El sumo sacerdote acusado y restaurado
Esta es una visión dramática. El sumo sacerdote está delante del ángel de Jehová, mientras Satanás está allí para acusar, para fiscalizar. Es la visión de una corte judicial.
El acusado es el sumo sacerdote Josué, vestido con ropas sucias; ropas dignas de un malechor, de alguien hallado culpable, en una situación de aflicción, de agonía, de derrota; sabiendo que es culpable de los hechos que se le imputan.
El acusador, Satanás, ha ocupado su lugar para lanzar la acusación contra este siervo de Dios. El defensor, el ángel de Jehová, está frente a Josué presto a defenderlo. El Juez, Jehová, es presentado en el versículo 2 reprendiendo al enemigo de Josué y de todos los siervos de Dios. La presentación que hace de sí mismo es: Jehová, quien ha escogido a Jerusalén.
Es aleccionador examinar este acto y observar cómo resaltan algunos atributos de Dios.
1) Su soberanía. Jehová, quien ha escogido a Jerusalén, pudo haber escogido a otra ciudad, así como cualquier otro pueblo, pero le agradó escoger al pueblo de Israel como su pueblo, y a Jerusalén como su ciudad.
2) Su misericordia. Josué, representando a todo el pueblo, estaba con ropas sucias, símbolo de pecado y culpabilidad. A pesar de esto, Dios lo escogió.
3) Su inclinación al perdón. Mira que he quitado de ti tu iniquidad; este es un atributo personal de Dios.
La presencia de Satanás en esta visión provoca algunos conflictos de interpretación; algunos ven aquí a un adversario que actúa bajo órdenes del Juez. En otras traducciones Satanás es traducido como “el acusador” o “el adversario”, ambas palabras vienen de la misma raíz en heb. (satan), lit. “el acusador estaba… para acusarle”.
Por la reprensión que recibe de Jehová se infiere que los designios de este adversario iban en contra de los propósitos divinos. Cabe señalar que solo Jehová tiene el poder para reprender a este enemigo de los fieles. Si la referencia es a la persona de Satanás, se ve en el pensamiento posexílico del profeta un avance en la angelología y la demonología.
La visión no provee todos los detalles sobre el juicio; simplemente presenta la escena. Podemos suponer que Josué no apeló a su inocencia; él debe de haber reconocido su pecado, porque el pasaje nos regresa a una escena de restauración.
El ángel de Jehová (versículos 4, 5), como hemos afirmado anteriormente, es identificado en el AT con la segunda persona de la Trinidad. Este pasaje nos señala la singularidad de este ángel o mejor dicho su divinidad, al ejercer su autoridad sobre los demás ángeles que estaban delante de él, ordenándoles que cambiaran la ropa de Josué, el sumo sacerdote. Un cambio simbólico, una restauración completa al ser declarado Josué limpio de su pecado. él estaba representando a toda la nación que había sido favorecida con el perdón de su maldad.
El ángel de Jehová había quitado la iniquidad. Nada más sorprendente que esta declaración pues solo Dios puede perdonar pecados. Jesús, al sanar al paralítico, pronunció esta declaración: “Tus pecados te son perdonados”; esto provocó la reacción de los escribas, que tildaron esta expresión como una blasfemia, porque solo Dios puede perdonar pecados.
