigar a Egipto. De nada le servirá su supuesta fuerza ante el instrumento de Yahvé, Nabucodonosor, el gran enemigo del norte.
Pero también hay una esperanza de rehabilitación para el país de los faraones a pesar de su culpabilidad: Después de esto volverá a ser habitado. Esta promesa de restauración nacional para Egipto aparece ya en Isaías, quien anuncia, además, su incorporación a la paz mesiánica con todas sus prerrogativas de nación adherida a la teocracia judía. Ezequiel habla también de un resurgimiento del país de los faraones después de cuarenta años. Jeremías aquí no dice nada de su reincorporación al horizonte mesiánico, como Isaías, sino que más bien se insinúa una resurrección como nación rehabilitada socialmente: volverá a ser habitado. La desolación causada por el ejército invasor será sólo pasajera.
Liberación y repatriación de Israel
Estos dos versos reproducen sustancialmente 30:10-11, y aquí están fuera de contexto. El texto griego, sin embargo, los pone aquí. Muchos autores los consideran auténticos, aunque insertados posteriormente. Sería un bloque errático relativo a la consolación de Israel, añadido por el redactor, pero que puede ser eco de la predicación de Jeremías.
La expresión siervo mío, Jacob, es deuteroisaiana. Yahvé castigará hasta el exterminio a las naciones paganas, pero se apiadará de su pueblo: te castigaré conforme ajuicio, es decir, moderadamente. No quedará impune, porque el juicio exige el castigo, pero siempre hay un margen para la piedad y misericordia en virtud de las promesas mesiánicas. [/private]
