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1 de Crónicas 29: La ofrenda para el templo

David bendice a Jehová

Es significativo que después de grandes contribuciones de David y también de la congregación, el Cronista registre una gran oración de alabanza. Ni David ni la congregación buscaban forma de hacer alarde de lo hecho por ellos; David sólo tiene palabras de gratitud a Dios por lo que él ha hecho. Así debe ser. El que conoce a Dios y se entrega a él nunca encuentra bases para vanagloriarse; sólo hay fundamentos para glorificar a Dios. Hay que recordar que estas palabras de alabanza no son únicamente las de David; el Cronista se hace presente mediante su selección de palabras, mediante su propia teología. Bien ha dicho Clyde Francisco que el Cronista no es sólo un propagandista a favor de David; es, más bien, un hombre sincero de fe; esta fe genuina se deja ver en esta composición tan linda. No es sorprendente, pues, el que los versículos 10-13 sean usados por los judíos en su liturgia. Se nota que en la composición de esta oración el Cronista emplea otros pasajes de Escritura tal y como lo hacía en 28:1-10. Se nota que hay considerable afinidad entre el versículo 15 y el Job 39:12. Esta semejanza refleja el sentir del Cronista tanto como el del Salmista. Este sentir expresa una gran verdad: aunque el pueblo es de Dios, lo es por la pura gracia. El mismo pueblo reconoce, si es honesto consigo mismo, que su relación con Dios se debe únicamente a él; no hay nada en el mismo pueblo que lo haga merecedor de esa relación.

La segunda parte del versículo 15 se asemeja a Job 8:9 y 14:2. Ambos pasajes reconocen la calidad del pueblo como ínfima, pues es sumamente pasajera y efímera. Es casi una quimera. Lo único permanente es el mismo Dios que hace que el pueblo exista.

Históricamente, el pueblo se habría desesperado de jamás volver a la gloria del tiempo de David; el Cronista, no obstante, recuerda al pueblo en esta oración que el Dios de David es el de ellos. En este Dios están el poder y el reino. Al igual que sus antepasados, los patriarcas, son advenedizos y forasteros. Si tienen que ofrecer a Dios ahora para la construcción de su templo, se debe únicamente a todos los largos años en que Dios los ha acompañado desde sus inicios.

Al final de la oración, David intercede por su hijo con el fin de que éste continúe la dinastía y termine la construcción del templo.

De igual modo que David había dado primero de sus bienes para luego pedir a la congregación que hiciera lo mismo, ahora David desafía a la congregación a que bendiga a Jehová después de haberlo hecho él mismo. No es de extrañarse, pues, de que se le tuviera a David en alta estima como caudillo. Sólo pedía que otros hiciesen algo después de haber puesto el ejemplo él mismo. ¿No establece esto alguna clase de reto para nosotros?

Salomón asume el trono

Según el Cronista, lo único que restaba era expresar la adoración a Dios mediante los sacrificios. La naturaleza de estos sacrificios es clara; en lugar de ser sacrificios “del todo quemados”, estos eran ofrendas de paz en las que los ofrendantes participaban activamente. En los anteriores, nada del animal quedaba; todo se quemaba. En este acto, sin embargo, encontramos que los ofrendantes comían parte del sacrificio. La alegría que prevalecía era indicativa de un pleno sentir de comunión con Dios: el propósito de las ofrendas de paz.

Tocante a la “segunda” coronación de Salomón como rey, algunos creen que esto representa un agregado por un escribano posterior que no se habría percatado del impacto. Otros son de la opinión de que el Cronista adrede habla de esta segunda coronación pensando en lo narrado en 1 Reyes 1. El que se hable del sometimiento de todos los principales del pueblo a Salomón (v. 24) sugiere la sublevación de Adonías. Desde luego, el Cronista no piensa que esta coronación sea igual a la de 1 Reyes 1; aquella sería demasiado apurada y escueta. Hacía falta una segunda coronación; el Cronista presupone que sus lectores conocen al dedillo aquel relato, y esta coronación es, más bien, una reinterpretación de aquella.

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