Ministerio basado en principios bíblicos para servir con espíritu de excelencia, integridad y compasión en nuestra comunidad, nuestra nación y nuestro mundo.

Logo

Zacarías 8: Promesa de la restauración de Jerusalén

Saber que Jehová viene a morar nuevamente es como recordarle al pueblo las grandes maravillas que Dios ha hecho con ellos desde el momento en que salieron de Egipto, cuando el Señor los acompañaba a través de una nube que les servía de sombra en el día y luz en la noche, a través del arca del testimonio que les ofrecía protección y confianza, y posteriormente en el templo, en donde residía la gloria de Jehová, la shekinah.

La ciudad sería reconstruida física y espiritualmente. El profeta declara que la ciudad tendría una doble característica: sería una Ciudad de Verdad y Monte de Santidad. Dios es el único que cuenta con estos atributos, que serán transferidos a la ciudad únicamente cuando el Dios de Verdad y Santidad more nuevamente allí.

La verdad es una virtud de la que han carecido los pueblos desde la antigüedad hasta nuestros días. Las falsedades que a diario observamos constituyen un atentado contra los valores humanos; esta falta de veracidad nos ha conducido a muchas de las injusticias que a diario vivimos en el mundo. La santidad es otra de las características que tendrá esa ciudad. La santidad que Dios pide es más que apartarse del pecado. Aunque la idea está implícita, la exigencia es más bien la exclusividad; Dios no quiere compartir su pueblo con nadie; la santidad es una entrega total al Dios santo.

La ciudad de Jerusalén era nido de mentirosos e idólatras; el cambio era urgente. Si iba a ser nuevamente la ciudad de Jehová debía ser una Ciudad de Verdad y Monte exclusivo de Jehová porque él es un Dios celoso.

El mensaje tiene a la vez un sentido escatológico; solo en la consumación final de los siglos podremos ver a la nueva Jerusalén como una ciudad de verdad y como una ciudad santa, como novia adornada con estas dos perlas preciosas.

La restauración de Jerusalén comenzará con la presencia de Jehová, y cuando esto suceda, se podrán empezar a notar todas las bendiciones que Dios desea impartir. Largura de días, ver a los ancianos y ancianas con bastones caminando en las plazas, disfrutando de la vejez y de una vida realizada; ver niños y niñas jugando, son símbolos de bendiciones y, sobre todo, de bienestar integral y tranquilidad. Estas dos situaciones parecen milagrosas, pero no lo son; para Jehová no hay nada imposible. En tiempos de guerra las personas más afectadas son los niños y los ancianos, quienes sufren por la pérdida de sus padres unos, y otros por sus hijos. Los niños y los ancianos no solo son víctimas de la guerra; en muchas de nuestras sociedades son víctimas de la injusticia social. Si los niños y los ancianos viven bien, lo más probable es que la población está pasando por un tiempo de bonanza.

Un tiempo de paz vendrá sobre Israel; este debe ser un tiempo de verdadera renovación espiritual, en donde los valores morales y espirituales sean restaurados. Hogares restituidos, comunidades cambiadas, se hacen realidad con la presencia de Jehová. El mensaje del evangelio viene para hacer realidad el deseo de Dios de brindarle al hombre vida en abundancia desde el día de su nacimiento hasta la hora de la muerte. La teología bíblica va aun más allá: Dios cuida del ser humano desde su concepción. Este es un mensaje de reflexión para un mundo donde el anciano está perdiendo su lugar de consejero y hombre de respeto, para ser visto como una carga; donde abundan los niños que viven en las calles de las grandes ciudades; donde el aborto es practicado con impunidad. La voz profética de la iglesia debe elevarse para llevar el reino de Dios a estas comunidades olvidadas.

Muchos de los judíos todavía estaban fuera de sus tierras a causa del cautiverio del que habían sido objeto a manos de los babilonios. Jehová los traería de nuevo a su tierra, como un acto portentoso y soberano de Jehová para el bien de su pueblo. El mensaje personal de Jehová Yo salvaré a mi pueblo es motivo de confianza para un pueblo que enfrenta los problemas de reubicación.

Los judíos serían nuevamente pueblo de Jehová. No que hubieran perdido esa posición; se alejaron de Jehová y fueron castigados, y estando en Babilonia recibieron la influencia de toda clase de inmundicias y contaminaron su corazón con las prácticas del mundo pagano. Volverán con un corazón nuevo. Aunada a la declaración de restitución, está la declaración paralela, y yo seré su Dios. El requerimiento de los pregoneros de Dios en todas las épocas de la historia de Israel fue siempre el mismo: Dios requiere de un pueblo que vuelva su corazón a él, que se aparte del pecado, porque él es un Dios santo, y todo aquel que desee una comunión íntima con él deberá guardarse santo.

Deja el primer comentario

Otras Publicaciones que te pueden interesar