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1 de Crónicas 13: David propone trasladar el Arca a Jerusalén

Sea el significado de la muerte el que fuere, el impacto sobre David fue grande. Lo sacudió profundamente. Parecen haberle entrado ciertas dudas respecto a qué hacer con el arca. Pospuso su traslado a la ciudad de David por tres meses al dejarla en la casa de un tal ObedEdom, geteo. Algunos piensan que David la dejó en esta casa por considerar a ObedEdom un levita.

Accidentes

Cuando presenciamos accidentes graves sucedidos a creyentes fieles es irremediable que se presenten interrogantes similares a los que surgen ante el evento de Uza. ¿Por qué? ¿Para qué? ¿No podía haberse evitado? ¿Es justo este aparente castigo hacia quién se conduce con ingenuidad y deseo de hacer el bien? Y quizás podríamos preguntarnos también ¿por qué sufre el justo? Lejos de mí considerarme justo, sólo Dios lo es, pero me tocó vivir una experiencia bastante dificultosa que me hizo cuestionar en varias ocasiones el porqué de Dios. Estando en un torneo de fútbol intereclesial de mi denominación, faltaba a los jóvenes de mi iglesia un jugador para completar el equipo. Me incluyeron en él para jugar sólo durante diez minutos, ya que en ese momento, en una mala maniobra de un jugador contrario, fui golpeado sufriendo la fractura de la quinta vértebra cervical. Inmediatamente me colocaron un cuello ortopédico, que debí llevar por casi cuatro meses. «Te salvaste de morir por un milagro», fueron las palabras del especialista que estudió las placas radiográficas. Durante los dos primeros meses no se me permitió hacer esfuerzos, ya que la zona cervical estaba muy dolorida; no podía conducir mi automóvil, por lo que mi esposa debió hacerlo todo el tiempo de recuperación. Me encontraba terminando ese año (1995) mi tesis doctoral, que sufrió una demora exacta de cuatro meses. ¿Por qué? ¿Para qué? Con mi esposa pudimos responder:

1. Para comprender que Dios es el dueño de la vida, y que sólo él la da y la quita.

2. Para reafirmar nuestro llamado al ministerio: «Dios te quiere para algo grande», fue la reflexión de la esposa de un pastor amigo.

3. Para aprender la templanza y el dominio propio, ya que en esos momentos de sufrimiento, de impotencia, y de dependencia casi total de otras personas, uno debe ser, igualmente, de un solo ánimo.

4. Para reconocer qué espera alguien que pasa por una situación similar.

¿Por qué sufre el justo? Cada uno deberá encontrar sus propias respuestas, pero siempre sabiendo que Dios hace que todas las cosas ayuden para bien a los que le aman.

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