El efecto de la restauración es inmediato: el salmista quiere compartir su gozo con otros, que ellos oren también y sean restaurados. En el tiempo en que puedas ser hallado subraya la importancia de responder cuando el Espíritu de Dios redarguye, pues uno que rechaza la voz de Dios puede endurecerse hasta el punto cuando ya no le oye más. El ser humano siempre necesita la protección de Dios para que no se pierda en las caudalosas aguas de maldad y destrucción.
Ahora el salmista se dirige a Dios con un canto gozoso, en alabanza y confianza renovada.
Promesa y exhortación
Ahora Dios mismo contesta al salmista con la promesa de su dirección. Todo creyente quiere la guía de Dios en su vida, y él promete guiarnos. Nuestro Salvador es nuestro instructor, nos instruye con su Palabra y con el Espíritu Santo. Cuando estamos en comunión con él, podemos reconocer esta dirección. Sobre ti fijaré mis ojos indica la delicadeza de esta dirección. Cuando uno está en estrecha comunión con otro, sólo un movimiento de sus ojos indica su deseo. El creyente debe ser sensible a la voz del Espíritu Santo.
Ahora el salmista exhorta a los lectores. Lo que dice contrasta con la última frase del versículo 8, pues exhorta a que seamos sensibles a la guía de Dios de modo que él no tenga que usar la fuerza para que le obedezcamos.
El secreto del verdadero gozo
En un paralelismo antitético, el versículo 10 presenta las únicas dos opciones de la vida. El impío, el que no confía en Dios cosechará muchos dolores; la otra opción, confiar en Dios, conlleva la promesa de que la misericordia le cercará. ¡Qué lindo cerco para la vida!
Esta confianza en Dios hace prorrumpir un grito de alabanza: alegraos y gozaos son palabras comunes en los himnos de acción de gracias. El gozo no es sólo nuestro privilegio, es también nuestro deber (Spurgeon). La meta de toda persona que confía en Dios debe ser este deleitarse en él y no la prosperidad material, el placer, la fama o cualquier otra cosa.
Verdades prácticas
1. Puede existir una doble manera de encontrar o hallar a Dios; o se asciende o se baja. Vida o muerte. Encuentro o separación.
2. No se permanece en el mismo plano, pues si continuamos en el mismo nivel, no podremos verle.
3. Para encontrarnos con Dios es preciso, primero, descender, huir del cosmos del que formarmos parte.
4. Debemos ascender para entrar en su Reino, y para esto es necesario negarse a sí mismo y vivir en Cristo.
5. Toda relación con el Señor supone la muerte al mundo, y la vida en su servicio de amor.
Cómo perdonar
Perdonar es una gracia espiritual que todo cristiano debe ejercer, y sobre este tema, Roy L. Smith ofrece las siguientes sugerencias:
1. Comienza dándote cuenta de que, en comparación con los sufrimientos de Cristo, tú no has sido seriamente perjudicado en absoluto.
2. Recuerda las muchas acciones bondadosas de que has sido objeto, quizá por la misma persona que te ha dañado.
3. Considera los beneficios que has recibido del Señor.
4. Agradécele que él te bendiga con su amor y perdón cada día.
5. Esfuérzate honradamente en orar por quien te haya hecho daño.
6. Ve aun más lejos, y busca alguna oportunidad para ayudarle.
7. Si la ofensa es especialmente difícil de olvidar, intenta borrarla de la memoria ocupándola con pensamientos bondadosos y generosos.
8. Finalmente, antes de caer dormido por la noche, repasa lentamente y reflexionando en ello, aquella frase de la oración del Señor: “Perdona nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.”
