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Josué 3: El paso del Jordán

Una Publicación escrita por uno de esos ángeles que se encuentran por doquier que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar. Conviértete en uno de ellos y compártela. Será de Bendición para ti y para el que la reciba.

Dios dividió las aguas del Mar Rojo para sacarlos de Egipto y después dividió el Jordán para que entraran en Canaán. Estos milagros demostraron a Israel que Dios cumple sus promesas. La presencia de Dios entre su pueblo y su fidelidad hacia ellos hicieron posible que terminaran toda la trayectoria de Egipto a la tierra prometida. El estaba con ellos al final de su peregrinaje al igual que en el principio.

Destaca el hagiógrafo la magnitud del milagro anotando que era la época de la siega de la cebada (marzo-abril), en cuya estación el río Jordán va crecido por la licuefacción de las nieves que cubren el monte Hermón. Las aguas interrumpieron su curso a unos veinticinco kilómetros al norte de Jericó, formando una barrera sólida hasta que todo Israel hubo pasado el Jordán. Las aguas descendentes siguieron su curso hasta el mar Muerto.

Los israelitas no vieron el dique o muro de aguas que se formó “a mucha distancia” al norte, en “Adam, la ciudad que está junto a Sartán,” dice el texto masorético. La ciudad de Adam se identifica con tell el-Damíyeh, a unos veinticinco kilómetros al norte de Jericó, y a dos kilómetros de la ribera oriental del Jordán, en la confluencia del Yaboc, donde se encuentra hoy el puente ed-Damiyeh, en la carretera de Naplusa a es-Salt. Sartán se identifica corrientemente con Qarn Sartabeh, promontorio de la parte oriental de la montaña de Efraím, que en forma de cuña se adentra en la cuenca jordánica, frente a ed-Damiyeh. En tiempos talmúdicos era este promontorio uno de los lugares preferidos para anunciar el novilunio. Esta sentencia tradicional ha recibido un contratiempo principalmente por los estudios de N. Glueck, que corrige el texto masorético como sigue: “Desde Adam hasta la fortaleza (mesad, en vez de missad, lado) de Sartán.” Este último lugar, según él, debe buscarse en tell es-Saidiyeh, a dieciocho kilómetros al norte de ed-Damiyeh. La historia recuerda otras dos ocasiones en que el desprendimiento de un inmenso bloque de un espolón oriental de la montaña de Efraím cayó sobre el lecho del río, interceptando el curso de las aguas. Tal fenómeno se produjo, según el historiador árabe Nuwairi, la noche del 6 al 7 de diciembre de 1267, en la región de ed-Damiyeh. Mientras éste se produjo a consecuencia del reblandecimiento de la montaña por las lluvias torrenciales de invierno, el del año 1927 debióse a un terremoto. Que igual fenómeno se produjera en el preciso momento en que los israelitas se disponían a pasar el río Jordán, no lo afirma ni lo niega el texto sagrado. Aunque así fuera, no es menos cierto que todo fue previsto, querido y provocado por Dios con el concurso de los agentes naturales dóciles a su palabra.

Rahab

Rahab era prostituta en Jericó. Como tal vivía al margen de la sociedad, casi totalmente rechazada. Su casa, construida como parte de los muros de la ciudad, proporcionaba alojamiento y favores a los viajeros. Era un lugar natural para que los espías israelitas se alojasen, ya que serían confundidos con clientes de Rahab.

Las historias acerca de los israelitas habían estado circulando por algún tiempo, pero ya era evidente que estaban por invadir la ciudad. Como vivía sobre el muro, Rahab se sentía especialmente vulnerable. Sin embargo, mientras tenía el mismo estado de ánimo general de temor del resto de la población, sólo ella se volvió al Señor en busca de salvación. Su fe le dio el coraje de esconder a los espías y mentir a las autoridades. Rahab sabía que su posición era peligrosa. Al dar asilo a los espías, corría el riesgo de que la descubrieran y mataran. Sin embargo, Rahab se arriesgó porque percibió que los israelitas dependían de un Dios digno de confianza. Dios recompensó a Rahab prometiéndole seguridad para ella y su familia.

Dios obra a través de personas como Rahab, a quienes nosotros fácilmente rechazaríamos. Dios la recuerda a causa de su fe, no de su profesión. Si a veces se siente que es un fracaso, recuerde que Rahab superó su situación por medio de su fe en Dios. ¡Usted puede hacer lo mismo!

Rahab fue antepasada de Booz, y por lo tanto de David y Jesús, Una de las únicas dos mujeres mencionadas en la lista de los Héroes de la Fe de Hebreos, Ingeniosa, dispuesta a ayudar a otros, a pesar del gran riesgo que corría, pero era prostituta.

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Pastor Lionel

Evangelista. Autor de Vida de Jesús un Evangelio Armonizado; Sancocho Cristiano Vols.: I-IV y Bendiciones Cristianas Vols.: I y II. Libre entre los hombres, esclavo y siervo de Nuestro Señor Jesucristo

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