Ministerio basado en principios bíblicos para servir con espíritu de excelencia, integridad y compasión en nuestra comunidad, nuestra nación y nuestro mundo.

Logo

Números 4: Tareas de los levitas

Reglas para mantener la santidad y la pureza del pueblo

A primera vista, parece que las reglas presentadas en estos capítulos no tienen nada que ver la una con la otra, ni la colección entera con su contexto en el libro. Pero el tema que corre a través de estas reglas es la santidad del pueblo. El pueblo ya ha sido contado y organizado para la marcha y para la guerra que se acerca. Los levitas han sido contados y organizados para llevar a cabo su especial servicio espiritual. Pero si el pueblo va a gozar de las bendiciones divinas en la marcha, en la guerra y en la vida en general, tiene que ser un pueblo santo porque Jehová es un Dios santo. Para mantener la santidad, el pueblo tiene que evitar la inmundicia o la contaminación en todas sus formas. La contaminación moral y espiritual resulta del pecado y de no cumplir los votos. Pero el concepto de la inmundicia también influye la contaminación física que resulta de la suciedad, la enfermedad y la muerte. Por eso, antes de salir del monte Sinaí en el viaje hacia la tierra prometida, el pueblo tiene que saber cómo evitar y/o limpiarse de la contaminación en todas sus formas. Los sacerdotes juegan un papel importante en mantener la santidad del pueblo.

Exclusión del campamento de los contaminados. La inmundicia del leproso se establece. Al leer los pasajes bíblicos que tratan de la lepra, parece que el término se usa en un sentido más amplio que el que usan los médicos modernos. Además de la mycobacterium leprae (mal de Hansen), la lepra en la Biblia parece incluir la psoriasis, la eczema y otras enfermedades que causan manchas o llagas en la piel . La inmundicia de los que sufren de un flujo (especialmente de los órganos sexuales) se establece; y la de los que han tocado un cadáver.

Este pasaje manda que todos los contaminados deben ser expulsados del campamento. Hoy podemos ver que hay buenas razones higiénicas detrás de estas reglas: evitan el contagio y ayudan a mantener la salubridad del pueblo. Pero los hebreos y otros pueblos del mundo antiguo no distinguían entre lo sagrado y lo secular, lo espiritual y lo físico. Toda enfermedad o condición anormal, y mucho más la muerte, estaba en contra de la vida y el bienestar que Dios concede. Por eso, la muerte, la enfermedad y la impureza en todas sus formas estaban en contra de la santidad de Dios. Como Jehová mismo habita en medio del campamento de su pueblo, no puede tolerar que nada inmundo entre en el campamento. Si el campamento llega a estar contaminado, un Dios santo tendrá que retirarse. Para evitar eso, hay que excluir a toda persona inmunda del campamento (por lo menos hasta cumplir el tiempo y los requisitos necesarios para su limpieza).

En el NT, vemos que Jesús no evitó el contacto con las personas contaminadas. Tocó a un leproso; fue tocado por una mujer con un flujo de sangre; y tocó a los muertos y paralelos; ver también. Parece que Jesús aplicó el mismo principio que anunció: nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar. Lo que contamina al hombre ante Dios es la actitud de su corazón. Jesús entonces hace una distinción entre la contaminación física y la espiritual. El contacto con algo desde afuera puede ensuciar el cuerpo y quizá dañar la salud; por eso, hay que practicar buena higiene. Pero el contacto con la contaminación física no es un pecado que condena al hombre delante de Dios. Por eso, los cristianos no observamos todas las reglas del AT en cuanto a la limpieza física y ceremonial.

No obstante, debemos reconocer que a veces la Biblia se refiere al poder del pecado de contaminar toda la vida y aun a otras personas, como si fuera una enfermedad contagiosa. La influencia del pecado también se compara a la levadura. Un poco de levadura leuda toda la masa; por eso hay que quitar al perverso de entre la congregación del pueblo de Dios. Esta es la base de la disciplina en la iglesia. A menudo ha sido practicada con una actitud vengativa en vez de con solicitud por el hermano que yerra. Pero además de considerar el bienestar del individuo, hay que guardar la salud moral y espiritual de todo el pueblo. Por eso, a veces es necesario excluir a un individuo (hasta que se purifique) para que no contamine a todo el pueblo. Dios todavía busca un pueblo santo y puro en medio del cual puede habitar.

Deja el primer comentario

Otras Publicaciones que te pueden interesar