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Salmo 99: Jehová, rey sobre todo, es santo

Salmo 99:1  El SEÑOR reina, estremézcanse los pueblos; sentado está sobre los querubines, tiemble la tierra.

Este himno, dedicado a exaltar la santidad de Dios, tiene tres estrofas, cada una de las cuales termina declarando que Jehová es santo. Querubines son ángeles poderosos que comprenden uno de los varios rangos que estos poseen

Salmo 99:2  El SEÑOR es grande en Sion, y exaltado sobre todos los pueblos.

Él está sentado : Dios habló a Moisés y a los sacerdotes desde el propiciatorio, encima del arca del pacto, que estaba situado entre los querubines

Salmo 99:3  Alaben tu nombre grande y temible; El es santo.

Todos deben reverenciar el grande y admirable nombre de Dios debido a que simboliza su naturaleza, persona y reputación. Sin embargo, el nombre de Dios se ha usado tan a menudo en conversaciones vulgares, que hemos perdido de vista su santidad. Cuán fácil es, en la vida diaria, tratar a Dios a la ligera. Si lo llama su Padre, viva de acuerdo con la dignidad del nombre de la familia. Reverencie el nombre de Dios tanto en sus palabras como en su vida.

Salmo 99:4  El poder del rey ama la justicia; tú has establecido la equidad; has hecho juicio y justicia en Jacob.

Salmo 99:5  Exaltad al SEÑOR nuestro Dios, y postraos ante el estrado de sus pies; El es santo.

Postraos, shachah: Postrarse, inclinarse; postrarse ante alguien como un acto de sumisión o reverencia; adorar; postrarse cuando se le rinde homenaje a Dios. El significado primario es «rebajarse». En esta referencia shachah contrasta con exaltación: exaltar al Señor (elevarlo) y adorar (postrarse ante su presencia). La santidad de Dios es terriblemente aterradora para los pecadores, pero un consuelo maravilloso para los creyentes. Dios es perfecto en moral y está separado de la gente y del pecado. No tiene debilidades ni defectos. Para los pecadores, esto es aterrador debido a que todas sus deficiencias y maldades están al descubierto con la luz de su santidad. Dios no puede tolerar, pasar por alto, ni disculpar al pecado. Para los creyentes, la santidad de Dios les consuela porque, cuando lo adoramos, salimos del lodo del pecado. En la medida que creemos en El, somos santificados.

Salmo 99:6  Moisés y Aarón estaban entre sus sacerdotes, y Samuel entre los que invocaron su nombre; ellos clamaron al SEÑOR, y El les respondió.

La Biblia narra varios ejemplos donde Moisés, Aarón y Samuel clamaron por la ayuda de Dios

Salmo 99:7  Les habló en la columna de nube; guardaron sus testimonios, y el estatuto que El les dio.

Salmo 99:8  Oh SEÑOR, Dios nuestro, tú les respondiste; fuiste para ellos un Dios perdonador, mas también vengador de sus malas obras.

Aunque Dios perdona , el pecado deja secuelas, para que los seres humanos no olviden qué ofensivo es éste para Dios y qué dañino para la humanidad

Salmo 99:9  Exaltad al SEÑOR nuestro Dios, y postraos ante su santo monte, porque santo es el SEÑOR nuestro Dios.

El santo monte era el monte donde se encontraba el templo en Jerusalén.

Un himno a la realeza de Jehová que es santo

Este Salmo es menos escatológico que 96, 97 y 98, pero se agrega un énfasis fuerte en su santidad. Tres veces dice: ¡El es santo!

Las alusiones al arca del pacto pueden indicar una fecha preexílica. Incluye muchos recuerdos del éxodo; así algunos sugieren que era un himno usado en la fiesta de los Tabernáculos.

Jehová, rey sobre todo, es santo

En este primer párrafo, la santidad de Dios es alabada como expresada en su dominio universal. ¡Jehová reina…! es una declaración importante. Antes, en los Salmos 96-98, el pueblo es llamado a regocijarse, aquí debe temblar.

Su trono entre los querubines es una alusión a su presencia en el tabernáculo o templo, pero esto en su turno simboliza su reino en todas las huestes celestiales. Tal es su grandeza que la tierra se estremece; los terremotos sugieren el poderío de Dios sobre todo.

Jehová es grande en Sion. Es rey sobre todo el universo, pero ¡qué privilegio de ser parte de su pueblo especial! ¿Qué implica esto para nosotros? Hebreos 12:22-24 da una aplicación: Os habéis acercado al monte Sion… a la Jerusalén celestial… a la asamblea de los primogénitos… a Jesús el mediador del nuevo pacto… Dios reina en todo el mundo, pero ha obrado de manera especial en su propio pueblo. Fue así en Israel, y es así en su iglesia, hoy.

Alaben… ¡El es santo! El énfasis del Salmo está en la santidad de Dios. El Dios de la Biblia no es caprichoso; es fiel y puro, podemos confiar en él.

Jehová, rey justo, es santo

Este segundo párrafo celebra la santidad de Dios manifestada en su reino justo en Israel. Tantas veces el poder corrompe, pero aquí el poder y la justicia van unidos. Las leyes e instrucciones del Pentateuco tenían el propósito de hacer una sociedad justa. A través de la Biblia vemos un fuerte énfasis sobre el derecho y la justicia en la sociedad.

¡Exaltad a Jehová…!… porque él es santo. El énfasis en la santidad cabe bien con la insistencia en la justicia. Según la Biblia, no podemos hablar de una vida santa si descuidamos la justicia.

Jehová revela su justicia y santidad

Este párrafo también incluye muchos matices del éxodo. Dios revela su justicia y su santidad por medio de seres humanos. Menciona a Moisés, Aarón y Samuel. Dios llama y usa a líderes especiales en esta revelación; hoy también llama y usa a seres humanos para hacer conocer su revelación y para mediar la justicia.

Invocaban a Jehová, y él les respondía. Los grandes hombres y mujeres de Dios siempre son personas de mucha oración. Aquí vemos un diálogo con Dios; le invocaban y él les respondía. Además, ellos guardaban sus testimonios, es decir, obedecieron.

Perdonador… castigador. La Biblia enseña las dos cosas. El recuerdo del perdón de Dios da confianza y coraje a los creyentes; a la vez el castigo de Dios guarda contra la negligencia y la tentación de evadir su responsabilidad al que confía en su gracia. Vemos la culminación de estos dos énfasis en la cruz de Jesús, donde se demuestra el castigo de Dios que cayó sobre Jesús, pero el amor de Dios que lo hizo para perdonar al que cree en Cristo.

La única respuesta posible es: ¡exaltad a Jehová…! De nuevo se enfatiza su santidad, pero esta vez en forma personal, santo es Jehová, nuestro Dios.

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