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Romanos 3: La fidelidad de Dios y la infidelidad humana

Debemos esforzarnos por ser buenos y cumplir la Ley de Dios, pero no ya porque tenemos miedo al castigo de Dios, sino porque nos damos cuenta de que debemos hacer todo lo posible para ser dignos de ese amor tan maravilloso. El esforzarnos por ser buenos no viene de tenerle miedo a Dios, sino de tenerle amor. Ahora sabemos que el pecado no es quebrantar la Ley, sino quebrantar el corazón de Dios; y es, por tanto, mucho más terrible.

Comparemos esto con lo que pasa en el nivel humano. Muchas personas se enfrentan con la tentación de hacer algo que no está bien; y no lo hacen, no porque tienen miedo a las consecuencias legales -una multa, o la cárcel-,sino porque no podrían enfrentarse con el dolor o la tristeza en los ojos de algún ser querido o varios. No es la ley del temor, sino la ley del amor la que les ha evitado dar el mal paso.

Esa debe ser nuestra actitud con Dios. Hemos sido liberados de la esclavitud de la ley del miedo, pero eso no justifica el que vivamos de cualquier manera. Ya no podemos hacer las cosas buscando sólo nuestro gusto e interés material, porque lo que ahora nos mueve a la bondad es la ley del amor, a la que nos sentimos más obligados que antes a la ley del miedo.

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