Zacarías 8:20 »Así ha dicho Jehová de los ejércitos: »Aún vendrán pueblos y habitantes de muchas ciudades.
Zacarías 8:21 Vendrán los habitantes de una ciudad a otra y dirán: “¡Vamos a implorar el favor de Jehová y a buscar a Jehová de los ejércitos!”. ¡Yo también iré!
Zacarías 8:22 Y vendrán muchos pueblos y naciones poderosas a buscar a Jehová de los ejércitos en Jerusalén y a implorar el favor de Jehová.
Llegará un día en el que el ayuno por los pecados se reemplazará por fiesta y gozo. Las personas de todas las naciones adorarán a Dios y pedirán su bendición y ayuda. Esto también se promete en 2.11, 12.
Zacarías 8:23 »Así ha dicho Jehová de los ejércitos: En aquellos días acontecerá que diez hombres de las naciones de toda lengua tomarán del manto a un judío, y le dirán: “Iremos con vosotros, porque hemos oído que Dios está con vosotros”».[ñ]
La predisposición de Dios a otorgarle su gracia a Sion suscita un interés universal por el Dios de Israel, de manera que muchos pueblos y fuertes naciones vendrán a buscar al Señor e implorar su favor.
En el pasado, Jerusalén a menudo fue centro de burlas crueles de otras naciones. La ciudad no se respetaba, sus ciudadanos pecaron tanto, que Dios les permitió a sus enemigos que los maltrataran. Pero a la larga, dice Zacarías, Jerusalén será un lugar santo, respetado en gran manera en todo el mundo debido a que su pueblo cambiará su corazón hacia Dios. La gente de otras naciones verá cómo Dios recompensa a su pueblo por su fidelidad y querrá que la incluya en sus grandes bendiciones.
Jehová vuelve a morar en Jerusalén
El celo de Jehová por Jerusalén
En este capítulo encontramos una verdad que debe ser objeto de un estudio profundo: el celo de Jehová por Jerusalén. Concebir a un Dios celoso solo tiene cabida si pensamos en la santidad de Dios. En el AT, la relación que guardaba Jehová con su pueblo (Israel/Jerusalén/Sion) siempre fue representada por la relación entre esposos. Todo matrimonio basado en el verdadero amor se caracteriza por un celo santo, un celo de pureza y bienestar; el libertinaje no tiene lugar en una relación saludable. Al usar Zacarías la idea del celo de Jehová, lo debemos entender en esa dimensión de un celo santo que anhela exclusividad y pureza.
Jerusalén, la esposa del rey, merecía todo el respeto y pureza, pero fue mancillada muchas veces. Había sido destruida sin piedad en varias ocasiones a causa del pecado de sus habitantes. El templo fue profanado y los elementos sagrados del culto a Jehová fueron objeto de sacrilegio; los vasos de oro y de plata fueron usados por Belsasar para beber él, sus nobles, sus mujeres y sus concubinas. Por esto Dios condenó el reinado de Belsasar, tal como aparece en Daniel 5. La sentencia era que cualquiera que mancillara a Jerusalén, no quedaría impune de tal ofensa.
En la teología del AT, Jerusalén ocupaba un lugar prominente; era símbolo de la presencia de Jehová, morada del rey; pero había perdido su lugar. Era una ciudad deshonrada, mancillada, destruida, sin valor alguno; solo una restauración completa lograría situarla nuevamente en el lugar de honor que siempre había merecido.
En la restauración, lo más valioso es que Jehová habitará allí, en su trono y ordenará nuevamente todo. La promesa de Jehová de morar en Sion representa una garantía de la restauración total. No habrá enemigo que destruya la ciudad, ni adversario que impida la reconstrucción del templo. No debemos perder de vista que el objetivo de Zacarías, por lo menos en estos primeros ocho capítulos, era animar al pueblo a reiniciar la construcción del templo suspendida por causa de los enemigos y de la negligencia del mismo pueblo.
