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Romanos 7: Liberados de la ley; unidos a Cristo

Una Publicación escrita por uno de esos ángeles que se encuentran por doquier que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar. Conviértete en uno de ellos y compártela. Será de Bendición para ti y para el que la reciba.

Entonces, ¿es la Ley una cosa mala porque produce el pecado? Pablo no tiene la menor duda de que hay sabiduría en el proceso.

(i) Primero, está convencido de que, sean las consecuencias las que sean, el pecado tiene que verse como pecado.

(ii) El proceso muestra la terrible naturaleza del pecado, porque toma una cosa -la Ley- que era santa y justa y buena, y la retuerce para que sirva para el mal. Lo terrible del pecado se ve en el hecho de que puede tomar una cosa buena, y convertirla en un instrumento para el mal. Eso es lo que hace el pecado. Puede tomar el encanto del amor, y convertirlo en lujuria. Puede tomar el deseo honroso de independencia, y convertirlo en una obsesión de dinero y poder. Puede tomar la belleza de la amistad, y usarla como seducción para cosas malas. Eso era lo que Carlyle llamaba «la infinita condenabilidad del pecado.» El mismo hecho de que tomó la Ley y la convirtió en una cabeza de puente para el pecado muestra la suprema maldad del pecado. Todo este proceso no es accidental; está diseñado para mostrarnos lo terrible que es el pecado, porque puede tomar las cosas más maravillosas y contaminarlas con su sucio contacto.

La situación humana

Somos conscientes de que la Ley es espiritual. ¡Pero yo soy una criatura de carne y hueso bajo el poder del pecado! No entiendo lo que me pasa. Lo que quiero hacer, no lo hago; pero lo que me repele, eso sí lo hago. Si de hecho hago lo que no quiero hacer, estoy de acuerdo con la Ley y la considero justa. Como están las cosas, ya no soy yo el que lo hace, sino el pecado que reside en mí. Quiero decir en mi naturaleza humana. El querer lo que está bien está dentro de mis posibilidades, pero no el hacerlo; porque no hago el bien que quiero hacer; pero el mal que no quiero hacer, eso sí que lo hago. Así que, si hago precisamente lo que no quiero hacer, ya no soy yo quien lo hace, sino el pecado que reside en mí. Mi experiencia de la Ley, entonces, es que quiero hacer lo que está bien, pero que lo único que está dentro de mis posibilidades es hacer lo que está mal. En cuanto a lo íntimo de mi ser, estoy totalmente de acuerdo con la Ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros que no hace más que presentar batalla contra la ley de mi mente, y me lleva cautivo mediante la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Qué miserable soy! ¿Quién me librará de este cuerpo fatal? ¡Dios! ¡Gracias Le doy mediante nuestro Señor Jesucristo. Por tanto, con la mente sirvo a la Ley de Dios; pero con la naturaleza humana, a la del pecado.

Pablo nos presenta su alma al desnudo; y nos habla de una experiencia que es de la misma esencia de la situación humana. Sabía lo que estaba bien, y quería hacerlo; y sin embargo, por alguna razón, no podía hacerlo. Sabía lo que estaba mal, y lo último que querría sería hacerlo; y, sin embargo, lo hacía. Se daba cuenta de que tenía una personalidad dividida, como si hubiera dos personas diferentes dentro de su piel, tirando cada una en un sentido diferente. Le perseguía este sentimiento de frustración; su capacidad para ver lo que estaba bien, y su incapacidad para hacerlo; su capacidad para reconocer lo que estaba mal, y su incapacidad para resistirse a hacerlo.

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Pastor Lionel

Evangelista. Autor de Vida de Jesús un Evangelio Armonizado; Sancocho Cristiano Vols.: I-IV y Bendiciones Cristianas Vols.: I y II. Libre entre los hombres, esclavo y siervo de Nuestro Señor Jesucristo

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