Zac 2:9 Porque he aquí yo alzo mi mano sobre ellos, y serán despojo á sus siervos, y sabréis que Jehová de los ejércitos me envió.
Me quizás se refiera al Mesías que, al final, juzgará a todos los que han oprimido a su pueblo. Dios promete vivir en medio de su pueblo y dice que muchas naciones le conocerán.
Zac 2:10 Canta y alégrate, hija de Sión: porque he aquí vengo, y moraré en medio de ti, ha dicho Jehová.
Zac 2:11 Y uniránse muchas gentes á Jehová en aquel día, y me serán por pueblo, y moraré en medio de ti; y entonces conocerás que Jehová de los ejércitos me ha enviado á ti.
Este versículo nos alienta en la obra de la evangelización mundial. Lejos de ser «el Dios tribal de los hebreos», como algunos alegan, Dios es Señor de todas las naciones.
Dios no olvidó lo que prometió a Abraham: «Serán benditas en ti todas las familias de la tierra». A Abraham, padre de la nación israelita, se le prometió que sus descendientes bendecirían al mundo entero. Debido a la venida de Jesús, el Mesías, se cumple esta promesa: personas de todas las naciones van a Dios por medio de El.
Zac 2:12 Y Jehová poseerá á Judá su heredad en la tierra santa, y escogerá aún á Jerusalem.
Zac 2:13 Calle toda carne delante de Jehová, porque él se ha despertado de su santa morada.
La nueva patria del pueblo de Dios
La visión de un varón que sale para medir a Jerusalén es una visión de restauración. El varón tiene como tarea tomar las medidas para reiniciar la reconstrucción. Está preocupado por la construcción del muro de protección.
La ciudad de Jerusalén en la época del AT contaba con un muro que la rodeaba, con 8 puertas y 34 torres donde los arqueros se apostaban para disparar contra los enemigos. La ciudad de Jerusalén cayó en manos de Nabucodonosor, cuando los babilonios destruyeron los muros y lograron la rendición de Jerusalén. El pasaje ahora nos pinta el regreso de los habitantes de la ciudad santa, la ciudad del rey. La preocupación natural del pueblo era la protección y la seguridad. Ellos necesitaban del muro pues sería muy difícil ocupar una ciudad tan insegura sin muro que ofreciera protección contra los enemigos que abundaban por los alrededores. Siempre el pueblo de Israel se vio rodeado por enemigos; podemos asegurar que ellos tenían enemigos por los cuatro lados. Israel estuvo situado entre dos grandes imperios como lo eran el imperio egipcio al sur y los imperios de babilonios, asirios, persas y otros al norte. Cerca de sus fronteras tuvieron a los filisteos, edomitas, amonitas y, posteriormente al cautiverio, los mismos samaritanos.
Los samaritanos resultaron de la mezcla de los israelitas con gentiles. Cuando cayó la ciudad de Samaria en el año 722 a. de J.C., quedó un remanente de israelitas. Estos se unieron con los gentiles que los asirios llevaron a esa región dando origen a una raza mixta. Los samaritanos eran despreciados por los judíos por ser descendientes de judíos que se habían contaminado al unirse con gentiles. En un principio los samaritanos quisieron ayudar a la reedificación del templo, pero los líderes de los judíos no se lo permitieron. Enojados por esta actitud de rechazo por parte de los judíos, obstaculizaron la realización de la obra, la cual fue paralizada por 16 años.
El ángel que habla con Zacarías es interceptado por otro ángel, quien ordena al primero hablarle al joven que iba a medir Jerusalén. El mensaje de este último ángel tiene una importancia capital: Jerusalén sería habitada sin muros. La población había crecido y el ganado también era mucho; no se podían reconstruir los muros antiguos porque la ciudad necesitaba de límites mayores.
