El profeta pasa revista aquí a diez pueblos sobre los que se va a manifestar la ira divina: egipcios, filisteos, moabitas, amonitas, edomitas, árameos, árabes y elamitas. Contra todos ellos se alzará la espada de Nabucodonosor, que circunstancialmente es el instrumento de su justicia vengadora: Yo entregaré a estos pueblos en manos de Nabucodonosor.
Los críticos más radicales reconocen en esta serie de oráculos un núcleo oracular sustancial jeremiano. En todo caso, se reconoce una estrecha dependencia de algunos de estos oráculos contra las naciones de otros fragmentos profetices anteriores. Es necesario admitir retoques y ampliaciones en algunos oráculos por mano de autores piadosos que concretaban y ampliaban el núcleo primitivo jeremiano para consolar a los exilados, esperando el castigo de las naciones paganas.
Se suele suponer como fecha de la composición de estos oráculos en su núcleo primitivo la del 605 a.C.
El texto griego coloca estos oráculos a continuación Deuteronomio 25:13. El orden de los mismos en el TM es diferente del de los LXX.
El capítulo 46 incluye dos oráculos sobre Egipto, precedidos de una nota histórica y seguido de palabras de consolación:
a) 3-12, escrito con ocasión de la derrota de Necao II en Carquemis por Nabucodonosor;
b) 13-26: la expedición del rey de Babilonia contra Egipto.
La derrota de los egipcios
¡Bellísima descripción del choque de los ejércitos egipcio y babilonio en Carquemis, a orillas del Eufrates! El estilo es entrecortado e incisivo. Las escenas se suceden en oleadas: la preparación del combate, el choque violento, la derrota de Egipto, sus inútiles remedios y su ignominia entre los pueblos.
El versículo 1 es un título general a toda la sección de oráculos contra las gentes o pueblos paganos de los capítulos 46-52. Falta en el texto griego y resulta superfluo. Es, pues, probablemente una adición erudita de algún escriba.
El capítulo 46 se refiere todo a Egipto, la gran culpable de la catástrofe de Judá, ya que constantemente le instigó a levantarse contra el coloso babilónico. La primera profecía se refiere a la derrota de Necao II en el 605 en Carquemis, la actual Djerablus, en la orilla derecha del Eufrates, al oeste de Jarran, en la Alta Siria. Muchos autores creen que este fragmento épico es más un canto de victoria que una profecía propiamente tal. Sería el desbordamiento lírico del profeta al conocer la derrota de Necao en Carquemis. Pero todos los oráculos de los capítulos 46-51 se presentan como “profecías,” y no tenemos ningún motivo especial para negar este carácter al del capítulo 46.
Necao es el famoso Necao II, sucesor de Psamético I, muerto en el 610, quien depuso en el 609 a Joacaz, hijo de Josías, después de haber muerto éste en la batalla de Megiddo luchando contra él.
La batalla de Carquemis aparece testificada en dos textos bíblicos y en Flavio Josefo. Según estos datos, se suponía por los autores en general que tuvo lugar esta batalla en el 605 a.C. Muchos autores modernos, en cambio, creen que la famosa batalla tuvo lugar en el 609, cuando Necao II, después de vencer a Josías en Megiddo, marchó hacia el norte al encuentro de Nabucodo-nosor. De hecho no encontramos ninguna mención de esta batalla de Carquemis en documentos extrabíblicos de la época. No obstante, por la crónica de Gadd 13 sabemos que Necao II subió al encuentro de las tropas de Nabucodonosor, llegando hasta Jarran después de pasar el Eufrates, sitiando esta ciudad, teniendo que hacer frente a los refuerzos babilónicos. Nada se dice del éxito de los babilonios, pues la crónica está mutilada en esta sección, pero se supone. Los babilonios continuaron sus operaciones contra Armenia antes de caer definitivamente sobre los egipcios, ya en retirada hacia el sur.
