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Romanos 3: La fidelidad de Dios y la infidelidad humana

La única manera de quedar en paz con Dios

Sabemos que todo lo que dice la Ley va dirigido a los que están dentro de su sistema; y la finalidad de la Ley es que se callen todas las bocas y que todo el mundo sepa que está expuesto al juicio de Dios; porque nadie va a llegar a la debida relación con Dios haciendo las cosas que manda la Ley. Lo que sí se obtiene mediante la Ley es la plena consciencia de la realidad del pecado. Pero ahora se nos abre un camino hacia la recta relación con Dios aparte de la Ley, del que dan testimonio la Ley y los Profetas. Porque la perfecta relación con Dios la obtienen por medio de la fe en Jesucristo todos los que creen en El. Yaquí no hay diferencia entre judíos y gentiles, porque todos han pecado y se encuentran excluidos de la gloria de Dios; pero alcanzan la debida relación con Dios gratuitamente, mediante Su Gracia, ‹ por medio de la liberación que ha obrado Jesucristo. Dios mismo nos Le presenta como el Que puede ganar nos el perdón de pecados si ponemos nuestra fe en su sangre. Dios lo ha hecho todo así para demostrar Su justicia, porque, en Su paciencia, había pasado por alto los pecados cometidos en el tiempo pasado, y lo hizo para demostrar Su justicia en esta era presente, para que quede claro que Él es el único justo, y el Que acepta como justos a todos los que creen en Jesús.

Aquí tenemos otro pasaje que no es fácil de entender, pero que está lleno de riqueza cuando se capta su significado. A ver si podemos penetrar en la verdad básica que contiene.

El problema supremo de la vida es: ¿Cómo puede uno estar en la debida relación con Dios? ¿Cómo puede sentirse en paz con Dios? ¿Cómo puede dejar de sentirse a una distancia insalvable, y de tenerle miedo a la presencia de Dios? La religión de los judíos contestaba: «Uno puede llegar a estar en la debida relación con Dios cumpliendo meticulosamente todo lo que manda la Ley.» Pero eso equivale a decir sencillamente que nadie tiene la menor posibilidad de llegar a estar en la debida relación con Dios, porque nadie puede cumplir perfectamente todos los mandamientos de la Ley. Entonces, ¿para qué sirve la Ley? Para que nos demos cuenta de la realidad del pecado. Sólo cuando conocemos la Ley e intentamos cumplirla nos damos cuenta de que nos es imposible. El propósito de la Ley es hacernos conscientes de nuestra debilidad y pecado. Entonces, ¿es imposible llegar a Dios? Todo lo contrario; porque el camino que nos lleva a Dios no es el de la Ley, sino el de la Gracia.
No por las obras, sino por la fe.

Para ponérnoslo más claro, Pablo usa tres comparaciones.

(i) Nos pone el ejemplo del tribunal, lo que llamamos justificación. En este ejemplo se piensa que el hombre se encuentra ante el tribunal de Dios. La palabra griega que traducimos por justificar es dikaiún. Todos los verbos griegos que terminan en -ún quieren decir, no hacer a alguien algo, sino tratar, considerar a uno como algo. Si se presenta ante el juez uno que es inocente, el juez le declara inocente. Pero el caso del que se presenta ante Dios es que es totalmente culpable, y sin embargo Dios, en su infinita misericordia, le trata y le considera como si fuera inocente. Eso es lo que quiere decir justificación.

Cuando Pablo dice que «Dios justifica al malvado» quiere decir que Dios le trata como si fuera bueno. Eso era lo que escandalizaba a los judíos hasta el colmo. Para ellos eso sólo lo harta un juez inicuo. « El justificar al culpable es una abominación para Dios» (Proverbios 17:15). «Yo no perdonaré al culpable» (Éxodo 23:7). Pero Pablo dice que eso es precisamente lo que hace Dios.

¿Cómo puedo yo saber que Dios es así? Lo sé porque Jesús lo ha dicho. Vino a decirnos que Dios nos ama aunque somos malos. Vino a decirnos que, aunque somos pecadores, seguimos siéndole muy queridos a Dios. Cuando descubrimos eso y lo creemos, se cambia radicalmente nuestra relación con Dios. Somos conscientes de nuestro pecado, pero ya no estamos aterrados ni alejados. Quebrantados y arrepentidos acudimos a Dios, como viene a su madre un niño triste, y sabemos que el Dios al Que venimos es amor.

Eso es lo que quiere decir justificación por la fe en Jesucristo. Quiere decir que estamos en la debida relación con Dios porque creemos de todo corazón que lo que Jesús nos ha dicho de Dios es la verdad. Ya no somos extraños que tienen terror a un Dios airado. Somos hijos, hijos errantes que confían en que su Padre los ama y los perdonará. Y nosotros no podríamos haber llegado nunca a esa relación con Dios si Jesús no hubiera venido a vivir y a morir para decirnos lo maravillosamente
que Dios nos ama.

(ii) Pablo nos pone el ejemplo del sacrificio. Nos dice que Dios hizo que Jesús fuera el que ganara el perdón de nuestros pecados. La palabra griega que usa Pablo para describir a Jesús es hilastérion. Viene de un verbo que quiere decir propiciar, y que se usa en relación con los sacrificios. En el Antiguo Testamento, cuando uno quebrantaba la Ley le ofrecía un sacrificio a Dios. Lo que pretendía era que el sacrificio le librara del castigo que habría de venirle. Para decirlo de otra forma: un hombre pecaba, y aquel pecado destruía su relación con Dios; para restaurarla ofrecía un sacrificio.

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