Se desarrolla un diálogo de Josué con los representantes de otras tribus en el que les reprocha por el hecho de no haber tomado posesión de la tierra aún y, al parecer, por su desinterés en explorarla para dar lugar a la distribución. La tierra que quedaba por ocupar debía ser recorrida y descrita después de tomar nota de sus ciudades y de los territorios respectivos. Las heredades habían de dividirse en siete partes iguales, teniendo en cuenta que quedaban “siete tribus de los hijos de Israel, a las cuales todavía no se les había repartido heredad” y que los levitas no habían de poseer territorio tribal como tal.
Los supervisores de la tierra debían ser tres varones por cada tribu. Aunque la suerte, o el sorteo, determinó la parte del territorio que le pertenecía a cada tribu, ella no podía determinar la magnitud de cada heredad. Debido al descontento de los descendientes de José por lo pequeño del territorio que les tocó, el nombramiento de una comisión de veintiún representantes (“tres hombres de cada tribu”, v. 4a) parece una medida preventiva tendiente a evitar futuros reclamos de parte de otras tribus.
Los veintiún representantes dividirían la tierra, según el valor y el número de ciudades existentes delineándola en siete partes. Esta tarea no era fácil, exigía estudio e inteligencia, que al parecer ellos o sus instructores habían adquirido en Egipto. Josefo dice que este reconocimiento fue hecho por expertos en geometría, lo cual parece estar comprobado por el relato minucioso de los límites de estas tribus. La tarea se llevó a cabo y el informe fue presentado a Josué.
Algunos hacen notar, a manera de aplicación, que la actitud de los líderes de estas siete tribus parece ser semejante a la actitud de aquellos cristianos que piden y ruegan a Dios por soluciones a sus problemas. Piden recursos económicos y oportunidades de trabajo, pero cuando tienen los recursos, cuando las oportunidades se presentan y cuando las soluciones están delante de ellos, no asumen sus tareas y responsabilidades prácticas. Por esta negligencia “la tierra que… ha dado Jehová” queda sin poseer.
A veces no se valoran las bendiciones que Dios ha colocado a nuestro lado o no se aprecian los recursos humanos y materiales de que se disponen para llevar a cabo la misión de la iglesia o para alcanzar una plena realización en nuestras vidas.
Un joven rector al asumir su cargo en un Seminario de América Latina propuso como lema a los estudiantes, empleados y demás colaboradores la siguiente expresión: «No pidamos un Seminario mejor, hagámoslo». Al parecer muchos se quejaban y se preocupaban porque el Seminario estaba en crisis económica, pero se olvidaban que a su lado había suficientes recursos como para sacar de la crisis a la institución.
Al parecer, a los líderes de estas tribus también los había entretenido los logros provisionales y los botines de guerra alcanzados cuando lucharon por otras tribus. No pensaron más allá de donde estaban parados. Olvidaban a las generaciones posteriores y vivían de lo fácil, evitando el cultivo de la tierra y la domesticación de animales. No aprovecharon los recursos que Dios estaba colocando frente a ellos por su falta de visión del futuro. Cuando no hay una visión clara del futuro que Dios está forjando delante de nosotros, las oportunidades se desperdician y los obstáculos se sobreestiman.
La herencia de Benjamín
En esta sección se describe la heredad de Benjamín que fue ubicada cerca de la de José por uno de sus lados, y por el otro lado estaba cerca de la tribu de Judá. Más tarde Benjamín se uniría con Judá en su adhesión al trono de David y al templo de Jerusalén. El límite occidental, por la descripción que se hace en el v. 14, corría a cierta distancia del Mediterráneo. Las ciudades incluidas en el territorio benjaminita no son en verdad todas, pero sí un buen número que alcanza a las 26 más importantes.
Aparece a la cabeza Jericó, aun cuando ya estaba destruida y era prohibida su reconstrucción con portones y murallas. También estaba dentro de esta tribu Gilgal, donde acampó primero el pueblo después de atravesar el río Jordán, y donde más tarde se declaró rey a Saúl que era descendiente de esta tribu. Este lugar fue después considerado profano. También Betel, un lugar famoso, estaba dentro de esta tribu. Entre las ciudades se menciona a Jebús que es Jerusalén. Esta ciudad queda expresamente excluida de las fronteras de Judá y es incluida con la heredad de Benjamín, aunque fue el judaíta David quien finalmente conquistó la ciudad jebusea. Se puede advertir ciertas rivalidades entre las tribus de Judá y Benjamín por la posesión de esta ciudad. Quizá la reivindicación de Benjamín obedece a un intento posterior para restaurar el prestigio de la tribu.
