Jos 2:12 Os ruego pues, ahora, que me juréis por Jehová, que como he hecho misericordia con vosotros, así la haréis vosotros con la casa de mi padre, de lo cual me daréis una señal segura;
Me juréis por Jehová : Por medio del juramento se apelaba a Dios para que sirviera de testigo a una promesa humana. Aunque no sabemos cómo Rahab adquirió la fe, su petición es otra indicación de que creía en el único y verdadero Dios.
Jos 2:13 y que salvaréis la vida a mi padre y a mi madre, a mis hermanos y hermanas, y a todo lo que es suyo; y que libraréis nuestras vidas de la muerte.
Muchos supondrían que Rahab -pagana, cananea y prostituta- nunca se interesaría en Dios. Sin embargo, Rahab estuvo dispuesta a arriesgar todo lo que tenía por un Dios que apenas conocía. No debemos juzgar el posible interés en Dios de una persona en base a sus antecedentes, estilo de vida o apariencia. No debemos dejar que nada impida que hablemos a otros del Dios en que creemos.
Jos 2:14 Ellos le respondieron: Nuestra vida responderá por la vuestra, si no denunciareis este asunto nuestro; y cuando Jehová nos haya dado la tierra, nosotros haremos contigo misericordia y verdad.
Jos 2:15 Entonces ella los hizo descender con una cuerda por la ventana; porque su casa estaba en el muro de la ciudad, y ella vivía en el muro.
Algunos tramos de las murallas de Jericó tenían 4 m de ancho, y permitían que se construyeran albergues individuales en ellas.
En los tiempos de Josué acostumbraban construir casas en los muros de una ciudad. Muchas ciudades tenían dos muros con una separación en medio de unos 4 a 5 metros. Las casas eran construidas sobre troncos de madera colocados a través de las partes superiores de los dos muros. Es posible que Rahab viviera en una casa de este tipo, con una ventana que miraba al otro lado del muro.
Jos 2:16 Y les dijo: Marchaos al monte, para que los que fueron tras vosotros no os encuentren; y estad escondidos allí tres días, hasta que los que os siguen hayan vuelto; y después os iréis por vuestro camino.
Jos 2:17 Y ellos le dijeron: Nosotros quedaremos libres de este juramento con que nos has juramentado.
Jos 2:18 He aquí, cuando nosotros entremos en la tierra, tú atarás este cordón de grana a la ventana por la cual nos descolgaste; y reunirás en tu casa a tu padre y a tu madre, a tus hermanos y a toda la familia de tu padre.
El cordón de grana facilitaría al ejército de Israel identificar la casa de Rahab y proteger todo lo que allí había. Este cordón es un símbolo de la obra redentora de Cristo. Véase la introducción a Josué: «Cristo revelado».
Jos 2:19 Cualquiera que saliere fuera de las puertas de tu casa, su sangre será sobre su cabeza, y nosotros sin culpa. Mas cualquiera que se estuviere en casa contigo, su sangre será sobre nuestra cabeza, si mano le tocare.
Jos 2:20 Y si tú denunciares este nuestro asunto, nosotros quedaremos libres de este tu juramento con que nos has juramentado.
Jos 2:21 Ella respondió: Sea así como habéis dicho. Luego los despidió, y se fueron; y ella ató el cordón de grana a la ventana.
Siguiendo las indicaciones de Rahab, los emisarios del rey, a la luz de la luna, se dirigieron hacia el Jordán en busca de los exploradores, con el fin de alcanzarles antes de que llegaran a los vados del río Que. Entre tanto, la mujer subió a la terraza y mantuvo un largo diálogo con los espías. Parece que éstos se disponían a pasar la noche en la azotea; pero Rahab les hizo comprender la necesidad de ausentarse de su casa inmediatamente por temor a un registro. Por haberse cerrado las puertas de la ciudad, el único medio para huir era descolgarse por el muro, al cual estaba adosada la casa de Rahab. Antes de despedirlos quiso arrancarles la promesa con juramento de que, al adueñarse de la ciudad, conservaran su vida y la de sus familiares. La mujer no habla de su marido. La profusión de expresiones bíblicas en boca de la mujer da a entender que el autor sagrado no intenta reproducir literalmente las mismas palabras de la meretriz. A través del desierto corren las noticias de manera sorprendente. En Jericó ha llegado la noticia de los hechos principales referentes a la vida de Israel en el desierto. Como ni la mujer ni los dos espías sospechaban de que los muros de la ciudad se derrumbaran, como sucedió más tarde, concertaron de común acuerdo colocar en la ventana un cordón de hilo, propiedad de los espías, para que les sirviera de señal. Aunque el texto diga que Rahab ató el hilo en la ventana, no se debe deducir de que lo hiciera inmediatamente. Como en otros pasajes, el autor consigna el hecho con anticipación. La narración sobre la llegada y estancía de los espías en casa de Rahab adolece de orden lógico y cronológico.
