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1 de Crónicas 29: La ofrenda para el templo

1 de Crónicas 29:1  Entonces el rey David dijo a toda la asamblea: Mi hijo Salomón, el único que Dios ha escogido, es aún joven y sin experiencia, y la obra es grande; porque el templo no es para hombre, sino para el Señor Dios.

Esta sección, que también está ausente de 1 Reyes, provee un aleccionador ejemplo sobre el ofrendar. Primero, David da generosamente de sus posesiones. Su ejemplo y la petición que formula hace que sus líderes también den, de manera que todos contribuyen alegre y voluntariamente.  Salomón tomó el trono en 970 a.C. Es posible obsesionarse con la construcción del edificio de una iglesia y descuidar la iglesia real: el pueblo de Dios. Pero también es malo lo opuesto: olvidarse del edificio de la iglesia. David aclaró este punto cuando dijo del templo: «Porque la casa no es para hombre, sino para Jehová Dios». Si bien debemos evitar las extravagancias costosas, debemos recordar que todo edificio de una iglesia es un testimonio visible de Dios. ¿Cómo puede ser usado mejor el edificio de su iglesia para hablar al mundo acerca de Dios?

1 de Crónicas 29:2  Con toda mi habilidad he provisto para la casa de mi Dios, el oro para las cosas de oro, la plata para las cosas de plata, el bronce para las cosas de bronce, el hierro para las cosas de hierro, la madera para las cosas de madera; también piedras de ónice, piedras de engaste, piedras de antimonio, piedras de varios colores, toda clase de piedras preciosas y piedras de alabastro en abundancia.  

1 de Crónicas 29:3  Y además, en mi amor por la casa de mi Dios, el tesoro que tengo de oro y de plata, lo doy a la casa de mi Dios, además de todo lo que ya he provisto para la santa casa,  

David dio de su fortuna personal para el templo. Alentó a los demás para que siguieran su ejemplo, y lo hicieron con gusto. Tanto el tabernáculo como el templo fueron construidos con las ofrendas voluntarias del pueblo. Podemos hacer como David y reconocer que todo lo que tenemos viene de Dios. Quizá no tengamos la riqueza de David, pero podemos desarrollar su disposición de dar. Lo que tenemos no es lo que cuenta delante de Dios, sino nuestra disposición para darlo.

1 de Crónicas 29:4  es decir, tres mil talentos de oro, del oro de Ofir, y siete mil talentos de plata acrisolada para revestir las paredes de los edificios;  

1 de Crónicas 29:5  de oro para las cosas de oro, y de plata para las cosas de plata, es decir, para toda la obra hecha por los artesanos. ¿Quién, pues, está dispuesto a dar su ofrenda hoy al Señor?  

1 de Crónicas 29:6  Entonces los jefes de las casas paternas, y los jefes de las tribus de Israel, y los jefes de millares y de centenares, con los supervisores sobre la obra del rey, ofrecieron voluntariamente sus donativos ;  

Estos líderes mostraron una actitud correcta hacia su dinero al darlo con gozo para la obra de Dios. Esta actitud está descrita por Pablo en 2Co_9:7 : «Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre». Cuando somos generosos porque estamos agradecidos, nuestra actitud puede inspirar a otros. Dé con generosidad para la obra de Dios.

1 de Crónicas 29:7  y para el servicio de la casa de Dios dieron cinco mil talentos y diez mil monedas de oro, diez mil talentos de plata, dieciocho mil talentos de bronce y cien mil talentos de hierro.  

El dracma era una moneda persa que se evaluaba según su peso. Diez mil dracmas pesaban aproximadamente 90 kilogramos. La ofrenda en talentos aquí mencionada también se evaluaba según su peso. Su valor total ascendía a 5,000 toneladas.

1 de Crónicas 29:8  Y todos los que tenían piedras preciosas las dieron al tesoro de la casa del Señor a cargo de Jehiel gersonita.  

1 de Crónicas 29:9  Entonces el pueblo se alegró porque habían contribuido voluntariamente, porque de todo corazón hicieron su ofrenda al Señor; y también el rey David se alegró en gran manera.  

1 de Crónicas 29:10  Y bendijo David al Señor en presencia de toda la asamblea. Y David dijo: Bendito eres, oh Señor, Dios de Israel, nuestro padre por los siglos de los siglos.

Responsabilidad humana. Los fundamentos del Reino. Ningún pasaje en la Biblia declara, con mayor magnificencia, el soberano poder de Dios: no hay ninguno como el Señor, el Todopoderoso, cuya gloria llena el universo. Y, sin embargo, en medio de este granDioso himno a esa majestuosa verdad, David asevera que aunque el reino es de Dios, este provee recursos que deben ser administrados por los seres humanos. El versículo 14 literalmente dice: «Todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos». Dios es la fuente de toda vida y poder, y el ser humano el heredero designado para su administración. El Salmo 8:6 y el 115.16 afirman que, aun cuando el universo y la gloria de los cielos son de Dios y sólo de Dios, éste ha delegado la mayordomía de los asuntos terrenales a la humanidad. Las nobles opiniones acerca de la soberanía divina deben balancearse y complementarse con una idea del deber humano y sus capacidades redentoras. Si no tomamos esta verdad en cuenta, aunque parezca que exaltamos la grandeza divina, el resultado será apatía y actitudes irresponsables. Por ejemplo, Dios no predestina el mal uso de los recursos, el maltrato a las familias, el engaño en política y otras cosas semejantes. El ser humano es responsable por los problemas terrenales y, reinstalado en sus funciones por Dios, se supone que sea el agente para su solución. Pero, los seres humanos sólo pueden convertirse en tales agentes por medio de la soberana sabiduría de Dios, su poder, y sus recursos; en otras palabras, deben sacar fuerzas del «reino de Dios». Así, como la caída y el pecado humano dañaron la posible asociación entre el Creador y sus herederos en este planeta, la redención ha puesto en marcha la recuperación. Los redimidos pueden, renovados por Dios, asociarse con su creador, y de esa manera participar decisivamente en el restablecimiento del gobierno divino sobre las situaciones y circunstancias terrenales. Pero esto sólo es posible bajo el orden divino, dentro del plan de la redención, bajo la gracia y a través de la recepción humana del poder divino por medio del Espíritu de Dios.

Como le era característico, David elevó una oración para alabar a Dios (vv.1019), que alentó a todo el pueblo a bendecir al Señor (v. 20). Esta es una de las grandes oraciones de todo el AT

1 de Crónicas 29:11  Tuya es, oh Señor, la grandeza y el poder y la gloria y la victoria y la majestad, en verdad, todo lo que hay en los cielos y en la tierra; tuyo es el dominio, oh Señor, y tú te exaltas como soberano sobre todo.  

honor, hod: Gloria, honor, majestad, belleza, grandeza, excelencia en forma y apariencia. Se halla en 24 referencias del Antiguo Testamento, y se refiere a cualquier cosa o cualquier persona investida con la gloria real. La palabra «esplendor» podría definir mejor a hod  Aquí David asevera que la gloria y el esplendor le pertenecen a Dios. Compárese con las palabras de Jesús en Mateo 6:13.

1 de Crónicas 29:12  De ti proceden la riqueza y el honor; tú reinas sobre todo y en tu mano están el poder y la fortaleza, y en tu mano está engrandecer y fortalecer a todos.  

1 de Crónicas 29:13  Ahora pues, Dios nuestro, te damos gracias y alabamos tu glorioso nombre.  

1 de Crónicas 29:14  Pero ¿quién soy yo y quién es mi pueblo para que podamos ofrecer tan generosamente todo esto? Porque de ti proceden todas las cosas, y de lo recibido de tu mano te damos.  

1 de Crónicas 29:15  Porque somos forasteros y peregrinos delante de ti, como lo fueron todos nuestros padres; como una sombra son nuestros días sobre la tierra, y no hay esperanza.

David hace un contraste entre la naturaleza eterna de Dios y las vidas fugaces de los miembros de su pueblo. Nada perdura a menos que tenga sus raíces en el carácter inmutable de Dios. Si nuestros hechos más destacados se desvanecen como polvo delante de Dios, ¿dónde depositaremos nuestra confianza? Sólo en una relación con Dios podemos encontrar algo permanente. Su amor nunca desaparece ni nada nos lo podrá quitar.  

1 de Crónicas 29:16  Oh Señor, Dios nuestro, toda esta abundancia que hemos preparado para edificarte una casa para tu santo nombre procede de tu mano, y todo es tuyo.  

1 de Crónicas 29:17  Sabiendo yo, Dios mío, que tú pruebas el corazón y te deleitas en la rectitud, yo he ofrecido voluntariamente todas estas cosas en la integridad de mi corazón; y ahora he visto con alegría a tu pueblo, que está aquí, hacer sus ofrendas a ti voluntariamente.  

1 de Crónicas 29:18  Oh Señor, Dios de nuestros padres Abraham, Isaac e Israel, preserva esto para siempre en las intenciones del corazón de tu pueblo, y dirige su corazón hacia ti;  

1 de Crónicas 29:19  y da a mi hijo Salomón un corazón perfecto para que guarde tus mandamientos, tus testimonios y tus estatutos, para que los cumpla todos y edifique el templo, para el cual he provisto.  

«Corazón perfecto» significa estar enteramente dedicado a Dios. Esto es lo que David quería para Salomón: Que él deseara servir a Dios por encima de todo. ¿Encuentra difícil hacer lo que Dios quiere o más difícil aún querer hacerlo? Dios puede darle un corazón perfecto. Si cree en Jesucristo, esto ya está sucediendo en usted. Pablo escribió: «Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad»

1 de Crónicas 29:20  Entonces David dijo a toda la asamblea: Bendecid ahora al Señor vuestro Dios. Y toda la asamblea bendijo al Señor, al Dios de sus padres, y se inclinaron y se postraron ante el Señor y ante el rey.  

1 de Crónicas 29:21  Y al día siguiente sacrificaron víctimas al Señor y le ofrecieron holocaustos: mil novillos, mil carneros y mil corderos, con sus libaciones y sacrificios en abundancia por todo Israel.

La libación era una pequeña cantidad de vino que debía ser derramada en los sacrificios que se hacían a Dios como reconocimiento de que El proveía para su pueblo.  

1 de Crónicas 29:22  Comieron, pues, y bebieron aquel día delante del Señor con gran alegría.  Y por segunda vez proclamaron rey a Salomón, hijo de David, y lo ungieron como príncipe para el Señor, y a Sadoc como sacerdote.  

1 de Crónicas 29:23  Entonces Salomón se sentó en el trono del Señor como rey en lugar de su padre David; prosperó y le obedeció todo Israel.  

1 de Crónicas 29:24  Y todos los oficiales, los hombres valientes, y también todos los hijos del rey David juraron obediencia al rey Salomón.  

1 de Crónicas 29:25  Y el Señor engrandeció en gran manera a Salomón ante los ojos de todo Israel, y le confirió un reinado glorioso como nunca había tenido ningún rey en Israel antes de él.  

1 de Crónicas 29:26  David, hijo de Isaí, reinó, pues, sobre todo Israel;

Salomón superó la riqueza y el honor de su padre. El legado de David se originó en su relación vital con Dios, y dio sus valores espirituales como herencia a Salomón. El dinero y el poder que dejamos a nuestros hijos son menos importantes que el legado espiritual que podemos darles. ¿Qué clase de herencia recibirán sus hijos?

1 de Crónicas 29:27  el tiempo que reinó sobre Israel fue de cuarenta años; reinó en Hebrón siete años y en Jerusalén reinó treinta y tres.  

1 de Crónicas 29:28  Y murió en buena vejez, lleno de días, riquezas y gloria; y su hijo Salomón reinó en su lugar.  

1 de Crónicas 29:29  Los hechos del rey David, desde el primero hasta el último, están escritos en las crónicas del vidente Samuel, en las crónicas del profeta Natán y en las crónicas del vidente Gad,

Un vidente era alguien que recibía mensajes de Dios para la nación por medio de visiones o sueños.  

1 de Crónicas 29:30  con todo su reinado, su poder y todos los acontecimientos que vinieron sobre él, sobre Israel y sobre todos los reinos de aquellas tierras.  

Primera Crónicas termina con la nota optimista del ungimiento de Salomón como rey, y el honor y dignidad que precedieron la muerte de David.

Verdad en acción a través de 1 de Crónicas.

Orientaciones para crecer en piedad La piedad significa ser fieles a Dios en todo lo que hacemos. La fidelidad implica dejar que el Señor y su Palabra sean el único recurso que utilicemos para acercarnos a él, a sus caminos y a las realidades espirituales. El creyente piadoso evita todo contacto con el ocultismo.

No olvides que la infidelidad a Dios puede hacer que el sistema de vida del mundo imponga sobre ti su cautiverio.

No busques guía espiritual alguna de otra fuente que no sea el Espíritu Santo o los consejeros cristianos consagrados. No olvides que ello puede traerte serias consecuencias, y aun la muerte.

Pasos hacia una devoción dinámica No debemos permitir que nada se convierta en algo más importante para nosotros que buscar a Dios. Se debe, incluso, cuidar que las cosas de Dios no se conviertan en algo más importante que conocerlo a él.

Comprende que Dios te da momentos de paz y tranquilidad para que puedas dedicar tu corazón y tu alma a buscarle.

Sé diligente en aquello que Dios te ordena. Sirve a Dios con devoción no compartida. Comprende que el Señor honra a quienes honran su Palabra y lo buscan de todo corazón.

Claves para una vida sabia La sabiduría nos enseña que los caminos de Dios son más elevados que los nuestros, y sus pensamientos que nuestros pensamientos. él conoce cuál es la mejor forma de llevar a cabo su obra.

No intentes realizar la obra de Dios a tu manera. No olvides que emplear la sabiduría humana en la obra de Dios puede conducir a terribles consecuencias.

Clave para ofrendar generosamente Conocer lo inmenso de los recursos divinos nos hace más generosos.

Comprende que todo lo que poseemos viene de Dios.

Claves para relacionarnos con quienes tienen autoridad Dios nos instruye sobre cómo relacionarnos con él, enseñándonos a establecer relaciones apropiadas con quienes él envía.

Conoce que Dios ha prometido proteger a aquellos que envía a proclamar su Palabra. Ten cuidado en cómo hablas sobre los siervos de Dios y cómo los tratas.

Lecciones para líderes Dios llama a sus líderes a comprender que la obra que están llamados a realizar es suya, y él velará para que sea llevada a cabo.

Líderes, apoyaos en la promesa de que el Señor estará con quienes él llama hasta que haya sido cumplida su obra.

El primer libro de Crónicas ilustra vívidamente la importancia de mantener una relación con Dios. Las genealogías de los capítulos 1-9 enfatizan la necesidad de una herencia espiritual. La segunda parte del libro detalla la vida de David. Pocos hombres o mujeres de la Biblia estuvieron tan cerca de Dios como David. Su contacto diario con Dios incrementó su capacidad de adoración y fortaleció su deseo de construir el templo de Dios. La vida de David nos muestra la importancia de permanecer cerca de Dios: por medio del estudio y la obediencia a su Palabra y la comunicación diaria con El. El segundo libro de Crónicas, por otro lado, revela cuán rápido pueden deteriorarse nuestras vidas (en lo espiritual, mental y social) cuando no podemos permanecer en contacto con Dios.

Principios por los cuales vivir

El rey David dio a su hijo Salomón los principios para guiarlo a lo largo de su vida. Estas mismas ideas son las que cualquier padre cristiano quisiera presentar a su hijo:

1. Conocer a Dios personalmente.
2. Aprender los mandamientos de Dios y descubrir lo que El quiere que usted haga.
3. Adorar a Dios con corazón perfecto.
4. Servir a Dios con un ánimo voluntario.
5. Ser fiel.
6. No desalentarse.

La ofrenda para el templo

El discurso de David ante la asamblea respecto a la construcción del templo está basado estrechamente en la misma clase de discurso hecho por Moisés durante la construcción del tabernáculo. Esta similitud no es de pura casualidad. El Cronista quiere demostrar no tan sólo la continuidad entre el tabernáculo y el templo, sino también desea comprobar que David está en la misma tradición sagrada que la de Moisés. Hay una diferencia muy sobresaliente, no obstante. Si bien Moisés ayudó con conceptos, ánimo e inspiración en la construcción del tabernáculo, no tenía gran cosa material (riqueza) con la cual contribuir personalmente. No así con David, pues éste pone a la disposición del pueblo los recursos de toda su tesorería real. Desde luego, por la elección de Dios, también David contribuía a su propio hijo para que éste dirigiera y auspiciara la construcción del templo. David reconoce la importancia de la elección de Dios en el caso de Salomón. Pese a esta convicción muy firme de David, no puede menos que reconocer que el material humano de Salomón dejaba mucho que desear. Su juventud, su inexperiencia, su inmadurez, todas militaban en su contra, pero lo que Salomón no podía hacer, Dios sí lo podía. La edificación sería para Dios y no para los hombres. Cuando vamos a edificar un templo para la adoración a nuestro Dios, ¿cuántas veces reconocemos que el que construye es Dios, y nosotros somos sólo los obreros? Más de una iglesia se ha dividido sobre la construcción de un templo. Más de un pastor se ha tenido que ir de una congregación a otra debido a problemas suscitados en la edificación de un nuevo templo. ¿La razón? ¿No será porque no reconocemos en realidad quién es el que edifica y para quién se edifica?

En el mismo versículo 1 se emplea un término que se traduce en el texto de RVA como templo. Hay una nota al pie que indica que otra traducción es “ciudadela”. Otros traducen el término habbirah como “palacio”. Se sabe que la palabra es de origen persa, aunque la forma bíblica es hebrea, una especie de transliteración. El término persa se aplicaba al palacio o castillo de residencia de los potentados persas. Es obvio que este término no llegó al vocabulario hebreo hasta el período posexílico. El término sólo se usa en los escritos posexílicos (Crónicas, Ester, Nehemías) y también en el libro de Daniel. En todos los casos se emplea para referirse al templo. Claro, el “potentado” en este caso es Dios y ningún rey persa.

A partir del versículo 2, David empieza a relatar todos los preparativos hechos personalmente por él para la construcción del templo. Algunos de los materiales almacenados no son fácilmente identificados. Piedras… de diversos colores, p. ej., pueden aludir a piedras de las cuales se hacían ciertas formas de maquillaje femenino para los ojos. Piedras de mármol o sea piedras blancas, tal vez alabastro, serían materiales sacados de canteras cerca de Damasco. En 2 de Crónicas 3:6 se encuentran algunas indicaciones de cómo se empleaban estas piedras en la construcción del templo. Estos materiales pueden compararse con los listados en de Crónicas 22:3 ss.

La apelación de David a la congregación para lograr sus contribuciones se basa en su propia disposición de dar generosamente de sus propios bienes.

Los versículos 4, 5 detallan lo que David ofrecía personalmente de sus cofres. Según algunos cálculos, la fortuna personal ofrecida por David llegaba a la suma de mas de 60.000.000 de dólares. ¿Será esto un ejemplo más de la tendencia a exageración del Cronista? Algunos opinan que esta cantidad no puede ser real, porque simplemente esa cantidad de dinero no estaría disponible durante este marco histórico. Puede ser que la misma tradición levítica haya contribuido estas cifras o, en su defecto, puede que el mismo Cronista simplemente sugería una cantidad que se consideraba digna. Sea cual fuere la verdadera situación histórica, se sabe que el Cronista no se encontraría cómodo con una sencilla fabricación engañosa. Su propósito nunca era engañar sino comunicar una verdad teológica. Dios era digno de lo máximo de parte de sus seguidores. ¿No tendríamos que decir lo mismo?

Cuando David pregunta a la congregación: … quién de vosotros se consagrará hoy a Jehová…i ?, emplea una expresión hallada en Éxodo 32:29. En el texto previo se hace referencia a los hijos de Leví cuando éstos se hacen aliados de Moisés después del pecado del pueblo con la fabricación del becerro de oro. El verbo “consagrar” tanto en el texto en Exodo como en el pasaje bajo consideración se traduce lit. “llenar las manos”. La misma expresión se utilizaba cuando la ordenación de sacerdotes. En este contexto, a los miembros de la congregación se les está pidiendo que se consagren al igual que los sacerdotes. Su tarea es tan sagrada como la de los sacerdotes. Dado el concepto del Cronista respecto al papel de los sacerdotes levíticos, esta expresión no es nada menos que sorprendente. Tal es su amor por el templo, no obstante, que se explica dentro del contexto histórico.

La respuesta de la congregación no se hizo esperar. Entre las cantidades enormes de dinero que se recaudaron había una cifra un tanto irregular. Se mencionan 10.000 dracmas de oro. Estas eran monedas persas con un valor en dólares de 56.000. Es digno de notarse que estas monedas persas no se acuñaban hasta 515 a. de J.C. durante el reinado de Darío I. Desde luego, esto representa un anacronismo, o sea se habla de una moneda que no existía en los días de David. Sí existía durante los días del Cronista. Se nota que todas las demás sumas se dan en talentos, o sea moneda hebrea, durante el reinado de David. El hecho de que la cantidad en dracmas es muy razonable y las cantidades en talentos muy exageradas puede atribuirse a que el Cronista entendía muy bien el valor de un dracma. Puede que no haya entendido perfectamente el valor relativo del talento durante el reinado de David; por ende, las sumas tan exageradas. Fuesen las cantidades las que fueran, el resultado es digno de reconocerse. Tanto el pueblo como David se alegraban por haberse dado voluntariamente a la causa del Señor (v. 9). Es cierto que Dios ama al dador alegre. Es más cierto aún que las ofrendas voluntarias sólo se dan cuando la gente da de sí mismo a Dios primero.

David bendice a Jehová

Es significativo que después de grandes contribuciones de David y también de la congregación, el Cronista registre una gran oración de alabanza. Ni David ni la congregación buscaban forma de hacer alarde de lo hecho por ellos; David sólo tiene palabras de gratitud a Dios por lo que él ha hecho. Así debe ser. El que conoce a Dios y se entrega a él nunca encuentra bases para vanagloriarse; sólo hay fundamentos para glorificar a Dios. Hay que recordar que estas palabras de alabanza no son únicamente las de David; el Cronista se hace presente mediante su selección de palabras, mediante su propia teología. Bien ha dicho Clyde Francisco que el Cronista no es sólo un propagandista a favor de David; es, más bien, un hombre sincero de fe; esta fe genuina se deja ver en esta composición tan linda. No es sorprendente, pues, el que los versículos 10-13 sean usados por los judíos en su liturgia. Se nota que en la composición de esta oración el Cronista emplea otros pasajes de Escritura tal y como lo hacía en 28:1-10. Se nota que hay considerable afinidad entre el versículo 15 y el Job 39:12. Esta semejanza refleja el sentir del Cronista tanto como el del Salmista. Este sentir expresa una gran verdad: aunque el pueblo es de Dios, lo es por la pura gracia. El mismo pueblo reconoce, si es honesto consigo mismo, que su relación con Dios se debe únicamente a él; no hay nada en el mismo pueblo que lo haga merecedor de esa relación.

La segunda parte del versículo 15 se asemeja a Job 8:9 y 14:2. Ambos pasajes reconocen la calidad del pueblo como ínfima, pues es sumamente pasajera y efímera. Es casi una quimera. Lo único permanente es el mismo Dios que hace que el pueblo exista.

Históricamente, el pueblo se habría desesperado de jamás volver a la gloria del tiempo de David; el Cronista, no obstante, recuerda al pueblo en esta oración que el Dios de David es el de ellos. En este Dios están el poder y el reino. Al igual que sus antepasados, los patriarcas, son advenedizos y forasteros. Si tienen que ofrecer a Dios ahora para la construcción de su templo, se debe únicamente a todos los largos años en que Dios los ha acompañado desde sus inicios.

Al final de la oración, David intercede por su hijo con el fin de que éste continúe la dinastía y termine la construcción del templo.

De igual modo que David había dado primero de sus bienes para luego pedir a la congregación que hiciera lo mismo, ahora David desafía a la congregación a que bendiga a Jehová después de haberlo hecho él mismo. No es de extrañarse, pues, de que se le tuviera a David en alta estima como caudillo. Sólo pedía que otros hiciesen algo después de haber puesto el ejemplo él mismo. ¿No establece esto alguna clase de reto para nosotros?

Salomón asume el trono

Según el Cronista, lo único que restaba era expresar la adoración a Dios mediante los sacrificios. La naturaleza de estos sacrificios es clara; en lugar de ser sacrificios “del todo quemados”, estos eran ofrendas de paz en las que los ofrendantes participaban activamente. En los anteriores, nada del animal quedaba; todo se quemaba. En este acto, sin embargo, encontramos que los ofrendantes comían parte del sacrificio. La alegría que prevalecía era indicativa de un pleno sentir de comunión con Dios: el propósito de las ofrendas de paz.

Tocante a la “segunda” coronación de Salomón como rey, algunos creen que esto representa un agregado por un escribano posterior que no se habría percatado del impacto. Otros son de la opinión de que el Cronista adrede habla de esta segunda coronación pensando en lo narrado en 1 Reyes 1. El que se hable del sometimiento de todos los principales del pueblo a Salomón (v. 24) sugiere la sublevación de Adonías. Desde luego, el Cronista no piensa que esta coronación sea igual a la de 1 Reyes 1; aquella sería demasiado apurada y escueta. Hacía falta una segunda coronación; el Cronista presupone que sus lectores conocen al dedillo aquel relato, y esta coronación es, más bien, una reinterpretación de aquella.

Llama la atención que a Sadoc se le unge como sacerdote. Es indiscutible la influencia que Sadoc ya tenía, pero no había ninguna indicación de que a Abiatar se le hubiese quitado para reemplazarlo con Sadoc hasta más tarde. Esto hace que algunos crean que esta alusión al ungimiento de Sadoc sea un anacronismo.

El trono sobre el cual habría de sentarse el rey Salomón era el de Jehová. Lo que esto significa es que sólo a Dios le competía poner y quitar reyes. Aunque David se había sentado en ese trono, según el Cronista, el mando y soberanía simbolizados por el trono en realidad eran de Dios. El versículo 23 se puede comparar con 1 de Reyes 2:12. Se nota que el Cronista ha rehecho el texto básico para sus propios propósitos.

El versículo 24, al hablar del sometimiento de todo el pueblo a Salomón, alude a la rebelión de Adonías. Para los días del Cronista esa rebelión había quedado en el pasado muy distante, pero el escritor actualiza la situación para sus lectores demostrando la fidelidad de Dios en todo el proceso que producía la construcción del templo. Claro está, el templo que interesaba al Cronista era el de su día: el de Zorobabel. El mismo escritor reconoce, no obstante, que si no hubiera sido por el primer templo, no habría habido un segundo templo. No se le escapa que Salomón jugó un papel importantísimo en el primer templo.

Muerte de David

Este trozo en realidad aborda mucho más que la muerte de David. Es, más bien, un resumen breve de la carrera de David como rey. Llama la atención el hecho de que por primera vez el Cronista menciona el reinado davídico de siete años de duración en Hebrón. No tan sólo lo menciona por vez primera, sino que también parece indicar que desde Hebrón reinaba sobre todo Israel en vez de reinar sobre una parte del pueblo. Las fuentes bíblicas anteriores indicaban que así fue históricamente. Para el Cronista, no habría habido un tiempo cuando a David no le correspondiera reinar sobre todo Israel.

Parece que el Cronista depende de 1 de Reyes 2:10-12 respecto a estos eventos. A pesar de haber escogido este pasaje como base, hace algunos cambios. Por ejemplo, el Cronista aquí ubica la noticia de la muerte de David después de la coronación de Salomón. Puede ser que esto se deba a que al Cronista le movía un interés por demostrar la continuidad de los dos reinados: el de David y el de Salomón.

El versículo 28 cuadra muy bien con todos los pasajes veterotestamentarios que ilustran las características del varón hebreo ideal. Murió en buena vejez esto significaría que moriría sin un largo período de agonía; moriría después de una vejez caracterizada por una salud relativamente buena. Además, era rico y famoso. Lo único que falta respecto a las características acostumbradas de un israelita ideal es la mención de sus muchos hijos. Esto se ha expresado antes, pero el que se aluda a Salomón es suficiente. Salomón no era tan sólo uno de muchos hijos; era el heredero del reino.

El Cronista sigue la misma costumbre establecida en sus fuentes canónicas (libros de Samuel y Reyes) al mencionar fuentes escritas en donde se registra la vida del rey. Las fuentes mencionadas en el versículo 29 no deben entenderse como otra cosa sino nuestros mismos libros canónicos antes mencionados. Los relatos de los profetas Natán y Gad se hallan en dichos libros. El mismo Cronista esperaba que sus lectores usasen su propio escrito en unión con las fuentes previas. El escritor posexílico no pretendía que sus escritos reemplazasen las anteriores que ya se tenían por sacrosantas durante su día. Los escritos del Cronista son solamente suplementarios a los anteriores. Debemos agradecerle al Cronista no tan sólo por la información interpretada incluida en su obra que no se halla en los libros anteriores, sino también por su demostración de cómo el Espíritu de Dios ayuda a los hombres a reinterpretar su propia historia para que la misma fe del pasado viva durante su propio día.

Quiera el Señor de la historia ayudarnos a que estos mismos relatos reinterpretados por el Cronista sirvan de base para que nosotros también veamos no tan sólo una perpetuidad de la fe sino que haya en nuestros días una superación de ella. Recordemos que la misma fe que daba continuidad durante todos sus siglos al pueblo hebreo es la que mueve a los cristianos hoy. Nuestra fe actual se basa en los hechos portentosos de uno que fue descendiente del gran rey David, personaje tan importante para el Cronista. De igual forma que el Cronista veía cumplimiento y superación por parte de David sobre Moisés, la fe cristiana nos hace ver absoluta continuidad y superación terminantes en la persona de Jesucristo. Hagamos nuestra parte, al igual que hizo el Cronista, por demostrar la continuidad histórica de la fe de Israel con la nuestra tanto como la superación de ella en Jesucristo.

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