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Salmo 32 : Accion de gracias por el perdon

Sal 32:1  Salmo de David. Masquil. ¡Cuán bienaventurado es aquel cuya transgresión es perdonada, cuyo pecado es cubierto!

El apóstol Pablo utilizó estos versículos para describir la felicidad del ser humano cuyos pecados son perdonados por la gracia de  Dios, no por sus esfuerzos por cumplir con las obras de la Ley. Transgresión : Significa rebelión; pecado es errar el blanco; iniquidad es depravación moral; y también es engaño . El pecado es perdonado, cubierto y no imputado al individuo, de manera que el espíritu del hombre o de la mujer aparezcan como totalmente justificados ante los ojos de  Dios.

Masquil es un término utilizado, probablemente, para denotar salmos escritos con el objetivo de hacer a una persona sabia o prudente, para incrementar el éxito o la habilidad de la misma. Lea este salmo en forma conjunta con el Salmo 51. Ambos son salmos penitenciales. Aquí David expresa el gozo del perdón.  Dios lo había perdonado por los pecados que había cometido en contra de Betsabé y Urías. Este es otro de los salmos penitenciales (de arrepentimiento) en donde el escritor confiesa su pecado a  Dios.

Sal 32:2  ¡Cuán bienaventurado es el hombre a quien el Señor no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño!

Dios quiere perdonar a los pecadores. El perdón ha sido siempre parte de su naturaleza amorosa. Lo anunció a Moisés, lo reveló a David y lo mostró dramáticamente al mundo por medio de Jesucristo. Estos versículos hablan de las diferentes acciones que expresan el perdón de  Dios: perdona la transgresión, cubre el pecado, no nos inculpa de pecado. Pablo citó estos versículos en Romanos 4:7-8 y mostró que podemos tener la misma experiencia gozosa de perdón por medio de la fe en Cristo.

Gemir : Quejarse, en lugar de confesar los pecados a  Dios, tiene repercusiones físicas y emocionales.

Sal 32:3  Mientras callé mi pecado , mi cuerpo se consumió con mi gemir durante todo el día.

Sal 32:4  Porque día y noche tu mano pesaba sobre mí; mi vitalidad se desvanecía con el calor del verano. (Selah)

Sal 32:5  Te manifesté mi pecado, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones al Señor; y tú perdonaste la culpa de mi pecado. (Selah)

¿Qué es la confesión de los pecados? Confesar es decir con la boca aquello que se ha hecho y reconocerlo como pecado en forma clara y total. Debemos confesar nuestros pecados sin demora, con humildad, contrición y arrepentimiento. Al hacerlo no debemos echar en cara el pecado de nuestro prójimo. Como regla general debemos confesar ante quienes hemos ofendido. Debemos afirmar nuestra intención de abandonar el pecado a fin de servir a  Dios con mayor fidelidad.

Sal 32:6  Por eso, que todo santo ore a ti en el tiempo en que puedas ser hallado; ciertamente, en la inundación de muchas aguas, no llegarán éstas a él.

Sal 32:7  Tú eres mi escondedero; de la angustia me preservarás; con cánticos de liberación me rodearás. (Selah)

Sal 32:8  Yo te haré saber y te enseñaré el camino en que debes andar; te aconsejaré con mis ojos puestos en ti.

Dios describe a algunas personas como el caballo o como el mulo que necesitan ser controladas por frenillos y cabestros. En vez de permitir que  Dios las guíe paso a paso, le dejan obstinadamente una única opción.  Dios debe usar la disciplina y el castigo para que le sigan siendo útiles.  Dios desea guiarnos con amor y sabiduría, en lugar de castigo. Nos ofrece guiarnos a lo largo del mejor camino para nuestra vida. Acepte el consejo escrito de la Palabra de  Dios y no permita que su obstinación le impida obedecerle.

Confesion, arrepentimiento y perdon en los salmos

A lo largo de los siglos, muchos creyentes agobiados por el conocimiento de sus propios pecados, han encontrado en las palabras de los salmos penitenciales (confesión) un rayo de esperanza. Los salmistas elevaron a  Dios tanto la profundidad de su dolor y arrepentimiento, como la cima de su gozo al ser perdonados. Se regocijaron al saber que  Dios respondería a su confesión y a su arrepentimiento con un perdón completo. Nosotros, que vivimos del otro lado de la cruz de Cristo, podemos regocijarnos aun más debido a que comprendemos más.  Dios nos ha demostrado que está dispuesto a perdonar, debido a que su juicio sobre el pecado fue satisfecho por la muerte de Cristo en la cruz.

Sal 32:9  No seáis como el caballo o como el mulo, que no tienen entendimiento; cuyos arreos incluyen bocado y freno para sujetarlos, porque si no, no se acercan a ti.

Sal 32:10  Muchos son los dolores del impío, pero al que confía en el Señor, la misericordia lo rodeará.

Sal 32:11  Alegraos en el Señor y regocijaos, justos; dad voces de júbilo, todos los rectos de corazón.

Cuando lea estos salmos, tome nota del patrón seguido por los salmistas al responder a  Dios:

(1) reconocieron su pecaminosidad y su tendencia para hacer lo incorrecto,
(2) se dieron cuenta de que el pecado era una rebelión en contra de  Dios mismo,
(3) admitieron sus pecados ante  Dios,
(4) confiaron en la disposición de  Dios para perdonarlos y
(5) aceptaron su perdón. Utilice estos salmos como un recordatorio de lo fácil que resulta separarse de  Dios y caer en el pecado, y lo que se necesita para restablecer esa relación.

Salmo 32 : Suplica individual. Acción de gracias por el perdón

El Salmo se considera uno de los siete salmos penitenciales, pero realmente es himno de acción de gracias por el perdón ya recibido; además incluye instrucción al estilo sapiencial.

Este era el salmo favorito de Agustín, y Lutero lo llamaba un salmo paulino. Ciertamente el gozo verdadero es estar en comunión con  Dios. No hay nada más terrible que tener a  Dios como enemigo, pero casi todo el mundo prefiere no pensar en el juicio de  Dios. Así viven en un letargo fatal. No reconocen que  Dios les ama y que su primer acto de mostrar amor es proveerles el perdón de sus pecados, si se humillan y lo aceptan.

Pecado perdonado

Bienaventurado (dichoso, feliz). El salmo empieza con dos bienaventuranzas que anuncian el tema del poema. No hay dicha mayor que ser reconciliado con  Dios y saber que los pecados han sido perdonados. La única manera de ser reconciliado con  Dios es recibir su misericordia y su perdón.

El salmista usa tres palabras para pecado en estos dos versículos: transgresión (pesha), “rebelión”; pecado (jata?h), “errar el blanco”; e iniquidad (?von) “maldad”, “culpa”. Las usa como sinónimos, lo que es típico del paralelismo en la poesía hebrea, pero a la vez cada uno agrega un aspecto distinto para cubrir todo lo que es pecado.

Como el párrafo da tres palabras para el pecado, también da tres explicaciones del perdón: perdonado, cubierto y no atribuye iniquidad. El ser humano no debe intentar cubrir su pecado, pero  Dios sí lo puede cubrir con la sangre de su sacrificio expiatorio. Esta verdad, con el hecho de no atribuir iniquidad presenta la misma verdad que Pablo explica como la justificación. Según el NT el que cree en Cristo Jesús es justificado por la fe, es decir, ya  Dios no le atribuye iniquidad, lo declara justificado, sin culpa delante de él.

El párrafo predica un doble mensaje: una advertencia a los que no reconocen su necesidad de perdón, y un consuelo y base de confianza al que ha recibido el perdón de  Dios. Así la frase en cuyo espíritu no hay engaño también tiene doble aplicación, pues, para el primero, debe saber que no puede engañar a  Dios, tiene que ser sincero; el arrepentimiento no puede ser a medias. Y para el segundo, el secreto de la transparencia en la vida es saber que está perdonado y que  Dios no le atribuye iniquidad. Todo creyente en Jesucristo debe saber esto.

La tristeza por la comunión rota

Estos dos versículos muestran la lucha interna que sufre cualquier ser humano que ha pecado, sea creyente o no. Pero aquí es claro que el salmista había conocido la comunión con  Dios, pero aquella dulce comunión había sido rota por algún pecado. Por cierto el no creyente a menudo es insensible a su condición perdida y no siente tanto la falta de comunión con  Dios.

Mientras callé. Callarse cuando uno debe confesar puede ser engaño. No vale la pena postergar la confesión y el arrepentimiento. El pecado es como una serpiente; cuando uno la cubre la mantiene caliente para que pueda picar y herir más fuerte, inyectando más veneno de maldad. Un creyente que ha conocido la paz y la comunión con  Dios siempre estará triste e inquieto cuando está rota esta comunión, pues el Espíritu Santo que mora adentro estará redarguyéndole.

Confesión y comunión restaurada

Este es el punto central del Salmo, el salmista confiesa su pecado a  Dios. La fórmula es sencilla: confesar, humillarse, reconocer que hizo mal, y tiene el mismo resultado.  Dios está pronto a perdonar porque es  Dios de amor y ha hecho provisión en la obra de Cristo.

En su confesión, el salmista usa las mismas tres palabras que usó en los versículos 1 y 2: pecado, iniquidad y rebeliones, repite dos de ellas en la última línea: la maldad (iniquidad) de mi pecado.

El efecto de la restauración es inmediato: el salmista quiere compartir su gozo con otros, que ellos oren también y sean restaurados. En el tiempo en que puedas ser hallado subraya la importancia de responder cuando el Espíritu de  Dios redarguye, pues uno que rechaza la voz de  Dios puede endurecerse hasta el punto cuando ya no le oye más. El ser humano siempre necesita la protección de  Dios para que no se pierda en las caudalosas aguas de maldad y destrucción.

Ahora el salmista se dirige a  Dios con un canto gozoso, en alabanza y confianza renovada.

Promesa y exhortación

Ahora  Dios mismo contesta al salmista con la promesa de su dirección. Todo creyente quiere la guía de  Dios en su vida, y él promete guiarnos. Nuestro Salvador es nuestro instructor, nos instruye con su Palabra y con el Espíritu Santo. Cuando estamos en comunión con él, podemos reconocer esta dirección. Sobre ti fijaré mis ojos indica la delicadeza de esta dirección. Cuando uno está en estrecha comunión con otro, sólo un movimiento de sus ojos indica su deseo. El creyente debe ser sensible a la voz del Espíritu Santo.

Ahora el salmista exhorta a los lectores. Lo que dice contrasta con la última frase del versículo 8, pues exhorta a que seamos sensibles a la guía de  Dios de modo que él no tenga que usar la fuerza para que le obedezcamos.

El secreto del verdadero gozo

En un paralelismo antitético, el versículo 10 presenta las únicas dos opciones de la vida. El impío, el que no confía en  Dios cosechará muchos dolores; la otra opción, confiar en  Dios, conlleva la promesa de que la misericordia le cercará. ¡Qué lindo cerco para la vida!

Esta confianza en  Dios hace prorrumpir un grito de alabanza: alegraos y gozaos son palabras comunes en los himnos de acción de gracias. El gozo no es sólo nuestro privilegio, es también nuestro deber (Spurgeon). La meta de toda persona que confía en  Dios debe ser este deleitarse en él y no la prosperidad material, el placer, la fama o cualquier otra cosa.

Verdades prácticas

1.     Puede existir una doble manera de encontrar o hallar a  Dios; o se asciende o se baja. Vida o muerte. Encuentro o separación.
2.     No se permanece en el mismo plano, pues si continuamos en el mismo nivel, no podremos verle.
3.     Para encontrarnos con  Dios es preciso, primero, descender, huir del cosmos del que formarmos parte.
4.     Debemos ascender para entrar en su Reino, y para esto es necesario negarse a sí mismo y vivir en Cristo.
5.     Toda relación con el Señor supone la muerte al mundo, y la vida en su servicio de amor.

Cómo perdonar

Perdonar es una gracia espiritual que todo cristiano debe ejercer, y sobre este tema, Roy L. Smith ofrece las siguientes sugerencias:

1.     Comienza dándote cuenta de que, en comparación con los sufrimientos de Cristo, tú no has sido seriamente perjudicado en absoluto.
2.     Recuerda las muchas acciones bondadosas de que has sido objeto, quizá por la misma persona que te ha dañado.
3.     Considera los beneficios que has recibido del Señor.
4.     Agradécele que él te bendiga con su amor y perdón cada día.
5.     Esfuérzate honradamente en orar por quien te haya hecho daño.
6.     Ve aun más lejos, y busca alguna oportunidad para ayudarle.
7.     Si la ofensa es especialmente difícil de olvidar, intenta borrarla de la memoria ocupándola con pensamientos bondadosos y generosos.
8.     Finalmente, antes de caer dormido por la noche, repasa lentamente y reflexionando en ello, aquella frase de la oración del Señor: “Perdona nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.”

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