A la par del mandato del ángel viene el mensaje consolador, con las mismas palabras de Jehová quien le dice al pueblo, refiriéndose a Jerusalén: Yo seré para ella un muro de fuego alrededor. Cuando Jehová se compromete a proteger no hay nada que temer, y los israelitas lo sabían. El fuego era señal de seguridad plena contra los enemigos. El árbol de la vida era guardado por una espada incandescente. Cuando salió de Egipto, el pueblo era protegido y guiado por Jehová en una columna de nube de día, y una columna de fuego en la noche.
A la vez Jehová estaría en medio del pueblo como su gloria. No solo iba a guardar al pueblo, también iba a permanecer en medio de él. El tema de la presencia de Jehová en medio de su pueblo se recalca de varias formas. Esto nos recuerda la gloria de Jehová sobre el propiciatorio en el tabernáculo en el desierto, que no era otra cosa sino la constante presencia de Jehová con el pueblo. La gloria, shekinah, era una de las manifestaciones de la grandeza del primer templo; la gloria de Dios abandonó el templo, tal como lo vio Ezequiel y el pueblo creía que la gloria nunca volvería. En esta visión de Zacarías la promesa es que la gloria de Dios vendrá sobre toda la ciudad y sobre todo el pueblo.
En los versículos 6 al 8 hay una invitación para aquellos miembros del pueblo que todavía estaban fuera de su patria. No estaban reunidos en un solo lugar; había israelitas por todas partes. El profeta le recuerda al pueblo que esta dispersión fue un acto permitido por Jehová para castigar a su pueblo, pero que el tiempo de volver había llegado.
¡Ea Sion!, es una expresión de aliento para los que aún quedaban en Babilonia. Escápate, es un reto para dejar la tierra del norte. El hecho de no regresar a su tierra es una muestra de que muchos judíos se habían acomodado muy bien en Babilonia; algunos quizá tenían negocios fructíferos, otros posiblemente ocupaban puestos en el gobierno, viviendo en medio de una aparente seguridad que no cambiarían para venir a vivir en una ciudad insegura, sin muros.
He aquí la importancia de la visión: Jerusalén será habitada sin muros porque Jehová mismo será un muro de fuego a su alrededor. Este mensaje trascenderá las fronteras de Israel. Los términos huid y escápate son elocuentes mensajes; la urgencia de salir de esa tierra maldita es notoria. La tierra del norte ya ha sido juzgada; la consumación del juicio es inminente. Las dos visiones anteriores nos han revelado que Dios castigará a la tierra del norte. Recordemos que en la primera visión los exploradores salen bajo el mando del jinete cabalgando sobre un caballo rojo, símbolo de venganza, sangre y destrucción, y en la segunda visión los cuatro cuernos son seguidos por los cuatro herreros que vendrán para derribar los cuernos.
El versículo 8 describe una de las verdades centrales del AT: el amor electivo de Dios. Por la elección de que fue objeto el pueblo de Israel, es llamado la niña de su ojo, lo más preciado que Dios podía tener, como dice Exodo. Las naciones que han tocado al pueblo de Dios tendrán su merecido castigo, porque han estado peleando contra Dios mismo, y él peleará contra ellos. Hay otra manera de interpretar la niña de su ojo, que da la idea de que los enemigos han tocado la niña de su propio ojo, e irremediablemente el castigo les llegará, y la herida que sufrirán será irreparable.
El mensaje de esta visión tiene tres dimensiones:
1) una promesa de seguridad, siendo Jehová un muro de fuego alrededor de la ciudad;
2) la purificación del pueblo; el pueblo que aún estaba en Babilonia, símbolo de pecado y condenación, debía huir para reunirse con la totalidad de sus hermanos en la ciudad santa; y
3) la retribución o castigo que Dios traerá sobre los enemigos de Israel. A la luz de estas tres dimensiones el pueblo debe elevar su voz a coro, para cantar las maravillas y las grandezas de un Dios Salvador.
