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Josué 15: La herencia de Judá

Las ciudades judaítas

Esta lista de ciudades se considera como un catálogo administrativo de doce provincias que integraban el reino meridional de Judá. La lista se compone de varios grupos de ciudades, y al final de cada grupo recopila el número de ciudades.

Hay mucha discusión entre los historiadores de Israel sobre este período, porque consideran que estas listas repiten algunas ciudades que aparecen en otras, como es el caso de Benjamín. Para algunos esto es un fiel reflejo de contradicciones intertribales que se dieron durante el período en que ellas eran tribus más o menos independientes. Por ejemplo, hay el caso de la reivindicación de Jerusalén. Aquí aparece en manos de los jebuseos, cuando esta ciudad aparece con el mismo problema, pero ahora para los benjaminitas. Puede ser una clara alusión a las contradicciones intertribales por dominar algunas ciudades clave, como lo llegó a ser Jerusalén. Los jebuseos imbatibles hasta el momento se convierten en esas “piedras en el zapato” que no dan tranquilidad al caminar por más que se acomode el pie. Tarde o temprano hay que detenerse para sacarla. No toda la posesión de Canaán es una realidad, pero sí fue una esperanza, y este es el caso de Jerusalén. Las limitaciones humanas sirven para mostrar que aún hay mucho por hacer para que las promesas de Jehová sean realidad. Este hecho no debe tomarse con pesimismo sino como desafío. Aunque no se habían tomado todas las ciudades, las que ya se poseían significaron una bendición para un pueblo que poco de sedentarismo tenía y que apenas se acostumbraba a la estabilidad que ofrece el vivir en ciudades.

La lucha era larga. Lo que los israelitas habían ganado era batallas pero la guerra aún permanecería. El relato de Jueces lo comprueba. Los jebuseos no fueron totalmente dominados sino hasta los tiempos de David. Esto deja una enseñanza sobre algunas cosas que en la vida no se pueden lograr de inmediato sino lentamente. En algunos casos esto provoca una crisis de identidad y de fe; y la crisis solo puede ser enfrentada con la fuerza de la esperanza y la confianza en Dios como soberano de la historia también.

Canaán no era un paraíso con caminos de flores sin espinos, sino un desafío permanente a la fidelidad hacia Dios y una plena confianza en el pacto. Esta experiencia consistía en un verdadero aprendizaje en el cual el pueblo no siempre supo responder a la altura de las circunstancias y por eso mismo perdió parte de la riqueza de las bendiciones.

Las salidas fáciles siempre aparecieron como las mejores, pero sólo algunos sacerdotes y profetas se mantuvieron firmes en la obediencia al pacto que Jehová había hecho con ellos.

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