La gente se quedaba atónita con el poder de Jesús, ¡y no nos sorprende! El Oriente antiguo estaba lleno de gente que pretendía poder exorcizar a los demonios. Pero tenían unos métodos fantásticos y maravillosos. Cierto exorcista le ponía un anillo al paciente debajo de la nariz, y recitaba largos encantamientos. Y entonces habría como una salpicadura en un barreño de agua que había colocado allí al lado, y el demonio salía « como por enSalmo». Una raíz que se llamaba baaras era especialmente efectiva. Cuando se le acercaba alguien, se hundía en el suelo a menos que se la agarrara a toda prisa, y el agarrarla era muerte instantánea. Así que cavaban el terreno alrededor de ella, le ataban un perro, que arrancaba la raíz con sus tirones, y moría el perro como un sustituto del hombre. ¡Qué diferencia entre toda esta parafernalia histérica y la tranquila y sencilla orden de Jesús! Lo que dejaba estupefactos a los espectadores era su simple autoridad.
La autoridad de Jesús era algo totalmente nuevo. Cuando los rabinos enseñaban, apoyaban todas sus afirmaciones con citas de otros. Decían: «El rabí Tal y Tal dijo…», «Hay una tradición que dice…» Siempre apelaban a autoridades reconocidas. Por su parte, los profetas decían: «Así dice el Señor». Tenían una autoridad delegada. Pero Jesús decía: «Yo os digo.» No necesitaba otras autoridades que le respaldaran; su autoridad no dependía de otras: era la autoridad hecha carne. Era un hombre que hablaba como el que sabía.
El experto en cualquier esfera tiene un aire de autoridad. Un músico cuenta que, cuando Toscanini se dirigía al atril, toda la orquesta sentía que de él fluía autoridad. Cuando nos hace falta consejo técnico, llamamos a un experto. Jesús es el experto en la vida. Cuando Él habla, todos sabemos que se trata de algo más allá de lo humano -es Dios.
MILAGRO EN LA CABAÑA
Cuando Jesús salió de la sinagoga, se fue a la casa de Simón Pedro. La suegra de Simón estaba aquejada de una fiebre impresionante, y le pidieron a Jesús que hiciera algo por ella. Él se puso a su lado y reprendió a la fiebre, que al momento la dejó. Sin perder un momento, la que había estado tan mal se levantó y se puso a servirles la comida.
Aquí escribe el médico Lucas. Aquejada de una fiebre impresionante: cada palabra es un término médico. Aquejada corresponde a la palabra médica griega para alguien que padece una enfermedad. Los autores médicos griegos dividían la fiebre en dos categorías: mayor y menor. Lucas sabía dictaminar una enfermedad. Hay tres grandes verdades en este breve incidente.
(i) Jesús estaba siempre dispuesto a servir. Acababa de salir de la sinagoga. Los predicadores sabrán cómo se sienten después de un culto. Uno se encuentra agotado, y necesita descansar. Lo último que desea es encontrarse con mucha gente que venga a pedirle más esfuerzo. Pero Jesús no había hecho más que salir de la sinagoga y entrar en casa de Simón, cuando se vio asaltado por el grito insistente de la necesidad humana. Jesús no alegó que estaba cansado y que tenía que descansar, y atendió a la petición sin queja ni demora.
El Ejército de Salvación cuenta lo que le sucedió a la señora Berwick en los días de los bombardeos de Londres. Había estado a cargo del trabajo social del-Ejército en Liverpool, y se había retirado a Londres. A la gente se le metían en la cabeza unas ideas muy raras durante los bombardeos, y una de ellas fue que, por lo que fuera, la casa de la señora Berwick era un lugar seguro; así es que se agolparon allí. Aunque ella estaba retirada, no había perdido el instinto de ayudar. Reunió una caja de primeros auxilios, y puso un cartel en la ventana: « Si necesitas ayuda, llama aquí.» Jesús siempre estaba dispuesto a ayudar. Sus seguidores debemos hacer lo mismo.
(ii) A Jesús no le hacía falta que hubiera mucha gente para hacer milagros. Muchos están dispuestos a hacer un esfuerzo ante las multitudes que no harían en privado. Muchos están en su mejor actitud en sociedad, y en su peor en casa. Es corriente que se sea gracioso, cortés y servicial ante extraños, y lo contrario cuando no se está más que con los de casa. En muchos se cumple el dicho de que « Cuando hay confianza, da asco.» Pero Jesús estaba dispuesto a desplegar todo su poder en una cabaña de la aldea de Cafarnaún, donde no había mucho público.
(iii) Cuando se sintió bien la suegra de Pedro, sin perder un momento… se levantó y se puso a servirles la comida. Se dio cuenta de que se le había devuelto la salud, y su manera de mostrar su agradecimiento fue ponerse a servir a los demás. No quería mimos ni contemplaciones; lo que quería era ponerse a guisar y a servirles la comida a los suyos y a Jesús. Así son las madres. Y todos haríamos bien en tener presente que si Dios nos ha concedido o devuelto el don inapreciable de la salud y las fuerzas, lo mejor que podemos hacer es usarlas para servir a otros.
