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Tito 3: El ciudadano cristiano

Este pasaje hace hincapié en la necesidad de cultivar la acción cristiana, y advierte del peligro de cierta clase de discusión. La palabra que hemos traducido por practicar las buenas obras es proístasthai, que quiere decir literalmente estar de pie delante, y era la palabra que se usaba para un tendero que se ponía delante de su tienda voceando sus productos. La frase puede querer decir una de dos cosas. Podría ser una orden a los cristianos para que no se dedicaran más que a oficios respetables y útiles. Había ciertas profesiones que la Iglesia Primitiva insistía en que se debían abandonar aun antes de solicitar el ingreso en la iglesia. Pero es más probable que la frase tenga el sentido más amplio de que un cristiano debe practicar buenas obras que sean útiles a otros.

La segunda parte del pasaje advierte contra las discusiones inútiles. Los filósofos griegos pasaban el tiempo discutiendo problemas imaginarios; y los rabinos judíos, construyendo genealogías imaginarias de los personajes del Antiguo Testamento. Los escribas judíos pasaban las horas muertas discutiendo lo que se podía y lo que no se podía hacer en sábado, y lo que era y lo que no era inmundo. Se ha dicho que existe el peligro de que uno se considere religioso porque discute cuestiones religiosas. Es mucho más fácil discutir cuestiones teológicas que ser amable y considerado y ayudar en casa, o eficiente y diligente y honrado en el trabajo. No tiene ningún mérito sentarse a discutir profundas cuestiones teológicas cuando están sin hacer las tareas sencillas de la vida cristiana. Tales discusiones puede que no sean más que disculpas para no cumplir los deberes cristianos. Pablo estaba seguro de que la verdadera misión del cristiano estaba en la acción cristiana. Eso no es decir que no cabe la discusión cristiana; pero la discusión que no conduce a la acción es casi siempre tiempo perdido.

Pablo aconseja evitar al contencioso y testarudo. La antigua versión Reina-Valera le llamaba hombre hereje. En griego es hairetikós. El verbo haírein quiere decir escoger; y haíresis quiere decir partido, escuela o secta. En un principio la palabra no tenía un sentido negativo; este aparece cuando uno erige su propia opinión contra la enseñanza, el consenso y la tradición de la Iglesia. Un hereje es sencillamente un hombre que ha decidido que tiene razón y los demás no. La advertencia de Pablo es contra el que ha convertido sus ideas en la piedra de toque de toda la verdad. Una persona debe siempre tener cuidado con cualquier opinión que la separe de la comunión con sus hermanos en la fe. La verdadera fe no separa a las personas, sino las une.

Saludos finales

Cuando te mande a Artemas o a Tíquico, date prisa para reunirte conmigo en Nicópolis, que es donde he decidido pasar el invierno.

Haz todo lo posible para ayudar al abogado Zenas y a Apolos en su camino. Comprueba que no carecen de nada. En cuanto a los nuestros, que aprendan también a cultivar las buenas obras, para que puedan suplir todas las necesidades y no vivan vidas improductivas. Todos los que están conmigo te mandan recuerdos. Saluda a todos los que nos aman en la fe. La gracia sea con todos vosotros. Amén.

Como era su costumbre, Pablo termina esta carta con recuerdos y saludos de y para los hermanos. De Artemas no sabemos nada. Tíquico fue uno de los mensajeros de Pablo en los que más confiaba. Fue el portador de las cartas a las iglesias de Colosas y Éfeso (Colosenses 4: 7; Efesios 6:21). Nicópolis estaba en el Epiro, y era el mejor centro para el trabajo en la provincia romana de Dalmacia. Es interesante recordar que fue allí donde el gran filósofo estoico Epicteto tuvo su escuela años más tarde.

Apolos era un maestro muy conocido (Hechos 18:24). De Zenas tampoco sabemos nada. Aquí se le llama nomikós, que puede querer decir dos cosas. Es la palabra corriente para un escriba, y es posible que Zenas fuera un rabino judío convertido. También es la palabra para abogado; y, si es ese el sentido aquí, Zenas sería el único abogado que se menciona en todo el Nuevo Testamento.

El último consejo de Pablo es que los cristianos cultiven las buenas obras para llegar a ser independientes y estar en la posición de ayudar a otros más necesitados. El obrero cristiano trabaja, no solo para tener bastante para sí, sino también para poder dar a otros en necesidad.

A continuación viene el saludo final; y por último, como en todas sus cartas, la palabra final de Pablo es gracia.

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