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1 de Samuel 1: Infancia y vocación de Samuel

1 de Samuel 1:1 Hubo un varón de Ramathaim de Sophim, del monte de Ephraim, que se llamaba Elcana, hijo de Jeroham, hijo de Eliú, hijo de Thohu, hijo de Suph, Ephrateo.

El primer libro de Samuel comienza en los días cuando los jueces aún gobernaban a Israel, posiblemente durante los años finales de la vida de Sansón. Samuel fue el último juez de Israel, y el primer sacerdote y profeta que sirvió durante la época de un rey. Fue el mejor ejemplo de lo que debe ser un buen juez, al gobernar al pueblo por medio de la Palabra de Dios y no por sus propios impulsos. Samuel fue el hombre que ungió a Saúl como primer rey de Israel.

Ramataim de Zofim : Localidad situada a 24 km al norte de Jerusalén, en la región montañosa. Comúnmente llamada Ramá, fue el lugar de nacimiento, residencia y sepultura de Samuel. Elcana . . . efrateo : Se hacía referencia a los levitas de acuerdo al área donde vivieran. Su genealogía se remontaba a Leví; así que Samuel descendía de la línea sacerdotal de los levitas.

1 de Samuel 1:2 Y tenía él dos mujeres; el nombre de la una era Anna, y el nombre de la otra Peninna. Y Peninna tenía hijos, mas Anna no los tenía.

Aunque no había sido sancionado por Dios, se acostumbraba en aquellos tiempos, tomar una segunda esposa cuando la primera era estéril.

Aun cuando muchos grandes líderes del Antiguo Testamento tuvieron más de una esposa (como Abraham, Jacob, y David), esta no fue la intención original de Dios para el matrimonio. Genesis_2:24 establece que en el matrimonio, dos personas llegan a ser una sola carne. ¿Por qué, entonces existió la poligamia en el pueblo de Dios? Primero, fue para producir más prole para ayudar en el trabajo del hombre y para asegurar la continuidad de la línea familiar del hombre. Hijos numerosos era símbolo de posición social y de riqueza. Segundo, en sociedades donde muchos hombres jóvenes morían en batalla, la poligamia fue aceptada como una forma de sostener a las mujeres que de otra manera se hubieran quedado solteras y, muy probablemente, desamparadas. De todas maneras, la poligamia a menudo causaba serios problemas familiares, como lo vemos en esta historia de Ana y Penina.

1 de Samuel 1:3 Y subía aquel varón todos los años de su ciudad, á adorar y sacrificar á Jehová de los ejércitos en Silo, donde estaban dos hijos de Eli, Ophni y Phinees, sacerdotes de Jehová.

Jehová de los ejércitos (en hebreo Yahweh Sabaoth «Dios del universo», «Señor de los ejércitos del cielo») es un título que se le atribuye a Dios por primera vez dentro de este pasaje del Antiguo Testamento. Expresa los recursos infinitos y el poder de Dios en favor de su pueblo. Silo está localizado aproximadamente a 24 km al norte de Ramá. El santuario allí ubicado era más importante que el tabernáculo. Tenía puertas y portero y se había convertido en un lugar de peregrinaje.

El tabernáculo (tabernáculo de reunión) estaba ubicado en Silo, el centro religioso de la nación. Tres veces al año, todos los hombres israelitas debían asistir a una fiesta religiosa que se celebraba en el tabernáculo: la Pascua con la Fiesta de los panes sin levadura, la Fiesta de los tabernáculos y la Fiesta de las semanas. Elcana hacía este peregrinaje con regularidad para cumplir con los mandatos de Dios.

1 de Samuel 1:4 Y cuando venía el día, Elcana sacrificaba, y daba á Peninna su mujer, y á todos sus hijos y á todas sus hijas, á cada uno su parte.

Aunque el texto hebreo presenta aquí algunas dificultades, parece que afirma que Elcana . . . le daba a Ana una doble porción, tratándola como si tuviera un hijo, a quien le correspondía la otra parte.

1 de Samuel 1:5 Mas á Anna daba una parte escogida; porque amaba á Anna, aunque Jehová había cerrado su matriz.

1 de Samuel 1:6 Y su competidora la irritaba, enojándola y entristeciéndola, porque Jehová había cerrado su matriz.

Su rival , Penina, irritaba a Ana, no tanto para enfurecerla como para hacerla sufrir. Jehová no le había concedido tener hijos : En tiempos del Antiguo Testamento se consideraba que una mujer incapaz de tener hijos había sido objeto de una maldición. Para Ana este período de dolor terminaría cuando Dios le diera un hijo.

Ana no había podido concebir hijos, y en los tiempos del Antiguo Testamento, una mujer estéril era considerada una fracasada. Su esterilidad era una vergüenza social para su esposo. Los hijos eran una parte muy importante de la estructura económica de la sociedad. Eran una fuente de trabajo para la familia y su deber era cuidar a sus padres en su vejez. Si una esposa no podía tener hijos a menudo era obligada, por las costumbres del antiguo Medio Oriente, a entregar a una de sus siervas a su esposo para tener hijos por ella. Aun cuando Elcana pudo haber dejado a Ana (un esposo podía divorciarse de una esposa estéril), permaneció dedicado a ella amorosamente a pesar de la crítica social y de sus derechos bajo la ley civil.

1 de Samuel 1:7 Y así hacía cada año: cuando subía á la casa de Jehová, enojaba así á la otra; por lo cual ella lloraba, y no comía.

Parte de los planes de Dios para Ana era el retraso de sus años de fertilidad. Mientras que Penina y Elcana miraban las circunstancias externas de Ana, Dios seguía adelante con su plan. Piense en aquellos a su alrededor que están luchando con el tiempo que Dios toma en contestar sus oraciones y que necesitan su amor y ayuda. Al ayudar a aquellos que están luchando, usted puede estar contribuyendo a que permanezcan firmes en la fe y confiados en que Dios traerá satisfacción a sus vidas en su debido tiempo.

1 de Samuel 1:8 Y Elcana su marido le dijo: Anna, ¿por qué lloras? ¿y por qué no comes? ¿y por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos?

Ana sabía que su esposo la amaba, pero ni siquiera el ánimo que él trataba de darle la consolaba. No podía dejar de escuchar las burlas de Penina y permitía que sus palabras erosionaran su autoestima. Aunque no podemos evitar que otros nos critiquen injustamente, sí podemos decidir cómo reaccionaremos ante sus palabras hirientes. En vez de enfrascarnos dentro de nuestros problemas, podemos disfrutar de las relaciones afectuosas que Dios ha traído a nuestras vidas. Al hacerlo podremos cambiar la autocompasión por esperanza.

1 de Samuel 1:9 Y levantóse Anna después que hubo comido y bebido en Silo; y mientras el sacerdote Eli estaba sentado en una silla junto á un pilar del templo de Jehová,

Templo es el término empleado para referirse al tabernáculo en Silo y al construido por Salomón en Jerusalén; denota un lugar donde se permanece, no un lugar de peregrinación.

1 de Samuel 1:10 Ella con amargura de alma oró á Jehová, y lloró abundantemente.

Ana tenía buenas razones para sentirse desalentada y amargada. No podía tener hijos; compartía su marido con una mujer que la ridiculizaba; su esposo amoroso no podía resolver su problema; e incluso el sumo sacerdote interpretó mal sus motivos. Pero en lugar de vengarse o de perder la esperanza, Ana oró. Llevó su problema a Dios con sinceridad.

Todos nosotros podemos enfrentar momentos de «esterilidad» en nuestra vida cuando nada «damos a luz» en nuestro trabajo, servicio o relaciones. Es difícil orar con fe cuando nos sentimos tan ineficaces. Pero, como descubrió Ana, la oración abre el camino para que Dios obre.

1 de Samuel 1:11 E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, mas dieres á tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré á Jehová todos los días de su vida, y no subirá navaja sobre su cabeza.

Y no pasará navaja sobre su cabeza : Parte del voto nazareo. Por lo general, servía de señal a alguien separado para Dios durante un período de tiempo determinado en el cual no se cortaba el cabello.

Tenga cuidado de lo que promete en oración porque Dios aceptará su promesa. Ana deseaba un hijo tan desesperadamente que estuvo dispuesta a hacer un trato con Dios. Dios aceptó su promesa, y el hecho de que ella cumplió con su parte, a pesar de haber sido muy doloroso, dice mucho a su favor.

Si bien no estamos en la posición de negociar con Dios, El todavía puede decidir contestar la oración que lleve adjunta una promesa. Cuando usted ora, pregúntese: «¿Llevaré a cabo las promesas que hice a Dios si El responde a mi petición?» Es deshonesto y peligroso ignorar una promesa, especialmente a Dios. Dios cumple sus promesas y espera que nosotros cumplamos las nuestras.

1 de Samuel 1:12 Y fué que como ella orase largamente delante de Jehová, Eli estaba observando la boca de ella.

1 de Samuel 1:13 Mas Anna hablaba en su corazón, y solamente se movían sus labios, y su voz no se oía; y túvola Eli por borracha.

Y Elí la tuvo por ebria (lo cual significa que no entendió por qué movía sus labios) parece poner en evidencia cómo había degenerado el culto bajo Elí y sus hijos impíos.

1 de Samuel 1:14 Entonces le dijo Eli: ¿Hasta cuándo estarás borracha?; digiere tu vino.

1 de Samuel 1:15 Y Anna le respondió, diciendo: No, señor mío: mas yo soy una mujer trabajada de espíritu: no he bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante de Jehová.

1 de Samuel 1:16 No tengas á tu sierva por una mujer impía: porque por la magnitud de mis congojas y de mi aflicción he hablado hasta ahora.

Impía : Literalmente, «hija de Belial», la misma descripción que se ofrece sobre los hijos de Elí en el capítulo siguiente. Encierra la idea de no ser útil para nada.

1 de Samuel 1:17 Y Eli respondió, y dijo: Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho.

1 de Samuel 1:18 Y ella dijo: Halle tu sierva gracia delante de tus ojos. Y fuése la mujer su camino, y comió, y no estuvo más triste.

Anteriormente, Ana había estado tan desalentada que había enfermado físicamente y no podía comer. Ahora, regresa a casa sana y feliz. El cambio en su actitud puede ser atribuido a tres factores:

(1) su oración sincera a Dios

(2) el aliento que recibió por parte de Elí,

(3) su resolución a dejar su problema con Dios. Este es el antídoto para el desaliento: Dígale a Dios cómo se siente realmente y deje sus problemas con El. Luego confíe en el apoyo de buenos amigos y consejeros.

1 de Samuel 1:19 Y levantándose de mañana, adoraron delante de Jehová, y volviéronse, y vinieron á su casa en Ramatha. Y Elcana conoció á Anna su mujer, y Jehová se acordó de ella.

Y Jehová se acordó no implica que se había olvidado, sino que ahora se dispone a responder a las oraciones de Ana y revelar sus propósitos.

1 de Samuel 1:20 Y fué que corrido el tiempo, después de haber concebido Anna, parió un hijo, y púsole por nombre Samuel, diciendo: Por cuanto lo demandé á Jehová.

1 de Samuel 1:21 Después subió el varón Elcana, con toda su familia, á sacrificar á Jehová el sacrificio acostumbrado, y su voto.

Presumiblemente, esto ocurre un año después del voto pronunciado por Ana en relación con su hijo.

1 de Samuel 1:22 Mas Anna no subió, sino dijo á su marido: Yo no subiré hasta que el niño sea destetado; para que lo lleve y sea presentado delante de Jehová, y se quede allá para siempre.

Hasta que el niño sea destetado pudo haber sido hasta que tuvo 2 ó 3 años de edad.

1 de Samuel 1:23 Y Elcana su marido le respondió: Haz lo que bien te pareciere; quédate hasta que lo destetes; solamente Jehová cumpla su palabra. Y quedóse la mujer, y crió su hijo hasta que lo destetó.

1 de Samuel 1:24 Y después que lo hubo destetado, llevólo consigo, con tres becerros, y un epha de harina, y una vasija de vino, y trájolo á la casa de Jehová en Silo: y el niño era pequeño.

Tres becerros : Destinados a los tres sacrificios que se ofrecerán: el holocausto, la ofrenda de purificación que debía seguir al nacimiento de un niño y la ofrenda de paz. Un efa equivalía a treinta y siete litros.

1 de Samuel 1:25 Y matando el becerro, trajeron el niño á Eli.

1 de Samuel 1:26 Y ella dijo: ­Oh, señor mío! vive tu alma, señor mío, yo soy aquella mujer que estuvo aquí junto á ti orando á Jehová.

Para cumplir su promesa, Ana renunció a lo que más quería -su hijo- y lo presentó a Elí para que sirviera en la casa de Dios. Al dedicar su único hijo a Dios, Ana estaba dedicando su vida entera y su futuro a El. Ya que la vida de Samuel era de Dios, Ana realmente no estaba renunciando a él. Más bien, se lo estaba regresando a Dios, quien se lo había dado a ella en primer lugar. Estos versículos nos muestran la clase de ofrendas que deberíamos dar a Dios. ¿Son ofrendas que nos cuestan poco (las mañanas de los domingos, un diezmo cómodo), o son ofrendas de sacrificio? ¿Se presenta usted ante Dios de manera simbólica o se presenta ante El con toda su vida?

1 de Samuel 1:27 Por este niño oraba, y Jehová me dió lo que le pedí.

1 de Samuel 1:28 Yo pues le vuelvo también á Jehová: todos los días que viviere, será de Jehová. Y adoró allí á Jehová.

Lo dedico no significa entregarlo temporalmente, sino ofrecerlo incondicionalmente a Jehová.

Probablemente Samuel tenía tres años, la edad en la que se acostumbraba destetar a los niños, cuando su madre lo dejó en el tabernáculo. Al decir «lo dedico también a Jehová», Ana estaba declarando que entregaba a Samuel a Dios, para un servicio de por vida. Por supuesto que ella no se olvidó de su hijo tan querido. Lo visitaba con regularidad. Y cada año le llevaba una túnica igual a la de Elí. En los años posteriores, Samuel vivió en Ramá, el pueblo natal de sus padres.

Samuel, último juez de Israel

Su nacimiento y juventud, su familia

La historia comienza cerca del año 1100 a. de J.C., cuando nace Samuel. Era el período de los jueces. Los amonitas acosaban desde el oriente, y los filisteos desde el occidente. Pero Dios levantó de manera sobrenatural a dos hombres para vencer a estos fuertes enemigos. Nacieron cerca el uno del otro, bajo circunstancias similares. Sansón fue el primero y Samuel fue el otro. Los dos vivían bajo el voto de nazareo y forman juntamente con Juan el Bautista un poderoso trío de hombres levantados milagrosamente cuando, humanamente hablando, no existía ninguna posibilidad de que sus padres tuvieran hijos.

Elcana vivía en las aldeas de Ramataimzofim. La tradición es muy antigua que esta sería la misma Arimatea de donde vino José. Incluso la versión griega Septuaginta tiene “Aramathaim” por Ramataim, así que es posible. La ubicación geográfica de esta aldea no se puede fijar con seguridad. En el extremo oeste del territorio designado a la tribu de Efraín hay un pueblo Ramleh entre Lida y Ecrón. La otra posibilidad es el pueblo de ErRam, unos 10 km. al norte de Jerusalén. Se piensa que este sería el hogar de Samuel en días de su ministerio. Ramataim en heb. es “dos alturas”, mientras Ramat o Rama sería simplemente “altura”. La primera ubicación mencionada es la única que pertenece a Efraín, pero la segunda corresponde mejor a los eventos del cap. 9.

Samuel y su momento histórico

«El tiempo era de transición, tanto política como espiritualmente. La teocracia de los tiempos de Moisés y Josué había sido reemplazada por los conflictos narrados en Jueces, y ya se preparaba el camino para establecer la monarquía. La historia espiritual de estos siglos se nos cuenta en Job. Dios preparaba la elección de un ‘hombre según su corazón’ a fin de que fuese tipo y precursor del rey mesiánico. Al mismo tiempo el antiguo y menos definido orden de videntes iba dejando paso al nuevo orden regular de profetas.»

Elcana era levita y, como se sabe, los levitas no tenían territorio propio sino que vivían entre las demás tribus. Su antepasado Zuf había venido a habitar este lugar unas cuatro generaciones antes. Ellos eran de Coat, división de Leví que en el desierto llevaban el arca del pacto. Elcana tenía dos esposas. En aquellos días era común que un hombre tomara una segunda esposa cuando la primera resultaba ser estéril. Tanto fue el afán de tener hijos varones que este hombre evidentemente tomó a otra mujer aunque por lo visto Ana fue su primer amor (su nombre que significa “favorecida” en hebreo). En todos los casos de bigamia o poligamia registrados en la Biblia, nunca se presenta una situación favorable. El hombre fue creado para una sola mujer.

Subida a Silo

El tabernáculo de reunión estaba ubicado en esos días en Silo, unos 50 km. al noreste de Ramataimzofim. O si aceptamos la ubicación para ésta en Ramá de Benjamín, habrá sido a unos 18 km. directamente al norte. De cualquier manera hubiera sido un viaje difícil para la familia, pero por devoción hacían el viaje regularmente año tras año, en la época de las fiestas que requerían su asistencia.

Josué y el pueblo de Israel habían establecido el tabernáculo allí cerca de 300 años antes. El tabernáculo fue trasladado a Nob en tiempo del rey Saúl y Silo declinó. Jeremías lo señala como ejemplo del juicio de Dios, y lo usa para profetizar la destrucción del templo en Jerusalén. La palabra Silo quiere decir “lugar de descanso” en hebreo, quizás refiriéndose a la presencia de Dios en el tabernáculo.

Elí, que ya era viejo (más de 70 años según la cronología dada en el libro), era descendiente de Itamar. Este fue el hijo menor de Aarón. En el versículo 3 es la primera vez en la Biblia donde aparece el nombre para Dios que es Jehová de los Ejércitos. Se usa como 260 veces en el AT. La clave para su comprensión se encuentra en Genesis donde se usa el singular tsavá, “ejército” en el contexto de la creación. Se refiere a todo ser viviente que Dios ha creado. La misma palabra en Deuteronomio confirma esto. El es el soberano Dios y merece toda nuestra adoración. La palabra adorar en el mismo versículo 3 viene de “postrarse” en hebreo y se usa por primera vez en Genesis donde Abraham se postra para rendir homenaje al Señor. En Genesis se traduce adoraremos.

Súplica de su madre

Aquí tenemos la oración de Ana. ¿Por qué oraba y suplicaba con tanta emoción e intensidad? En primer lugar, para la mujer hebrea la falta de hijos tenía en Israel el sentido de reproche y aun deshonra. Elisabet alababa a Dios por haber quitado su afrenta. Aunque no se expresara, existía la tendencia de pensar en la esterilidad como un castigo de Dios por algún pecado cometido. Por el otro lado, los hijos serían una bendición de Dios. En segundo lugar, su rival Penina le afligía, provocándola con sus acusaciones. En su envidia (versículo 6) y con celos la incitaba e insultaba. Esto seguía cada año (versículo 7), amargando su espíritu. ¡Con razón Ana fue a suplicar a Dios!

Su oración es un ejemplo de todo lo que debe ser la oración eficaz donde eficazmente quiere decir, enérgica o activamente). Fue en ayunos (versículo 7) y con lágrimas (versículo 10). Estaba bajo voto (versículo 13) y demostraba humildad (llama señor a Elí y se refiere a sí misma como tu sierva según versículo 15 y 18). Aunque Elí la juzgó equivocadamente como mujer impía (versículo 16 donde impía quiere decir “de belial” o sea sin valor e inútil), ella pide gracia y la recibe (versículo 18). Cree en la palabra de Elí como emanando de Dios y se va contenta. Esta es la clase de fe como la describió Jesús.

Su nacimiento

Dios se acordó de Ana. Aquí tenemos la respuesta divina a su petición del versículo 11. La palabra se acordó quiere decir contemplar o grabar en la memoria. Dios se acordó de Noé y de Abraham. Se acordó de Raquel y se acuerda de nosotros. ¡Lo único que no recuerda es el pecado que ha perdonado! Samuel es un recuerdo viviente de que Dios contesta la oración. Su nombre significa: “¡Oído por Jehová!” Cuando Ana oraba, su voz no se oía (versículo 13). Pero Dios oyó su voz y ahora da testimonio público de haberla oído.

Ana se quedó en su casa por algunos años criando a su hijo. Se menciona la costumbre de amamantar por tres años. Aparentemente afirma la edad de tres años puesto que luego se incluyen en la distribución de comida (y no sólo de leche).

Su presentación

Un becerro fue sacrificado para la dedicación de Samuel (versículo 25), probablemente en cumplimiento del voto que había hecho Ana. Se presentó como una expresión de su dependencia en el Dios del pacto y de ser consciente de que toda bendición viene de él. Y lo hizo estrictamente de acuerdo con la ley de Moisés en obediencia a sus indicaciones.

Ana explicó a Elí el motivo de su viaje y le recuerda de su conversación unos años antes. Es curiosa su expresión en los vversículo 27 y 28 donde cuatro veces usa la misma palabra que se traduce pedir. La palabra también tiene el sentido de “prestar” y podemos traducir: “Por este niño oraba, y Jehová dio mi pedido que le pedí. Yo ahora lo pido (presto) a Jehová todos los días que viva, él habiendo sido pedido (prestado) para Jehová.” Dios le había dado a Ana su hijo Samuel. Ella se lo devolvió a Jehová. Y a base de esto adora. Toda verdadera adoración es un acto de darse al Señor juntamente con todo lo que uno tenga. ¡Es decirle al Señor que él es digno de todo!

Ana dedicaba su hijo a Jehová. Y esta dedicación significa que él estaría bajo el voto de nazareo. Esta palabra en heb. quiere decir “dedicar”. Aunque el voto Genesiseralmente sería para un cierto tiempo determinado, Ana lo dedica todos los días de su vida totalmente a Jehová. Es evidente que tiene en mente este voto por la referencia en 1:11. La navaja no tocaría su cabeza como símbolo de su dedicación a Dios. La navaja se usaba más para “raer” el pelo puesto que el hombre hebreo llevaba barba y no se afeitaba. Solamente los sacerdotes se recortaban el pelo. Los demás raerían su pelo de vez en cuando. Los símbolos de esta dedicación representaban la entrega de sus emociones (abstenerse del vino), de su voluntad (no cortarse el pelo) y de su cuerpo (no tocar ningún muerto). Ahora no vivimos bajo la ley, pero Jesús pide a cada discípulo que vaya en pos de él, se niegue a sí mismo, y que le siga. Significa una dedicación total y voluntaria.

Cántico mesiánico de Ana Ana llega al clímax de su cántico de gratitud al reconocer la grandeza y la misericordia de Dios por haber escuchado su oración; pero su exaltación al santo nombre de Dios no se limita a su experiencia personal al haber sido favorecida con el hijo pedido, sino que va a la distancia a otro Hijo que «exaltará el poderío de su Ungido». Su «Ungido», de donde viene «Mesías» que aparece aquí por primera vez y que llega a ser a la vez título y nombre de Jesús: «Cristo» que es la traducción griega del hebreo «mesías». Ana, en aquel momento cumbre de su vida, es intérprete de esa expectación viva y familiar de su pueblo que espera a su Mesías y que encuentra pleno cumplimiento en los días de Augusto César en la ciudad de David en Belén de Judea.

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