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Tito 2: El carácter cristiano

Una Publicación escrita por uno de esos ángeles que se encuentran por doquier que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar. Conviértete en uno de ellos y compártela. Será de Bendición para ti y para el que la reciba.

Para dar un ejemplo sencillo, un joven conduce el coche a mucha más velocidad sencillamente porque no ha descubierto lo fácilmente que se puede producir un accidente o lo frágil que es el metal del que depende la seguridad del vehículo. A menudo asumirá una responsabilidad con un espíritu mucho más descuidado que un mayor, porque todavía no conoce las dificultades ni ha experimentado lo fácilmente que se produce un naufragio. Nadie puede comprar la experiencia; es algo que solo se adquiere con los años. Hay un riesgo y una gloria en ser joven.
Por eso, la primera cosa a la que debe aspirar un joven es al dominio propio. Nadie puede ayudar a otros si no ha conseguido dominarse a sí mismo. « El que domina su espíritu es mejor que el que conquista una ciudad» (Proverbios 16:32). La autodisciplina no es una de las virtudes más atractivas, pero es la urdimbre de la vida. Algo realmente grande entra en la vida cuando la decisión de la juventud se fortifica con la solidez del dominio propio.

El maestro cristiano

Y todo el tiempo que estés haciendo estas cosas debes presentarte como dechado de buena conducta; en tu enseñanza debes desplegar absoluta pureza de motivos, dignidad, sana enseñanza que nadie pueda reprobar… para que tus oponentes se tengan que avergonzar porque no pueden encontrar nada malo que decir de nosotros. Para que la enseñanza de Tito sea eficaz tiene que estar respaldada por el testimonio de su vida. El mismo tiene que ser la demostración de lo que enseña.

(i) Debe estar claro que sus incentivos son absolutamente limpios. El maestro y el predicador cristianos se enfrentan con ciertas tentaciones. Siempre tienen el peligro del autobombo, .de demostrar lo listo que es uno y tratar de concentrar la atención en uno mismo en vez de en el Mensaje de Dios. Siempre existe la tentación del poder. El maestro, el predicador, el pastor siempre se enfrentan con la tentación de convertirse en dictadores. Deben ser guías, pero nunca dictadores. Descubrirán que hay que guiar a las personas, pero no conducirlas. Si hay algún peligro que se les presenta al maestro y al predicador cristiano más que ningún otro es el de proponerse unos estándares equivocados de éxito. Puede suceder a menudo que un hombre de quien no se ha oído hablar fuera de su esfera de trabajo sea a los ojos de Dios un éxito incalculablemente superior a aquel otro cuyo nombre está en las bocas de todo el mundo.

(ii) Debe tener dignidad. Esto no quiere decir frialdad ni arrogancia ni orgullo; es la conciencia de tener la tremenda responsabilidad de ser embajador de Cristo. El sacerdote Lope de Vega se sentía sobrecogido ante la grandeza y santidad de sus prerrogativas y su propia pequeñez e indignidad. Mutatis mutandis puede también todo maestro y predicador evangélico tener un sentin-tiento paralelo: Cuando en mis manos, Rey eterno, Os miro, y la cándida Víctima levanto, de mi atrevida indignidad me espanto y la piedad de Vuestro pecho admiro. Tal vez el alma con temor retiro, tal vez la doy al amoroso llanto; que, arrepentido de ofenderos tanto, con ansias temo y con dolor suspiro.

Volved los ojos a mirarme humanos, que por las sendas de mi error siniestras me despeñaron pensamientos vanos.

No sean tantas las desdichas nuestras que, a quien Os tuvo en sus indignas manos, Vos le dejéis de las divinas Vuestras. Otros puede que se rebajen a lo insignificante; el maestro o el predicador deben estar por encima de ciertas cosas. Otros hombres puede que guarden inquina; él no debe. Otros hombres puede que sean quisquillosos acerca de su posición; él debe tener la humildad de olvidarse de que tiene una posición. Otros puede que se molesten y hasta irriten en una discusión; él debe guardar una serenidad inalterable. Nada daña la causa de Cristo tanto como los responsables de la iglesia y los pastores del rebaño que se rebajan a una conducta y a una manera de hablar indignas de un embajador de Cristo.

(iii) Debe tener un mensaje sano. El maestro o predicador cristiano debe estar seguro de propagar las verdades del Evangelio, y no sus propias ideas. Nada más fácil para él que pasar el tiempo en materias secundarias; bien puede hacer suya la oración: « Dios, dame el sentido de la proporción.» Las verdades centrales de la fe no se le agotarán en toda una vida de predicación o enseñanza. Pero, tan pronto como se convierta en un propagandista de sus propias ideas o de algún interés particular, dejará de ser un predicador efectivo o un maestro de la Palabra de Dios.

El deber que se le impone a Tito es una tarea tremenda: no la de hablarle de Cristo a la gente, sino la de mostrarle a Cristo. El mayor cumplido que se le puede hacer a un maestro es decir de él: «Primero obró, y luego enseñó.»

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Pastor Lionel

Evangelista. Autor de Vida de Jesús un Evangelio Armonizado; Sancocho Cristiano Vols.: I-IV y Bendiciones Cristianas Vols.: I y II. Libre entre los hombres, esclavo y siervo de Nuestro Señor Jesucristo

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