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Pedro encuentra una moneda en la boca de un pez

Habiendo llegado a Cafarnaúm, se acercaron a Pedro los recaudadores del tributo de las dos monedas, y le dijeron: Qué, ¿no paga vuestro Maestro las dos monedas? Sí, por cierto, respondió. Y habiendo entrado en casa, se le anticipó Jesús diciendo: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quién cobran tributo o censo? ¿De sus mismos hijos, o de los extraños? De los extraños, dijo él. Replicó Jesús : Luego, los hijos están exentos. Con todo eso, por no escandalizarlos, ve al mar y tira el anzuelo, y coge el primer pez que saliere, y abriéndole la boca hallarás una pieza de plata de cuatro dracmas; tómala y dásela por mí y por ti. Mateo 17: 24-27

El templo de Jerusalén tenía unos gastos de mantenimiento elevadísimos. En todos los sacrificios de la mañana y de la tarde se ofrecía un cordero de un año, con vino, harina y aceite. El incienso que se quemaba todos los días tenía que comprarse y prepararse. Había que reponer con frecuencia las cortinas y las .ropas de los sacerdotes, que eran caras; y las vestiduras del sumo sacerdote costaban no menos que el rescate de un rey. Todo esto suponía dinero.

Así que, sobre la base de Éxodo 30:13, estaba establecido que todos los varones judíos de veinte años para arriba debían pagar el impuesto anual del templo de medio siclo. En los días de Nehemías, cuando el pueblo era pobre, se redujo a la tercera parte de un siclo. Medio siels equivalía a dos dracmas griegas; por eso se llamaba corrientemente al impuesto didrajm, como aparece en este pasaje. Para hacernos una idea de su equivalencia actual diremos que era igual al salario de dos días de un jornalero. Este impuesto hacía que ingresaran en el tesoro del templo unos 15,000,000 de pesetas al año; pero no olvidemos en este cálculo que el salario diario sería de 10 pesetas. En teoría, el impuesto era obligatorio, y las autoridades del templo tenían poder para deducírselo a una persona de sus bienes si dejaba de pagarlo.

El método de cobro estaba cuidadosamente organizado. El día 1 del mes de adar, correspondiente a marzo, se anunciaba en todos los pueblos y aldeas de Palestina que había llegado el tiempo de pagar el impuesto. El día 15 del mismo mes se instalaban puestos en todos los pueblos y aldeas, donde se pagaba el impuesto. Si no se pagaba antes del 25 de adar, se podía abonar directamente en el templo de Jerusalén.

En este pasaje vemos a Jesús pagando el impuesto del templo. Los cobradores se dirigieron a Pedro y le preguntaron si su Maestro pagaba Sus impuestos. Es probable que la pregunta se hiciera con una intención maliciosa, esperando que Jesús rehusara pagar; porque, en ese caso, los ortodoxos tendrían algo de que acusarle. Pedro contestó inmediatamente que claro que su Maestro pagaba el impuesto. Después fue, y Se lo dijo a Jesús, y Jesús usó una especie de parábola en los versículos 25 y 26.

La escena representada tiene dos posibilidades de interpretación, pero en ambos casos su sentido es el mismo.

(i) En el mundo antiguo, las naciones que conquistaban y colonizaban a otras no tenían mucha idea ni intención de gobernar para favorecer a los pueblos sometidos. Más bien lo que consideraban era que los pueblos sometidos existían para ponerles a ellos las cosas más fáciles. En consecuencia, la nación conquistadora nunca pagaba tributo, aunque las demás sí lo pagaran. Eran las naciones sometidas las que soportaban la carga y pagaban los-impuestos. Así es que Jesús puede que quisiera decir: «Dios es el Rey de Israel; pero nosotros somos el verdadero Israel, porque somos ciudadanos del Reino del Cielo; los extranjeros puede que tengan que pagar, pero nosotros somos libres.»

(ii) Pero es probable que la alegoría fuera mucho más sencilla. Si algún rey imponía tributo a una nación, está claro que no incluía en la obligación de pagarlo a su propia familia. Los impuestos se cobraban para el mantenimiento de su propia casa. El impuesto en cuestión era para el templo, que era la casa de Dios. Jesús era el Hijo de Dios. Él dijo cuando Sus padres Le encontraron en Jerusalén: «¿Es que no sabíais que Yo tendría que estar en la casa de Mi padre?» (Lucas 2:49).

¿Cómo iba a estar obligado el Hijo a pagar el impuesto que se cobraba para la casa de Su Padre? A pesar de todo, Jesús dijo que tenían que pagar, no porque estuvieran sometidos a la ley, sino por urca obligación superior. Dijo que debían pagar «para no ofender a nadie.» El Nuevo Testamento usa siempre el verbo ofender (skandalizein) y el nombre ofensa (skándalon) en un sentido especial. El verbo no se usaba nunca con el sentido de insultar, o molestar, u ofender el orgullo de nadie. Siempre quena decir ponerle una piedra de tropiezo en el camino a alguien. Hacer que alguien tropezara y cayera. Por tanto, Jesús está diciendo: «Debemos pagar para no dar a otros mal ejemplo. No debemos conformarnos con cumplir con nuestro deber, sino que debemos actuar de tal manera que los demás puedan ver lo que tienen que hacer.» Jesús no Se permitiría nada que pudiera hacer que otra persona menospreciara las obligaciones normales de la vida. En la vida ,puede que haya a veces exenciones que se pueden reclamar; puede que haya cosas que nos podemos permitir hacer u omitir sin riesgo. Pero no debemos reclamar nada ni permitirnos nada que pueda ser un mal ejemplo para los demás.

Nos podríamos preguntar por qué se transmitió esta historia. Por razones de espacio, los evangelistas tuvieron que seleccionar su material. ¿Por qué incluyeron esta historia? El evangelio de Mateo se escribió entre los años 80 y 90 d.C. Ahora bien, un poco antes de entonces los judíos y los cristianos israelitas tuvieron que enfrentarse con un problema real e inquietante. Ya vimos que todo varón judío a partir de los veinte años de edad tema que pagar el impuesto del templo; pero el templo fue destruido totalmente el año 70 d.C., y ya no se reconstruyó. Después de la destrucción del templo, el emperador romano Vespasiano decretó que el medio siclo del impuesto del templo tenía que pagarse entonces a la tesorería del templo de Júpiter Capitolino de Roma.

Aquí sí que surgió un problema. Muchos de los judíos y de los cristianos israelitas se sintieron tentados a rebelarse contra esta imposición. Cualquier rebelión semejante que se produjera tendría consecuencias desastrosas, porque sería aplastada inmediatamente, y habría reportado a los judíos y a los cristianos la reputación de ser ciudadanos desleales y desafectos.

Esta historia se incluyó en los evangelios para decirles a los cristianos, especialmente a los del pueblo de Israel que, por muy desagradable que les resultara, tenía que asumir sus obligaciones como ciudadanos. Esta historia nos dice a nosotros que el Cristianismo y la buena ciudadanía van mano a mano. El cristiano que se exime de las obligaciones de la buena ciudadanía, no solamente está fallando como ciudadano, sino también como cristiano.

Cómo pagar nuestras deudas

Ahora llegamos a la historia misma. Si la tomamos con un miope y crudo literalismo, quiere decir que Jesús le dijo a Pedro que fuera a pescar un pez, y que encontraría un stater en la boca del pez, que seria suficiente para pagar el impuesto de ellos dos. No es irrelevante advertir que el evangelio no nos dice si Pedro lo hizo. La historia acaba con el dicho de Jesús.

Antes de empezar a examinar el pasaje debemos recordar que a todos los pueblos orientales les encanta contar las cosas de la manera más dramática y vivaz posible; y que les encanta decir las cosas con una sonrisa radiante y sugestiva. Este milagro es difícil en tres sentidos.

(i) Dios no realiza un milagro para hacer lo que podemos hacer nosotros. Eso nos perjudicaría más que ayudarnos. Por muy pobres que fueran los discípulos, no necesitaban un milagro para ganarse dos medios siclos. No estaba fuera de las posibilidades humanas el ganar esa cantidad.

(ii) Este milagro transgrede la gran decisión de Jesús de no usar nunca Su poder milagroso para Su propio fin. Él podría haber convertido las piedras en pan para satisfacer Su propia hambre, pero rehusó hacerlo. Podría haber usado Su poder para elevar Su propio prestigio como obrador de maravillas, pero rehusó hacerlo. En el desierto, Jesús decidió de una vez para siempre no usar Su poder para Sus propios fines. Si se toma esta historia con un crudo literalismo, nos muestra a Jesús usando Su poder divino para satisfacer Su necesidad, y eso es algo que Jesús no haría jamás.

(iii) Si tomamos este milagro literalmente, hay un sentido en que llega a ser hasta inmoral. La vida sería un caos si una persona pudiera pagar sus deudas encontrando monedas en las bocas de los peces. Nunca se pretendió que la vida se organizara de tal manera que la gente pudiera cumplir sus obligaciones de una manera tan fácil y despreocupada. «Los dioses -dijo uno de los grandes griegos-han dispuesto que el sudor fuera el precio de todas las cosas.» Eso es tan cierto para el pensador cristiano como lo era para el griego.

En tal caso, ¿qué podemos decir a esto? ¿Tenemos que decir que esto no es más que una historia legendaria, mera invención imaginativa, y que no encierra ninguna verdad? ¡Nada de eso! No cabe duda de que algo sucedió.

Recordemos otra vez el amor de los orientales para las narraciones vivaces. Indudablemente lo que sucedió fue lo que sigue. Jesús le dijo a Pedro: « Sí, Pedro, tienes razón. Nosotros también debemos pagar nuestras deudas justas y legales. Bien, tú sabes cómo hacerlo. Vuele a pescar un día más. Recibirás dinero suficiente, y encontrarás dinero suficiente para pagar nuestras deudas en las bocas de los peces. Un día de pesca nos producirá iodo lo que necesitamos.»

Jesús estaba diciendo: «Vuelve a tu trabajo, Pedro. Esa es la manera como debemos :pagar nuestras deudas.» De igual manera, el mecanógrafo encontrará una camisa nueva en las teclas y la cinta de su máquina de escribir. El mecánico encontrará comida para sí mismo y para su mujer y familia en el cilindro del coche. El maestro encontrará dinero para cubrir sus gastos en la pizarra y la tiza. El empleado encontrará lo suficiente para mantenerse a sí mismo y a los suyos en el archivador y en los libros de oficina.

Cuando Jesús dijo esto, lo dijo con esa sonrisa sugestiva Suya, y con Su característico don para el lenguaje dramático. No estaba diciéndole a Pedro literalmente que encontraría una moneda en la boca del pescado. Lo que estaba diciéndole era que obtendría lo que necesitaba para pagar su deuda con un día de trabajo honrado.

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