Jesús prosiguió diciendo que el mundo no puede reconocer al Espíritu. Por mundo se entiende la parte de la humanidad que vive como si no hubiera Dios. La punta de las palabras de Jesús es que no se puede ver más que lo que se está preparado para ver. Un astrónomo ve mucho más en los cielos que uno que no lo es. Un botánico ve mucho más que otro cualquiera en un seto. Uno que entiende algo de arte ve mucho más en un cuadro que otro que no entienda nada. Uno que sepa algo de música sacará mucho más de un concierto que otro que no sepa nada. Siempre lo que vemos o experimentamos depende de lo que ya aportamos a la experiencia o a la contemplación. Una persona que ha eliminado a Dios de su vida nunca Le puede ver ni oír. No podremos recibir el Espíritu Santo a menos que esperemos Su venida con anhelante expectación y oración.
El Espíritu Santo no entra en ningún corazón rompiendo la puerta; espera a que se Le abra. Cuando pensamos en las maravillas que puede hacer el Espíritu Santo en nuestra vida, no nos cuesta apartar un tiempo en el ajetreo de la vida para aguardar Su venida en silencio.
EL CAMINO A LA COMUNIÓN Y A LA REVELACIÓN
Juan 14:18-24
No os dejaré huérfanos; volveré a vosotros. Dentro de un poquito, el mundo dejará de verme definitivamente; pero vosotros sí Me veréis, porque Yo estaré vivo, y vosotros también. En aquel día sabréis que Yo estoy en el Padre y vosotros en Mí tanto como Yo en vosotros. El que de veras Me ama es el que se entera de Mis mandamientos y los cumple. Mi Padre amará a la persona que Me ame, y Yo también la amaré y Me revelaré a ella.
Entonces Le preguntó Judas, no el Iscariote sino otro:
-¿Por qué es eso de que Te vas a revelar a nosotros, pero no al mundo?
-La persona que Me ame -le contestó Jesús-, hará caso de Mi palabra; y el Padre la amará, y vendremos a ella y moraremos con ella. La persona que no Me ame, tampoco hará caso de Mis palabras. Esto que Me estáis oyendo no es cosa Mía, sino que pertenece al Padre Que Me envió.
Ahora ya los discípulos no podían por menos de sentirse acechados por augurios de tragedia. Pero Jesús les dijo: «No os dejaré desvalidos.» La palabra en griego es órfanos, de la que viene la española con el mismo sentido: literalmente sin padre; pero también se aplicaba a situaciones de desamparo y falta de protección; se usa de los discípulos o estudiantes privados de la presencia y enseñanza de un querido maestro. Platón dice que, cuando murió Sócrates, sus discípulos pensaban que se tendrían que pasar el esto de la vida como niños abandonados o privados de un padre, y no sabían qué hacer. Pero Jesús les dijo a Sus discípulos que ese no sería su caso. «Volveré a vosotros,» les dijo.
Se refería a Su Resurrección y a Su presencia espiritual. Los discípulos Le verían, porque Él estaría vivo y ellos también. Lo que Él quería decirles era que ellos estarían espiritualmente vivos. De momento estaban confundidos y apabullados por el presentimiento de la inminente tragedia; pero llegaría el día en que se les abrirían los ojos -y entonces Le verían de veras. Eso fue exactamente lo que les sucedió cuando Jesús resucitó. Su resurrección cambió la desesperación en esperanza, y fue entonces cuando reconocieron, sin la menor sombra de duda, que Él era el Hijo de Dios.
En este pasaje Juan sigue barajando algunas ideas que nunca están lejos de su pensamiento.
(i) Primero y principalmente, está el amor. Para Juan el amor es la base de todas las cosas. Dios ama a Jesús; Jesús ama a Dios; Dios ama a la humanidad; Jesús ama a la humanidad; la humanidad ama a Dios por medio de Jesús; los seres humanos se aman unos a otros; el Cielo y la Tierra, la humanidad y Dios, las personas entre sí… todo está enlazado con el vínculo del amor.
(ii) Una vez más Juan subraya la necesidad de la obediencia, que es la única prueba del amor. Fue a los que Le amaban a los que Se apareció Jesús cuando resucitó, no a los escribas y fariseos y los demás adversarios.
(iii) Este amor obediente y confiado conduce a dos cosas. La primera, a la seguridad absoluta. El día del triunfo de Jesús, los que hayan estado unidos a Él por el amor obediente estarán a salvo en un mundo que se hunde. La segunda, a una Revelación cada vez más plena. La Revelación de Dios es algo costoso. Siempre tiene una base moral; es a la persona que cumple Sus mandamientos a la que Se revela Cristo. Una persona mala jamás podrá recibir la Revelación de Dios. Puede que Dios la use; pero no puede tener comunión con Él. Dios sólo se revela a los que Le buscan. Y es sólo a la persona que, a pesar de sus fracasos, se eleva hacia Dios, a la que Dios desciende. La comunión con Dios y la Revelación de Dios dependen del amor; y el amor depende de la obediencia. Cuanto más obedecemos a Dios, mejor Le entendemos; y la persona que anda por Sus caminos no puede por menos de caminar con Él.
