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Zacarías 11: Las ovejas y los doce cayados

El primer cayado que toma el pastor para romperlo es el de la Gracia, rompiendo con ello el pacto que Dios había hecho con el pueblo. Luego rompe el segundo cayado que representa la fraternidad entre Judá e Israel; estos dos hechos que son representados de esta manera gráfica representan hechos consumados y por consumar. El reino se dividió después de la muerte de Salomón; su hijo Roboam y Jeroboam se dividieron el reino en dos. En el año 721 a. de J.C. Asiria tomó Samaria, la capital del reino del norte, y fueron conducidos 27.290 israelitas al cautiverio (según archivos asirios) y Jerusalén cayó en el año 587.

El pasaje adquiere brillo al hacer una referencia mesiánica que tiene relación con la vida del Señor Jesucristo. El salario que pesaron por el pastor fue una cantidad despreciable; es la cantidad que se le asignaba a un esclavo cuando éste era herido por un buey. No era el precio digno de un hombre libre. El versículo 13 nos recuerda la traición de Judas: con la misma cantidad de dinero vende a su Señor. Devuelto el dinero los principales sacerdotes deciden adquirir el campo del Alfarero. La versión Peshita usa la palabra alfarero en vez de tesoro, y con esto podemos ver la relación entre el pasaje de Zacarías y el del Evangelio de Mateo.

En los versículos 15-17 Jehová invita al buen pastor a abandonar al rebaño, dejándolo expuesto a toda clase de peligros. No valía la pena luchar por algo imposible; el pueblo estaba empecinado en hacer lo malo, su corazón estaba endurecido, por lo cual Dios los abandonó a su suerte. Se levantaría un mal pastor (que no es identificado) que no se ocuparía por el bienestar de las ovejas; vendría para destruir al rebaño sacando ventaja de la debilidad, y los destruiría sin misericordia.

Pero ¡Ay del pastor inútil que abandona el rebaño! El privilegio implica responsabilidad; la negligencia no será perdonada. El castigo que sufrirá lo sentirá en lo más profundo de su ser; habría sido preferible la muerte rápida a una muerte prolongada. Veamos a este mal pastor con el brazo y el ojo derecho destrozados. Es imposible concebir a un pastor manco y tuerto a la vez; su trabajo es peligroso y requiere de mucha destreza. En ocasiones los pastores de la región de Judea tenían que luchar contra las fieras mismas para guardar al rebaño.

El mensaje de Zacarías tiene vigencia para aquellos a quienes Dios ha puesto como líderes en cualquier puesto de servicio o de dirección. Sean éstos líderes políticos o religiosos, Dios pedirá cuentas de su servicio; los hará responsables si sirvieron, o se sirvieron del puesto para enriquecerse, satisfaciendo sus intereses egoístas. El mensaje es para aquellos a quienes Dios ha llamado para dirigir una congregación a no perder de vista el ministerio de pastoreo, de dirección, de consolación y restauración de aquellos que están bajo su responsabilidad. Hebreos 13:17 dice que los pastores o dirigentes habrán de dar cuenta a Dios por aquellos quienes están bajo su cuidado. Dios busca servidores; el que no sirve será rechazado, juzgado y condenado.

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