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Josué 3: El paso del Jordán

Jos 3:1 Josué se levantó de mañana, y él y todos los hijos de Israel partieron de Sitim y vinieron hasta el Jordán, y reposaron allí antes de pasarlo.

Jos 3:2 Y después de tres días, los oficiales recorrieron el campamento,

Jos 3:3 y mandaron al pueblo, diciendo: Cuando veáis el arca del pacto de Jehová vuestro Dios, y los levitas sacerdotes que la llevan, vosotros saldréis de vuestro lugar y marcharéis en pos de ella,

El arca estaba hecha de madera de acacia y cubierta de oro; contenía una porción de maná, la vara de Aarón y los Diez Mandamientos. Representaba la presencia de Dios, y era, sin duda, la más preciada posesión de Israel.

Jos 3:4 a fin de que sepáis el camino por donde habéis de ir; por cuanto vosotros no habéis pasado antes de ahora por este camino. Pero entre vosotros y ella haya distancia como de dos mil codos; no os acercaréis a ella.

Hasta este momento, ellos habían sido guiados por una nube durante el día y una columna de fuego en la noche, ahora el arca les mostraría el camino. La distancia como de dos mil codos (cerca de mil metros) se mantenía para que la gente se sintiera impresionada con lo sagrado del arca.

habéis pasado, abar: Cruzar, pasar, ir más allá, traspasar, pasar por encima de, transgredir. Abar aparece más de 500 veces en el Antiguo Testamento y por lo tanto contiene infinidad de matices y significados. Uno de estos es «pasar de un lado al otro», representado en su manera más común por el cruce de un río, al igual que ocurre en este pasaje. Un importante derivado es Ibri descripción étnica de Abraham y, en consecuencia, de sus descendientes. Ibri también se considera como nombre para los descendientes de Heber. Heber era el tataranieto de Sem, hijo de Noé, progenitor de todos los pueblos semíticos y descendiente directo de Abraham. De ahí que «hebreos» simplemente sería el término que designa una banda o tribu de semitas. Ibri también se considera como nombre para los descendientes de Heber. Heber era el tataranieto de Sem, hijo de Noé, progenitor de todos los pueblos semíticos y descendiente directo de Abraham. De ahí que «hebreos» simplemente sería el término que designa una banda o tribu de semitas. Ibri también podría referirse a alguien que haya «cruzado» el río éufrates desde el este, como lo hizo Abraham.

El arca del pacto era el tesoro más sagrado de Israel. Era símbolo de la presencia y el poder de Dios. El arca era una caja rectangular dorada, con dos querubines (ángeles) frente a frente sobre la tapa. Dentro del arca estaban las tablas de los Diez Mandamientos que Moisés había recibido de Dios, un recipiente con maná (el pan que Dios envió milagrosamente desde el cielo durante el peregrinaje en el desierto), y la vara de Aarón (símbolo de autoridad del sumo sacerdote). De acuerdo con la ley de Dios, sólo los levitas podían transportar el arca. El arca fue construida al mismo tiempo que el tabernáculo y colocado en el Lugar Santísimo del santuario.

Jos 3:5 Y Josué dijo al pueblo: Santificaos, porque Jehová hará mañana maravillas entre vosotros.

Santificaos : Se le pidió a la gente que se separara de todo lo impuro y se consagrara por completo al Señor.

Antes de entrar a la tierra prometida, los israelitas debían santificarse, hacer una ceremonia de purificación. Esto se hacía muchas veces antes de hacer un sacrificio o, como en este caso, antes de presenciar un gran acto de Dios. La ley de Dios declaraba que muchas cosas podían hacer que una persona se volviera inmunda: ingerir ciertos alimentos, el parto, la enfermedad, tocar un cadáver. Dios se valió de estas diferentes señales externas de inmundicia para ilustrar la inmundicia interna del hombre como resultado del pecado. La ceremonia de purificación ilustraba la importancia de acercarnos a Dios con un corazón puro. Como los israelitas, al acercarnos a Dios debemos resolver el problema del pecado en nuestra vida.

Jos 3:6 Y habló Josué a los sacerdotes, diciendo: Tomad el arca del pacto, y pasad delante del pueblo. Y ellos tomaron el arca del pacto y fueron delante del pueblo.

Jos 3:7 Entonces Jehová dijo a Josué: Desde este día comenzaré a engrandecerte delante de los ojos de todo Israel, para que entiendan que como estuve con Moisés, así estaré contigo.

Engrandecerte : Por medio del milagro que siguió a estas palabras, el pueblo llegó al convencimiento de que la mano de Dios estaba sobre su nuevo líder Josué.

Jos 3:8 Tú, pues, mandarás a los sacerdotes que llevan el arca del pacto, diciendo: Cuando hayáis entrado hasta el borde del agua del Jordán, pararéis en el Jordán.

Jos 3:9 Y Josué dijo a los hijos de Israel: Acercaos, y escuchad las palabras de Jehová vuestro Dios.

Poco antes de pasar a la tierra prometida, Josué reunió a la gente para oír las palabras del Señor. La gente estaba muy emocionada. Sin duda querían entrar de inmediato, pero Josué les obligó a detenerse y escuchar. Vivimos en una época de mucha agitación donde todo el mundo corre simplemente para mantenerse al día. Es fácil estar tan absortos en nuestro trabajo, que nos creamos demasiado ocupados para lo que Dios dice que es lo más importante: sacar tiempo para oírlo a El. Antes de planear sus actividades del día, concéntrese en lo que Dios quiere de todas ellas. Saber lo que Dios dice antes de comenzar apresuradamente el día podría ayudarle a evitar errores tontos.

Jos 3:10 Y añadió Josué: En esto conoceréis que el Dios viviente está en medio de vosotros, y que él echará de delante de vosotros al cananeo, al heteo, al heveo, al ferezeo, al gergeseo, al amorreo y al jebuseo.

¿Por qué ayudó Dios a los israelitas a arrojar a aquellas naciones de su tierra natal? Dios había castigado primero a Israel por su desobediencia; ahora le llegaba el turno a las otras naciones. Se dice que los pueblos de Canaán eran malvados y merecían ser castigados por sus múltiples pecados. Israel debía ser instrumento de ese castigo. Más importante todavía, Israel, como nación santa, no podía vivir entre personas malas e idólatras. Hacerlo significaría dar entrada al pecado en sus propias vidas. La única manera de evitar que Israel fuera infectada por las malas religiones era echar de la tierra a los que las practicaban. Israel, sin embargo, no echó fuera a todos como Dios les había mandado. No pasó mucho tiempo antes de que Israel adoptara las prácticas perversas de los cananeos.

Jos 3:11 He aquí, el arca del pacto del Señor de toda la tierra pasará delante de vosotros en medio del Jordán.

Jos 3:12 Tomad, pues, ahora doce hombres de las tribus de Israel, uno de cada tribu.

Jos 3:13 Y cuando las plantas de los pies de los sacerdotes que llevan el arca de Jehová, Señor de toda la tierra, se asienten en las aguas del Jordán, las aguas del Jordán se dividirán; porque las aguas que vienen de arriba se detendrán en un montón.

Estos versículos constituyen un paréntesis en el relato central y dan una idea de la importancia del milagro que está próximo a ocurrir.

Las sospechas levantadas por la presencia de espías en Jericó indujeron a Josué a obrar rápidamente, adelantándose a una posible coalición de reyezuelos de Canaán. La empresa era relativamente fácil, porque, según informes de los dos espías, los de la ciudad vivían confiados en que el Jordán llevaba mucha agua, por ser la época del deshielo, y no les sería posible a los israelitas vadearlo. Josué dio las órdenes de movilización de todo el campamento. La mención de los tres días da lugar a un pequeño conflicto cronológico. Dijimos que la frase dentro de tres días pasarían el Jordán puede interpretarse en el sentido de “dentro de tres días partiréis para la empresa de pasar el Jordán.” En efecto, según la Vulgata, el orden de los acontecimientos pudo ser el siguiente: Tan pronto como los escribas dieron la orden al pueblo de prepararse, enviaba Josué en secreto a dos espías a Jericó, adonde llegaron el mismo día al atardecer. Tres días permanecieron escondidos en la montaña, regresando al quinto día al campamento. En la mañana del sexto día dio Josué orden al pueblo de ponerse en marcha hacia el Jordán, en cuya ribera oriental permanecieron tres días. Según la Vulgata, los israelitas vadearon el río a los diez días del envío de los exploradores a Jericó. Otra ordenación cronológica de los acontecimientos es la siguiente: la fecha del envío de los espías y el anuncio de los escribas al pueblo de estar preparados coinciden. Los espías llegan a Jericó el mismo día por la noche, 7 de Nisán; durante la misma huyen al monte vecino, en donde moran todo el día siguiente, 8 de Nisán. Al oscurecer regresaron al campamento, en el que entraron al amanecer del tercer día, 9 de Nisán.

A la orden de Josué, el pueblo se puso en marcha, llegando al atardecer a orillas del Jordán, donde acampó aquella noche. La preparación espiritual incluía la limpieza de los vestidos y la abstención de todo comercio carnal. Quizá el verso sea una glosa inspirada. Por lo regular era incumbencia de los levitas llevar el arca, pero en casos extraordinarios se confiaba a los sacerdotes.

Dios habla a Josué y promete engrandecerlo a los ojos del pueblo con un hecho extraordinario para que se le obedezca como a Moisés y sepa el pueblo que Dios está con él. La arenga o conjunto de alocuciones de Josué tuvieron lugar antes del tránsito del río. Schulz considera los versos como midrásicos, porque, además de romper la ilación existente, no es de suponer que Josué hablara tan largo tiempo a un pueblo en marcha. El éxito del paso del Jordán está asegurado por ir en vanguardia el arca de la alianza del Dios de toda la tierra. Se eligen diez hombres de entre el pueblo a los que el texto no asigna misión especial. Trátase evidentemente de un anticipo. Al poner los sacerdotes el pie en las aguas del Jordán, éstas se cortaron (yikkaterun), formando un dique o bloque compacto, como si un monte o una colina (ned) interceptaran la corriente.

Jos 3:14 Y aconteció cuando partió el pueblo de sus tiendas para pasar el Jordán, con los sacerdotes delante del pueblo llevando el arca del pacto,

Los israelitas estaban ansiosos por entrar en la tierra prometida, conquistar naciones y vivir en paz. Pero primero tenían que cruzar las aguas del Jordán que estaban a punto de desbordarse. Dios les dio instrucciones precisas: primero, los sacerdotes tenían que meterse al agua. ¿Qué si hubieran tenido miedo de dar el primer paso? Muchas veces Dios no proporciona ninguna solución a nuestro problema hasta que confiemos en El y avancemos con lo que sabemos que debemos hacer. ¿Cuáles son los ríos u obstáculos en su vida? En obediencia a Dios, tome ese primer paso dentro del agua.

Jos 3:15 cuando los que llevaban el arca entraron en el Jordán, y los pies de los sacerdotes que llevaban el arca fueron mojados a la orilla del agua (porque el Jordán suele desbordarse por todas sus orillas todo el tiempo de la siega),

Jos 3:16 las aguas que venían de arriba se detuvieron como en un montón bien lejos de la ciudad de Adam, que está al lado de Saretán, y las que descendían al mar del Arabá, al Mar Salado, se acabaron, y fueron divididas; y el pueblo pasó en dirección de Jericó.

Adam estaba 30 km más arriba. El mar de Arabá (el Mar Salado o el Mar Muerto) era una prolongación del río Jordán.

Los israelitas cruzaron el río Jordán en la primavera, cuando se estaba desbordando. Dios escogió el tiempo en que el río estaba al nivel más alto para demostrar su poder dividiendo las aguas para que toda la nación pudiera pasar en seco. Algunos dicen que Dios utilizó un acontecimiento natural (como un deslizamiento de tierra) para detener las aguas del Jordán. Otros dicen que lo hizo por medio de un acto sobrenatural. En todo caso, Dios demostró su gran poder a través de un milagro en el tiempo y el espacio permitiendo que su pueblo cruzara el río en seco. Este testimonio del poder sobrenatural de Dios sirvió para aumentar la esperanza de los israelitas en Dios y darles una gran reputación con sus enemigos, aunque estos últimos eran más numerosos que ellos.

Jos 3:17 Mas los sacerdotes que llevaban el arca del pacto de Jehová, estuvieron en seco, firmes en medio del Jordán, hasta que todo el pueblo hubo acabado de pasar el Jordán; y todo Israel pasó en seco.

La posición central que ocupa el arca destaca el sujeto principal en la acción que acaba de tener lugar. Los detalles concernientes al Jordán desbordándose por todas sus orillas dan realce al milagro, llamando la atención sobre lo inusitado del acontecimiento.

Dios dividió las aguas del Mar Rojo para sacarlos de Egipto y después dividió el Jordán para que entraran en Canaán. Estos milagros demostraron a Israel que Dios cumple sus promesas. La presencia de Dios entre su pueblo y su fidelidad hacia ellos hicieron posible que terminaran toda la trayectoria de Egipto a la tierra prometida. El estaba con ellos al final de su peregrinaje al igual que en el principio.

Destaca el hagiógrafo la magnitud del milagro anotando que era la época de la siega de la cebada (marzo-abril), en cuya estación el río Jordán va crecido por la licuefacción de las nieves que cubren el monte Hermón. Las aguas interrumpieron su curso a unos veinticinco kilómetros al norte de Jericó, formando una barrera sólida hasta que todo Israel hubo pasado el Jordán. Las aguas descendentes siguieron su curso hasta el mar Muerto.

Los israelitas no vieron el dique o muro de aguas que se formó “a mucha distancia” al norte, en “Adam, la ciudad que está junto a Sartán,” dice el texto masorético. La ciudad de Adam se identifica con tell el-Damíyeh, a unos veinticinco kilómetros al norte de Jericó, y a dos kilómetros de la ribera oriental del Jordán, en la confluencia del Yaboc, donde se encuentra hoy el puente ed-Damiyeh, en la carretera de Naplusa a es-Salt. Sartán se identifica corrientemente con Qarn Sartabeh, promontorio de la parte oriental de la montaña de Efraím, que en forma de cuña se adentra en la cuenca jordánica, frente a ed-Damiyeh. En tiempos talmúdicos era este promontorio uno de los lugares preferidos para anunciar el novilunio. Esta sentencia tradicional ha recibido un contratiempo principalmente por los estudios de N. Glueck, que corrige el texto masorético como sigue: “Desde Adam hasta la fortaleza (mesad, en vez de missad, lado) de Sartán.” Este último lugar, según él, debe buscarse en tell es-Saidiyeh, a dieciocho kilómetros al norte de ed-Damiyeh. La historia recuerda otras dos ocasiones en que el desprendimiento de un inmenso bloque de un espolón oriental de la montaña de Efraím cayó sobre el lecho del río, interceptando el curso de las aguas. Tal fenómeno se produjo, según el historiador árabe Nuwairi, la noche del 6 al 7 de diciembre de 1267, en la región de ed-Damiyeh. Mientras éste se produjo a consecuencia del reblandecimiento de la montaña por las lluvias torrenciales de invierno, el del año 1927 debióse a un terremoto. Que igual fenómeno se produjera en el preciso momento en que los israelitas se disponían a pasar el río Jordán, no lo afirma ni lo niega el texto sagrado. Aunque así fuera, no es menos cierto que todo fue previsto, querido y provocado por Dios con el concurso de los agentes naturales dóciles a su palabra.

Rahab

Rahab era prostituta en Jericó. Como tal vivía al margen de la sociedad, casi totalmente rechazada. Su casa, construida como parte de los muros de la ciudad, proporcionaba alojamiento y favores a los viajeros. Era un lugar natural para que los espías israelitas se alojasen, ya que serían confundidos con clientes de Rahab.

Las historias acerca de los israelitas habían estado circulando por algún tiempo, pero ya era evidente que estaban por invadir la ciudad. Como vivía sobre el muro, Rahab se sentía especialmente vulnerable. Sin embargo, mientras tenía el mismo estado de ánimo general de temor del resto de la población, sólo ella se volvió al Señor en busca de salvación. Su fe le dio el coraje de esconder a los espías y mentir a las autoridades. Rahab sabía que su posición era peligrosa. Al dar asilo a los espías, corría el riesgo de que la descubrieran y mataran. Sin embargo, Rahab se arriesgó porque percibió que los israelitas dependían de un Dios digno de confianza. Dios recompensó a Rahab prometiéndole seguridad para ella y su familia.

Dios obra a través de personas como Rahab, a quienes nosotros fácilmente rechazaríamos. Dios la recuerda a causa de su fe, no de su profesión. Si a veces se siente que es un fracaso, recuerde que Rahab superó su situación por medio de su fe en Dios. ¡Usted puede hacer lo mismo!

Rahab fue antepasada de Booz, y por lo tanto de David y Jesús, Una de las únicas dos mujeres mencionadas en la lista de los Héroes de la Fe de Hebreos, Ingeniosa, dispuesta a ayudar a otros, a pesar del gran riesgo que corría, pero era prostituta.

De su vida aprendemos que No dejó que el temor afectara su fe en el poder de Dios para dar la victoria

La encontramos en Jericó de prostituta mesonera, después se convirtió en esposa, Antepasada de David y Jesús y contemporánea de Josué

El milagroso cruce del Jordán

El acontecimiento principal es la milagrosa división de las aguas del río Jordán, que permitió al pueblo pasar a la tierra prometida. Unida a este evento está la explicación de las piedras colocadas en el santuario de Gilgal. Además se menciona el arca de la alianza, que era, sin duda, el centro del culto. Esta situación ha puesto de relieve el papel de los sacerdotes en el cruce del río, dando una imagen más de procesión litúrgica que de una campaña militar.

Algunos comentaristas han afirmado que en esta sección hay dos relatos distintos del cruce del Jordán, que finalmente fueron combinados en una sola redacción. El argumento se basa enque da la impresión de que todo el pueblo no había atravesado el río. Lo que sucede es que el historiador tuvo que relacionar tres eventos superpuestos, que son: la presencia de los sacerdotes y el arca, la historia del pueblo atravesando el río Jordán, y la historia de las piedras conmemorativas, tanto las que fueron retiradas del río como las que fueron colocadas en el río. La explicación que algunos dan a la probable confusión es que cuando se habla del pueblo cruzando el ríox se quiere mostrar, en el primer versículo, que los sacerdotes permanecieron inmóviles durante el paso y que el evento de las piedras conmemorativas tuvo lugar antes de que el pueblo hubiera terminado de cruzar el río. Estas aclaraciones permiten estudiar los tres aspectos relacionados con el mismo evento principal de la travesía del río.

Preparativos para el cruce

El redactor de este capítulo no se preocupó por conciliar su cronología, donde se dice que los espías permanecieron con Rajab por un tiempo breve y luego se escondieron tres días antes de regresar al campamento. Los tres días de preparación de Josué no bastarían para hacer todas esas cosas. Parece ser que el relato aquí retoma la cronología de los preparativos relatados para continuar directamente al cruce del río.

Josué ordena el paso colocando dos señales de mucho significado para el pueblo:

(1) la presencia del arca y su posición delantera durante el cruce, y

(2) la purificación del pueblo para ver las maravillas que Dios haría con ellos en ese día y los venideros.

El arca tenía un doble propósito en la vida del pueblo de Israel: Por una parte, era un signo de la presencia de Jehová en medio de su pueblo o delante de él, como en el caso del cruce del Jordán. Por otra parte, servía como depósito de las dos tablas que contenían el decálogo que Jehová había entregado a Moisés. De esta manera el pueblo estaba seguro del liderazgo que Jehová ejercía en la vida y las acciones del pueblo como la entrada a Canaán. La visualización del arca permitiría dirigir al pueblo en un mismo sentido evitando confusiones y enredos. La distancia a que debían marchar respecto a ella facilitaba que fuera vista por todos desde cualquier lugar adyacente. La presencia de los sacerdotes en el transporte del arca aumenta el significado del acto, pues era extraordinario lo que iba a ocurrir. Normalmente los que transportaban el arca eran los levitas, pero esta ocasión era cumbre en la historia del Israel; consistía en la realización de la esperanza que había nacido cuando aún eran esclavos en Egipto.

La purificación tenía un carácter sagrado. Era una manera de prepararse para experimentar una presencia especial de Jehová. Esta purificación consistía en una limpieza general. Aunque se acostumbraba incluir la abstinencia sexual en los preparativos de la guerra, no se menciona nada explícito en esta ocasión.

La situación creada daba lugar a una expectativa muy grande, era la acción de Dios la que se iba a manifestar y a destacar, no el esfuerzo de un pueblo. El arca llevada por los sacerdotes marcaba un cambio más de forma que de fondo en esta nueva etapa de la historia de Israel, pues así como el cruce del mar Rojo fue un hito en el éxodo, el cruce del río Jordán sería un hito en el proceso de toma de la tierra prometida. El arca ahora cumplía el mismo papel que la vara de Moisés en el mar Rojo, pero era el mismo Jehová quien actuaba en forma poderosa y fiel para con el pueblo escogido.

En este momento Jehová habló a Josué para animarle y reconocerle ante el pueblo, aunque este ya había sido objeto de honores. Sin embargo, en esta oportunidad su nuevo reconocimiento coincidía con una ocasión especial en la historia de Israel.

Josué anuncia anticipadamente lo que va a suceder. La palabra precede al milagro, de tal manera que el cumplimiento de lo predicho fortalece la confianza del pueblo en Jehová y aumenta el reconocimiento del liderazgo de Josué. El pueblo supo poco, antes del cruce, sobre la manera en que este evento iba a ocurrir; tal vez esto fortalecía la confianza en Jehová, de la manera como el pueblo encontró respuesta a orillas del mar Rojo en otro momento crucial. Jehová es el Dios de Israel que se manifiesta oportunamente, ni tarde ni temprano, justo en el tiempo conveniente.

Menciona los pueblos que serán afectados por la llegada de los hebreos. No hay mucha información acerca de cada uno de ellos, pero lo único que se sabe es que parte de esos pueblos habitaba en la tierra de Canaán, por lo cual debe quedar claro que no se trata de una conquista total de los grupos sino de las ciudades donde habitaban algunos reyes de estos pueblos.

El paso por el río Jordán

El paso por el río Jordán fue un milagro producido por Jehová quien aprovechó esta ocasión para mostrar su poder y su fidelidad al pueblo escogido.

Ofrece detalles históricos y geográficos precisos del lugar donde se detuvieron las aguas como en un “embalse” (ned. Probablemente el río se detuvo a unos 25 a 30 km. del lugar por donde el pueblo atravesaría. Hay un paralelo de estos acontecimientos con los relatados por un historiador árabe, que describe cómo en el año 1267 d. de J.C. cerca de una ciudad que muchos identifican con Adam, el río permaneció seco durante unas 15 horas a consecuencia de la caída de un alud de tierra. En este siglo un terremoto en 1927 provocó un derrumbe en un lugar cercano a donde se localizaba Adam y detuvo las aguas unas 20 horas. Las narrativas de estos eventos semejantes no tienen el propósito de disminuir la realidad de una acción extraordinaria de parte de Dios en el tiempo de Josué. Pero sí, pueden ayudar a evitar que en la mente moderna surjan explicaciones simplistas, que concluyen que estos eventos ocurrieron en la imaginación popular hebrea y que con un carácter de leyenda lo que se proponían era alimentar la fe del pueblo.

El evento narrado aquí no es resultado de una fe que se mueve en el ámbito de la religiosidad popular; por el contrario, la veracidad histórica, mencionada anteriormente, permite subrayar la acción poderosa de Dios en la historia humana. ¿Quién podría provocar un derrumbe en un momento tan oportuno para el paso del pueblo a 30 km. de distancia? ¿Quién podría detener la fuerza de las aguas del río, que según arqueólogos alcanza una velocidad de 7 a 8 km. por hora en tiempos de la cosecha? Solo la afirmación de la soberana providencia de Dios puede ofrecernos una explicación satisfactoria.

La manifestación de Jehová en la historia de Israel no fue una intervención ocasional y mágica, sino una presencia permanente e histórica. Por eso este pueblo fue receptor de la revelación de Dios en este período de la historia; aprendió a conocer a Jehová en esta forma, y paradójicamente la ausencia o demora, según ellos, de una acción redentora por parte de Jehová los hacía caer en confusión y dudas que en algunas ocasiones, eran fatales para el avance hacia la tierra prometida.

Las aguas “se detuvieron” mientras los sacerdotes permanecían en el centro. El mismo verbo heb. (amad) es traducido “estuvieron, para hablar de la inmovilidad de los sacerdotes.

Todo el evento del cruce milagroso es significativo puesto que subraya la presencia de Jehová en medio del pueblo que atraviesa uno de los lugares y momentos más especiales en su historia: van camino a la meta que animó a toda una generación.

Después que los israelitas pasaron el río sanos y salvos, ¿qué? ¿Conquistar la tierra? Todavía no. Primero, Dios les mandó construir un monumento con doce piedras sacadas del río por doce hombres, uno de cada tribu. Esto puede parecer un paso insignificante en su misión de conquistar la tierra, pero Dios no quería que su pueblo emprendiera nada sin prepararse. Debían concentrarse en Dios y recordar quién los estaba guiando. Cuando esté ocupado haciendo las tareas que Dios le ha dado, aparte unos momentos de quietud, ratos para levantar su monumento al poder de Dios. El exceso de actividad puede hacerle perder su concentración en Dios.

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