El Talmud narra cómo en cierta ocasión los discípulos del rabí Simeón Ben Jochai (unos 150 a. de J.C.), le preguntaron por qué el maná no había caído del cielo de una sola vez, en lugar de caer cada día.
Como muchos rabinos, respondió también con una comparación. Un rey tenía un hijo y le daba una vez al año todo el alimento necesario, y así el hijo iba una sola vez al año a saludar a su padre y darle las gracias.
El padre decidió darle cada día lo necesario, y en adelante el hijo iba todos los días a saludar a su padre y a darle gracias cada día por el bien recibido.
Nosotros, como hijos del Padre celestial, oramos cada día, y nos comprometemos en nuestras tareas humanas, pero también agradeciendo cada día sus innumerables bendiciones.
Pedido para que Dios actúe
El salmista, consciente de su inocencia, pide que Dios haga justicia. Enfatiza el pedido con cuatro verbos: levántate, álzate, despierta y has ordenado (algunos traducen: “¡Despierta, mi Dios, declara juicio!”). La oración es el recurso del hombre de Dios; no toma venganza en sus propias manos sino somete el asunto a Dios.
El versículo 7 es difícil; el salmista relaciona el juicio de su caso con el juicio general. Visualiza a todos los pueblos reunidos para el juicio. Entonces, Dios vuelve a sentarse arriba en la silla del juez. A la luz del NT, el cumplimiento más pleno se hará en Cristo.
Dios es el que juzga
El salmista sigue relacionando su caso con el juicio general, que ya sabemos será con Cristo en el futuro. El que está en comunión con Dios, como el salmista, no teme el juicio.
El versículo 9 indica que el salmista tiene una visión más amplia que sólo su propio caso; desea que se juzgue la maldad y que se establezcan los justos; quiere el reino de justicia en la sociedad. Sólo Dios puede conseguirlo porque él conoce los corazones y las conciencias.
Dios es juez justo
Todo lo demás del Salmo constituye una alabanza a Dios que es justo y lo va a vindicar. Y puede alabar con gozo porque sabe que Dios es su escudo, su protección.
Las consecuencias del pecado
Dios quiere el arrepentimiento, esto cambiaría todo el rumbo de lo que sigue. El no arrepentido puede esperar tres consecuencias:
1) tiene que confrontar a Dios personalmente
2) su mal engendra más maldad y
3) el pecado trae su propio castigo
Voto de alabanza
Otra vez el gran pero. Dios hace la diferencia, revierte la tendencia maligna. El salmista ya cuenta con la respuesta de su petición en el versículo 6, así termina con confianza y alabanza.
«Exige mucho de ti mismo y espera poco de los demás. Así te ahorrarás disgustos.» Confucio
