Que es el Espíritu de verdad. Su función especial es aplicar la verdad a los corazones de los cristianos, guiar a estos hacia ella y santificarlos por su poder.
Que el mundo no lo recibe, porque no lo conoce. El hombre, en su estado natural, hace irrisión de sus operaciones. La convicción, el arrepentimiento, la fe, la esperanza, el temor y el amor que produce interiormente–todo esto es precisamente lo que el mundo no puede comprender de la religión cristiana.
Que los creyentes lo conocen porque está en ellos. Ellos saben qué sentimientos infunde y qué frutos produce, aunque no puedan explicar del todo su naturaleza o determinar al principio de donde provienen. Pero son lo que son, (criaturas trasformadas, luz del mundo, en comparación con los impenitentes) mediante la morada del Espíritu en sus corazones.
Dios concede su Santo Espíritu a la iglesia para que habitando con ella hasta el segundo advenimiento de nuestro Señor Jesucristo, provea entre tanto a todas las necesidades de los creyentes.
Estas son verdades de la mayor importancia. Cualquiera doctrina acerca de la iglesia, del clero, o de los sacramentos que tienda a ofuscar la gracia del Espíritu o a reducirla a una mera forma, debe rechazarse como error de funestas consecuencias. No estemos tranquilos hasta que no tengamos una convicción íntima de que ese Espíritu mora en nosotros. «Si algún no tiene el Espíritu de Cristo el tal no es de él.» Rom_8:9.
Juan 14:18-20
En este pasaje se nos enseña que él segundo advenimiento de Cristo es para especial consuelo de los creyentes. «No os dejaré huérfanos: yo vendré a vosotros..
Ahora bien, ¿á qué venida de Jesús se refirió? Justo es confesar que este es un punto sobre el cual los cristianos han tenido muchas disputas. Muchos hay que creen que se refiere a su venida al mundo cuando resucitó. Otros piensan que alude a su venida invisible hacia los corazones de su pueblo por medio de la gracia del Espíritu Santo. Otros a su venida espiritual el día de Pentecostés. Es de dudarse que alguna de estas opiniones pueda apoyarse en el sentido de la palabra «vendré..
Nosotros creemos que la voz citada se refiere al segundo advenimiento del Señor, al fin del mundo. La promesa es amplia, universal, hecha a los creyentes de todos los siglos, y no a los apóstoles solamente. Es semejante al anuncio que los ángeles hicieron a los discípulos después de la ascensión: «Este Jesús que ha sido tomado arriba de vosotros al cielo, así vendrá, como le habéis visto ir.» Es semejante a la promesa con la cual termina el libro de la Revelación: « Ciertamente vengo en breve.» Rev_22:20.
También se nos enseña en el pasaje arriba trascrito que la vida de Jesucristo garantiza la vida de los creyentes.
Entre Jesucristo y el verdadero cristiano existe una unión misteriosa pero indisoluble. El hombre que se adhiere a él por medio de la fe, queda en tan íntima relación con él como un miembro del cuerpo está relacionado con la cabeza. Siempre que Cristo viva él también vivirá. Para que muriera seria necesario que Cristo pudiese ser arrebatado del cielo y entregado a la muerte. Pero siendo Cristo Dios, esto es imposible que suceda. «Cristo habiendo resucitado de los muertos, ya no muere: la muerte no se enseñoreará más de él..
La vida de Cristo garantiza la continuación de la vida espiritual de los creyentes. Estos no caerán del todo, mas perseverarán hasta el fin. La naturaleza divina de que son partícipes, subsistirá para siempre. El germen incorruptible que existe dentro de ellos no será jamás destruido ni por el diablo ni por el mundo.
La vida de Cristo garantiza la resurrección de los creyentes. Así como él se levantó otra vez de entre los muertos, porque la muerte no pudo detenerlo un instante más del tiempo señalado, los cristianos también resucitarán el día que él los llame de sus tumbas. La victoria que ganó Jesús cuando hizo a un lado la piedra que lo cubría y salió del sepulcro, fue una victoria ganada para gloria de él y provecho de su pueblo.
El mundo en su indiferencia no alcanza a estimar en su debido valor los privilegios del cristiano, y no puede comprender por qué mi fortaleza es tan grande y por qué sus esperanzas acerca de la vida de ultratumba son tan risueñas. Y ¿por qué es? Porque está invisiblemente unido a un Salvador invisible que mora en los cielos. Cada hijo de Dios está imperceptiblemente ligado a la Roca de los Siglos. Cuando ese trono sea desquiciado, y solo entonces, debemos desesperar.
En este pasaje se nos enseña, finalmente, que los creyentes no tendrán pleno y perfecto conocimiento de las cosas divinas sino hasta el segundo advenimiento.
